SAN JOSÉ | JOSÉ LUIS ÁLVAREZ
Las pedradas a los ómnibus en los accesos a Montevideo parecen imposibles de detener. Mientras las empresas reclaman a las autoridades, un diputado pidió explicaciones a Caminera, que señala la falta de respuestas de la Justicia.
El chofer Nelson González vio cómo la piedra impactaba contra el cristal del parabrisas y lo deshacía. El susto fue importante. "Fue un estampido impresionante", señaló. El vidrio quedó fragmentado pero en su lugar. Pero no se olvida que a un colega suyo le rompieron los dos parabrisas. "Quiere decir que tiraron dos piedras a la vez, bastantes grandes, con fuerza. Se dice que son chiquilines que están en la calle, pero yo qué sé. Hay que tener fuerza para quebrar un parabrisas de esos", consideró el empleado de la empresa Cita.
"Es casi día a día, ya es una cosa tan normal… Me han apredreado en los parabrisas y en las ventanillas. No sé si habrá algún coche de la empresa al que no lo hayan apedreado. Pero no es sólo en esta empresa, es en todas", dijo Heber Silvera, chofer de Turil.
Una de las más afectadas, la empresa de ómnibus interdepartamentales Cotmi (con frecuencias entre San José y Montevideo), ha sufrido en lo que va del año más de 50 ataques nocturnos con piedras y otros proyectiles, cuando transita por los accesos a la capital, hacia o desde San José.
El domingo 10 de mayo, Día de la Madre, el problema mostró su potencial gravedad, cuando cuatro vehículos de Cotmi fueron atacados en las cercanías de Camino Tomkinson, quedando todos con sus parabrisas delanteros rotos. La suerte determinó que no hubiera ningún herido.
La situación ha generado preocupación. Martín Alfonso, uno de los propietarios de Cotmi, planteó en el Grupo de los 12, (que nuclea a 12 empresas de transporte interdepartamental) la necesidad de entrevistarse con las máximas autoridades del Ministerio del Interior, para replantear una situación que "en cualquier momento termina en una tragedia", según afirma el empresario.
La situación también movió al diputado por San José, Alberto Casas, a realizar un planteamiento ante el Director Nacional de Policía Caminera, el Inspector General Ernesto Teixera, cuya respuesta deja en evidencia los resortes de una problemática que se presenta casi como insoluble para las autoridades.
PIEDRAS EN EL CAMINO. En su nota de respuesta al diputado Casas, Teixera indica que desde hace varios años la Policía Caminera, acompaña desde las 22 horas hasta las 2.30 de la madrugada, diariamente, desde Plaza Cuba (Agraciada y Bvar. Artigas) hasta los accesos a todas las unidades interdepartamentales que salen de la capital, para prevenir ataques.
Paralelamente, "de acuerdo al plan permanente de operaciones No. 01/006 y Orden de Operaciones 08/06, efectivos en motos y algunos vestidos de particular transitan por los accesos de ruta 1 y 5, tratando de detener a los responsables de los ataques".
El inspector Teixera relata que si bien en muchas oportunidades han logrado detener a algunos de los vándalos -en general, niños o adolescentes- éstos son trasladados a la seccional policial correspondiente y sometidos a la Justicia, que en la mayoría de los casos resuelve su entrega a los padres, sin más trámites.
El jerarca de Caminera indicó que medidas de idéntico tenor se cumplen en los accesos a Montevideo por ruta 8, 101 e Interbalnearia.
PREPARADOS. Como medida paliativa, la Policía Caminera ha aconsejado a las empresas que viajen con las cortinas extendidas, para que en caso de ataque se amortigüe el peligro de la eventual rotura de vidrios. Es una medida de seguridad que ya muchos choferes intentan aplicar, aunque varios dicen que cuesta que los pasajeros las adopten.
"Cuando siento que algún otro chofer comenta que están tirando piedras, después que cargo todo el pasaje les pido que cierren todas las cortinas. Y cuando salgo de Plaza Cuba, apago todas las luces del salón, voy lo más oscuro posible, porque la luz es la manera que ellos tienen de ubicar las ventanillas y de saber si va gente o no. Igual si te están esperando te tiran igual", relató José Eduardo Ríos, chofer de Cita.
Otra estrategia fue, en lo posible, variar el trayecto. "Se cambió el recorrido porque es la forma en que ha bajado un poco el tema de la pedreada. Comenzamos a salir por Millán porque allí no nos apedreaban, y hace un mes nos empezaron a apedrear también por Millán, aunque no es tan continuado como por los accesos", contó Silvera.
Uno de los choferes relató que recibió impactos de proyectiles tres veces al pasar frente al estadio Tróccoli, mientras que a otro le rompieron el vidrio de una ventanilla pasando Camino Cibils.
Las medidas parecen reducir el problema, pero muchos consideran que es sólo por poco tiempo. "Ahora con las últimas medidas que toma la Caminera, después de que la empresa Cotmi tuvo ese problema, ha bajado un poco. Pero se quedan quietos un mes y después vuelven a arrancar", comentó Ríos
"Pasó siempre, ha sido un tema de toda la vida. Capaz que ahora hay un poco más, pero siempre hay temporadas que tiran un poco más, los empiezan a perseguir y baja un poco", consideró González, que lleva 18 años de chofer.
La Policía Caminera también varía la intensidad de sus operativos, según lo perciben los choferes. "Ahora acompañan, sí. Los vemos, pero no como antes que nos esperaban en Plaza Cuba, juntaban 3 o 4 ómnibus y nos acompañaban. Ahora creo que van de incógnito", describió un chofer.
"Tenía el agua hasta el cuello"
Cuando Marcelo Alcoba, agente de Policía Caminera de 34 años, llegó al kilómetro 46 de la ruta 87 y se encontró con un auto sumergido en una cañada con las cuatro ruedas para arriba. El aviso por radio que recibió su móvil del 911 no decía cuántas personas había adentro del vehículo blanco ni su estado. Eran las 4.30 de la madrugada de ayer, hacía frío y llovía en esa zona de Canelones.
"Alguien lo tiene que hacer", dijo Alcoba que pensó al calcular que el o los ocupantes del auto llevaban unos 10 minutos encerrados. Los policías de la Seccional 22ª de Salinas, que ya estaban en el lugar cuando él llegó, esperaban a Bomberos "porque no veían la manera de sacar a alguien de ahí. Era una cañada bastante profunda", contó el agente, que tiene más de una década de experiencia dentro de Caminera.
Como no podía ingresar por las ventanas de los costados, Alcoba se sumergió en la cañada, rompió el vidrio trasero del auto y se metió. Allí vio a quien después sería identificado como Roberto Villarreal Hernández, suboficial de la Policía, de 56 años.
"Tenía el agua hasta el cuello. Había movido la cabeza para no ahogarse", contó Alcoba. Le desabrochó el cinturón de seguridad, arrancó el apoyacabeza del asiento y sacó a Villarreal por la misma ventana. Dentro del auto había un espacio de 25 centímetros de alto sin agua, dijo el policía de Caminera, que está casado y tiene dos hijos.
Según Alcoba, el suboficial no habría podido salir por sus medios porque "estaba semi inconsciente, en estado de shock". Testigos del accidente dijeron que Villarreal conducía de Norte a Sur cuando el vehículo se salió de la ruta y terminó en la cañada.
"Hacía un frío importante para nadar", contó Alcoba. "Me empapé totalmente, pero en la posición que estaba era difícil sacarlo de otra forma. Había que sumergirse sí o sí", continuó. El policía dijo que el rescate "era riesgoso", ya que las luces del auto estaban encendidas y, en caso de un derrame de combustible, podía incendiarse.
No obstante, Villarreal fue salvado a tiempo. Alcoba contó que se enteró por los medios que el hombre de la cañada era colega. Y aseguró: "Hubiera hecho lo mismo por un policía que por un civil".