Alvaro Casal
Estamos en el año del bicentenario de Charles Darwin. Si bien su cumpleaños fue el 12 de febrero, las celebraciones y evocaciones se deslizan a lo largo de todo el 2009. Inglés de nacimiento, su personalidad es mundial, ya que el "darwinismo" caló hondo en todo lo relativo a la historia natural y la antropología moderna. En especial, su teoría de la evolución, hoy mucho más aceptada que otrora. Hay que recordar que en pleno siglo XX, en Estados Unidos hubo juicios contra docentes que enseñaban dicha teoría.
Uruguay está enlazado con los periplos de Darwin, ya que el autor de "El origen de las especies" estuvo por estas latitudes. Llegó dos veces, a bordo del "H.M.S. Beagle", en 1832 y 1833. Cuando desembarcó en la bahía de Maldonado tenía 24 años y anotó: "Una franja de médanos de casi una milla de ancho se extiende entre el río y el pueblo al que rodea una pradera abierta apenas ondulada, cubierta de excelente césped verde donde pacen un sinfín de rebaños de vacunos y ovinos y manadas de yeguarizos". Al parecer, así lucía lo que hoy es Punta del Este. En su viaje por tierra llegó hasta Mercedes y el Río Negro, habiendo recalado en Montevideo, Canelones, San José, Minas y la Sierra de las Ánimas. Anotó aspectos que encontró curiosos, tanto en la flora como la fauna y las costumbres locales.
No es ocioso preguntarse qué le llamaría la atención a Darwin si visitara el Uruguay de hoy. Es posible que quedaría boquiabierto ante las torres puntaesteñas o ante la desaparición de las manadas de venados y ñandúes. Pero el asombro indudablemente sería mayúsculo si supiera que en este país, el Museo Nacional de Historia Natural y Antropología, en su faz de historia natural, está cerrado hace casi diez años.
Peor aun: días atrás, las autoridades del Ministerio de Educación y Cultura dividieron el museo en dos y dispusieron el desalojo del acervo de Historia Natural (400.000 ejemplares científicos y una biblioteca de más de 250.000 volúmenes). Sin haber resuelto previamente dónde lo alojarían. Se dice que podría ser llevado al Mercado Central.
No estamos ante una mera colección desordenada de objetos, sino una institución que abre amplias perspectivas; por ejemplo, registra la historia de la biodiversidad del territorio nacional, dando cuenta de ecosistemas desaparecidos o en peligro de extinción.
Técnicos y especialistas, colaboradores, investigadores, ONG y allegados al museo, han enviado una carta abierta a la señora ministra de Educación y Cultura, Ing. María Simon, manifestando su preocupación por "el desamparo en que se encuentra el Museo y a la grave amenaza que padece el acervo museístico".
Como decíamos más arriba, todo esto tiene lugar en el bicentenario de Charles Darwin. El año del científico que, entre otras cosas, escribió interesantes observaciones sobre la idiosincrasia de los orientales. No podemos menos que preguntarnos qué observaciones estamparía en su cuaderno de notas si hoy desembarcara del "Beagle" en estas costas y, de visita por Montevideo, se encontrara con el otrora orgulloso Museo Nacional de Historia Natural y Antropología, dividido, cerrado, encajonado y no visitable, por decisión de un gobierno idiosincrásico, que aparenta que la cultura y la educación están entre sus temas prioritarios.