Una vida y su siembra

Ruben Loza Aguerrebere

Es necesario arder para alumbrar. Así fue la personalidad del Dr. Washington Beltrán, como bien lo refleja este libro caudaloso, titulado "El legado de un nombre" (Ediciones de la Plaza). Es una obra poblada de información, observaciones, momentos y situaciones de nuestra historia reciente, en la que tuvo un rol preponderante el Dr. Beltrán.

Político, periodista, hombre de Derecho, tuvo una vida rica y dramática, cargada de situaciones singulares. Su andadura vital, tan intensa, le permitió asumir momentos dolorosos, como la muerte de su padre, el fundador del diario "El País", en un duelo con Batlle y Ordóñez, así como la permanente entrega a la actividad política, desde siempre, en filas del Partido Nacional, como diputado, senador, miembro del Consejo Nacional de Gobierno, y su presidente. El resultado de esa actitud, comprensiva y abierta, gravitó con peso en nuestra historia.

Luego de la etapa negra y triste de la dictadura, el Dr. Washington Beltrán abandonó la actividad política activa, no la política reflexiva, y de esa forma concretó un aporte intelectual fundamental para el Uruguay, dictado por su pasión por la libertad. En ese sentido, sus memorables editoriales de los domingos, en este diario, señalaron el camino para rehacer cuanto se había roto, para poner doble llave a los autoritarismos, y las formas de recuperar nuestra identidad más pura.

El autor de "El legado de un nombre", Hernán Navascués, es abogado especialista en Derecho Laboral y fue profesor de la Facultad de Ciencias Sociales. Se desempeñó como director del Departamento Jurídico de la Inspección General de Trabajo, y fue vicepresidente de la Corte Electoral entre 1990 y 1996. Pero, de manera esencial, tuvo una relación estrecha con el Dr. Washington Beltrán, y, gracias a ello, es poseedor de información privilegiada que, ahora, volcada a su libro, le permite devolvernos con fidelidad aquel largo derrotero.

El libro fue prologado por el senador Sergio Abreu, quien analiza el primero y el segundo gobierno nacionalista, a partir de 1959, los turbulentos años posteriores a la muerte del presidente Gestido, la asunción de Pacheco Areco, el gobierno de Bordaberry, el desafuero de Erro, el golpe de Estado. El pacto del Club Naval es tratado con hondura, y aquí se revelan episodios relacionados con las reuniones de Washington Beltrán con los generales Seregni y Pomoli, en la década del 60, su oposición al ascenso del coronel Mario Aguerrondo, así como los encuentros y desencuentros con Ferreira Aldunate.

El libro de Navascués tiene como telón de fondo al Uruguay del siglo XX, a través de la enumeración y el estudio de los hitos de una vida intensa, algunos hasta hoy desconocidos, y permite ver hasta qué punto gravitó la presencia del Dr. Beltrán en cuanto al Uruguay le concernía: todo le interesaba, en todo se sumergía, todo lo llenaba.

Un hombre es lo que ama. Y si es verdad que la proyección futura es lo que define a los grandes hombres, entonces el Dr. Washington Beltrán fue uno de ellos. Tras la lectura de este libro, cabe reivindicar para él, esa cualidad nada corriente de combinar una mente abierta con el mudable cuadro de la experiencia. Su vida, que fue llama y fue brasa, expandió sabiduría e higiene civilizadora. Su siembra es vasta y profundamente actual.

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