Ana María Abel
Lic. Ciencias Familiares
En la primera infancia sin que a esa edad se tenga conciencia de ello, puede darse con frecuencia alguna rivalidad entre hermanos: son las típicas celotipias de quien ha sido "el rey de la casa" y de pronto es destronado por un "intruso", o ése "no vale, siempre yo, ¿por qué no se lo piden a Fulano?" que pronuncia una voz infantil cuando se le solicita que atienda la puerta. La moderna psicología proporciona a los padres jóvenes muchas herramientas para manejar situaciones similares. Se les sugiere que un nuevo hermanito llegue con regalos para los mayores, que en el hogar se procure un reparto de tareas lo más equitativo posible y mil cosas más.
En el umbral de la adolescencia y juventud, las rivalidades entre hermanos podrían resultar de diferencias en las notas, discusiones por el uso de la computadora o el televisor, permisos concedidos a uno sí y a otro no y un sinfín de incidencias que la estrecha convivencia proporciona. En esta etapa no son tan fáciles de superar los celos como en los primeros años y si los padres dejáramos crecer un pequeño malentendido podría explotar el enojo tarde o temprano, con intercambio de palabras hirientes o amargas y luego el distanciamiento afectivo por meses o años. Sería como permitir la construcción de una cerca de dos metros de alto que fomentara, bajo un mismo techo, la desconexión de corazones. Los adultos, muchas veces dejamos que enfados y malentendidos nos alejen de familiares cercanos porque abrimos la puerta al orgullo. Éste se antepone a los sentimientos y las cercas no sólo crecen más sino que se rodean de malezas impenetrables. Recuperamos mucho de la parte linda de la vida cuando alguna de las partes da el primer paso y pronuncia esa palabra tan reconfortante: "perdoname". ¿Quién recuerda ya cómo empezó todo? El perdón solicitado y concedido no cambia nada del pasado pero sí del futuro. La atmósfera se torna más diáfana y el aire más puro. Se difuminan los sentimientos amargos y los rencores que lastiman y alejan. Se retoman lazos que sólo dormían en corazones heridos que ni recuerdan el origen del alejamiento. Caen hechas polvo las cercas y en su lugar surge un puente que une nuevamente dos orillas. Una tranquilidad que es paz, facilita el disfrute de momentos compartidos como antaño y hay risas en mitad del puente, canciones y abrazos. El cercano Día de la Madre ¿no es acaso ocasión propicia para tender puentes en vez de fortalecer las cercas que con el tiempo hayan podido crecer? La madre común, dondequiera que esté, también sonríe en el medio del puente.
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Importancia del olfato del bebé.
El olfato es una entrada de estímulos que crean conexiones neuronales. El recién nacido a través de ese sentido reconoce la leche materna y diferencia el olor corporal de su madre del de las otras personas. Esto incide en su desarrollo cerebral.
Una fórmula eficaz.
Un periodista preguntó a Paul Newman "¿Cómo hizo para que su matrimonio dure tantos años?". "Sencillo; las decisiones importantes las tomo yo. Si mi mujer dice que tenemos que cambiarnos de casa, nos cambiamos. Pero de la política de EE.UU. con Irak o con China me ocupo yo".
Un árbol de sombra perenne.
Dejar de manifestarle el cariño que le tenemos a la madre, esa mujer que nos ha dado la vida, es como dejar de regar ese gran árbol que siempre nos proporcionará una sombra cada día más tupida y fresca, aún cuando no estemos a su lado.