El informe sobre la situación en el penal de Libertad que acompaña la presente edición de El País, destapa una realidad alarmante.
Traslados manejados en forma poco clara, violencia, droga, asesinatos, y la inocultable realidad de un poder paralelo que maneja el interior carcelario con códigos netamente mafiosos, deja en evidencia una situación semejante a un polvorín a punto de estallar. Ahora bien, si todo esto ocurre en la única prisión de máxima seguridad con la que cuenta el país, que se puede esperar del resto de los centros penitenciarios.
Es una realidad que rompe los ojos que a raíz de la crisis económica, y de el aumento de la delincuencia, el sistema carcelario uruguayo está fuera de control. A esto poco ha contribuido la ley de "humanización del sistema carcelario" impulsada por este gobierno.
Existe una filosofía de parte de las autoridades nacionales encargadas de esa área, que peca por momentos de una cierta ingenuidad. De igual forma, y en consonancia con lo que ocurre con la ola de inseguridad que sufre el país, no da la sensación de que exista una sintonía con las fuerzas policiales, lo cual puede terminar resultando en que las mismas no se empleen con la decisión que coyunturas como la presente ameritan.
Pero a no confundirse, el tema carcelario, al igual que lo que ocurre con la justicia penal, hace tiempo que no ocupan en la agenda de la sociedad uruguaya el lugar que desesperadamente reclaman. Hacen falta inversiones tanto en cárceles, como en juzgados apropiados, y en mantener un sistema de vigilancia que sea menos permeable a las corruptelas. Si bien es fundamental mejorar las lamentables condiciones de vida de los presos, también es necesario imponer una disciplina que hoy brilla por su ausencia.
Claro que en un país en crisis endémica como Uruguay, con otras prioridades acuciantes, no es sencillo proponer gastos millonarios en cuestiones que no son vistas con la misma urgencia por el conjunto social. Sin embargo, cabe esperar que las autoridades hagan un esfuerzo por mostrar a la población lo grave del tema, y lo enfoquen con la fuerza y responsabilidad que el mismo merece.