DANIEL HERRERA LUSSICH EN WASHINGTON | CORRESPONSAL PERMANENTE
Obama logró distender las relaciones con Latinoamérica en la Cumbre de Trinidad y Tobago. Fue con intenciones de iniciar un acercamiento de "tú a tú" con los presidentes y jefes de gobierno de la región. Y lo logró.
Llegó con la frase en ristre de "vengo a escuchar y a aprender" y ganó a casi todos los mandatarios con su gesto sencillo. Hubo abrazos, sonrisas, alguna broma y reuniones en un ambiente de buen ánimo. La mayoría de los 34 países que estuvieron presentes (unos con mayor énfasis y alguno manteniendo un rictus de "nada con el imperialismo") volvió haciendo un balance positivo.
Y se han iniciado de inmediato contactos en el ámbito de funcionarios para empezar a allanar el camino hacia una nueva era de las relaciones hemisféricas. Los protagonistas intentan no crear ni prematuras ni falsas esperanzas. Sólo aceptan que la reunión existió, pero por ahora no van más allá de un comentario superficial.
Eso acaba de ocurrir, como uno de los ejemplos, en el encuentro entre el vicesecretario de Estado, Thomas Shannon, y el encargado de los intereses de Cuba en Washington, Jorge Bolaños. Fue confirmado, pero se le "bajaron revoluciones". Voceros del Departamento de Estado pusieron énfasis en que la charla (realizada entre los dos jerarcas mencionados y su equipo de asesores) no tenía como propósito ampliar lo establecido por el presidente Obama antes y durante el cónclave de Trinidad y Tobago.
Ha trascendido, sin embargo, que durante los próximos meses podría concretarse una gira de la Secretaria de Estado, Hillary Clinton, por varios países latinoamericanos, entre ellos, en principio, Ecuador, Colombia, Brasil y Uruguay. A su vez se deja traslucir que no se descartan que den los primeros pasos los gobiernos de Venezuela y Bolivia para transitar hacia la regularización de las relaciones diplomáticas a través del envío de nuevos embajadores.
Por el momento todo no pasa del terreno de las buenas intenciones. A su vez, ante reiterados comentarios y consultas periodísticas realizadas en Washington, frente a las versiones de una probable gira del presidente Barack Obama por Latinoamérica, en forma categórica, altos voceros de la Casa Blanca, expresaron : "No hay nada que informar sobre eventuales viajes del presidente de los Estados Unidos a Latinoamérica". Los voceros del Departamento de Estado fueron casi coincidentes: "No manejamos el tema de viajes presidenciales, ni tenemos comentarios para hacer".
Hace escasas horas otra alta fuente, en diálogo con corresponsales extranjeros, ante el interrogante formulado por la periodista de La Nación sobre un posible periplo por Sudamérica: "¿Está enterado que el presidente uruguayo, Tabaré Vázquez, anunció la invitación realizada a Obama durante la Cumbre en Trinidad?", el vocero fue claro : "¡Nada tengo para anunciar! Lo bueno es que quieren que vayamos".
Es evidente que existe en la cúpula de gobierno y en los altos organismos de Estados Unidos el convencimiento de que los 100 días de Obama al frente del gobierno han iniciado una nueva era diplomática con el mundo. Y en lo posible, con las prioridades a las que obligan cada problema y cada región, el mandatario está dispuesto a no dar marcha atrás y marcar el cambio, "el nuevo tiempo", cómo dicen los allegados.
Cuba. En el terreno de la política exterior "se han abierto las compuertas para los viajes de cubanos hacia La Habana y el envío de remesas de dinero, sin restricciones, a sus parientes en la isla". En lo que se relaciona con el levantamiento del embargo y un avance en relaciones diplomáticas, la Casa Blanca espera que Cuba "de señales de que ha iniciado el camino hacia la democratización, liberando presos políticos y permitiendo la libertad de expresión".
El actual presidente cubano, Raúl Castro, había respondido de inmediato: "!Estamos dispuestos a conversar sin condiciones!". Luego un artículo publicado en "Granma" con la firma de Fidel Castro, dio un paso atrás en las expectativas: "Obama interpretó mal las palabras de mi hermano", disparó.
En esta semana se levantó otro escollo, esta vez nacido del propio Raúl Castro, al cambiar el rumbo de sus palabras: "Es Estados Unidos el que tiene que dar el próximo paso, fue él que nos embargó, el que aplicó las sanciones. Nosotros mantenemos nuestra voluntad a dialogar". En tanto, se sabe que las conversaciones de funcionarios americanos y cubanos continúan aquí en Washington. Siempre rodeadas de un razonable silencio.
Comercio. En el terreno comercial, la Administración Obama también exhibe una actitud algo más flexible que la anunciada durante la campaña electoral. No se piensa dar marcha atrás o revisar los Tratados de Libre Comercio, fundamentalmente el Nafta, (EE.UU., México y Canadá ) y se siguen los trámites para concretar los suscriptos con Colombia y Panamá.
En el caso de Uruguay ha trascendido que en los próximos días seguirán las conversaciones con la gente del US Trade Representative. El embajador uruguayo ante la Casa Blanca, Carlos Gianelli, se reunirá con el asesor comercial estadounidense, el embajador Everett Eissenstat, con la idea de finalizar las negociaciones, iniciadas durante el año 2008, que abrirían las puertas a importantes stocks de carne ovina sin hueso de alta calidad para la elaboración de hamburguesas. El gobierno de Obama mantendrá en todos los términos las negociaciones comerciales con los países de Latinoamérica iniciadas durante la administración Bush. No se encara, por el momento, una intensificación o ampliación comercial hasta ver superada la crisis económica.
Nuevo y ambicioso rumbo en la política exterior de EE.UU.
Washington | En sus primeros 100 días de gobierno, el presidente Barack Obama ha quebrado el molde de la política exterior estadounidense. El ex secretario de Estado Henry Kissinger dice que Obama ha iniciado "una vasta agenda diplomática". Y tal como insinuó en una reciente columna de opinión de The Washington Post, "la posibilidad de hallar amplias soluciones no tiene precedente", señaló.
Sin embargo, eso no garantiza que tenga éxito. Su gestión recién empieza y hay un largo camino por delante. Mientras el resto del mundo sigue con atención las acciones de Obama, la respuesta en su país no ha sido tan expresiva. Sin poder pronosticar el resultado de su larga lista, los estudiosos de la política exterior de Obama llevan la cuenta de lo que ha hecho en sus primeros tres meses.
Fijó el 2011 como plazo para que Estados Unidos abandone la impopular guerra de Irak, a la vez que aumenta el número de tropas en Afganistán a fin de combatir a Al Qaeda y un resurgimiento del poderío talibán.
Recientemente invitó también a líderes palestinos y egipcios a la Casa Blanca en conversaciones separadas sobre un plan de paz. Por primera vez, envió un negociador estadounidense para que, juntamente con las naciones europeas, trate de convencer a Irán de que deponga su evidente esfuerzo de desarrollar armas atómicas.
Por otra parte suspendió las restricciones para el retorno de los cubanos de Estados Unidos a su país y la cantidad de dinero que pueden enviar a sus familias en la isla, y ha dejado la impresión de estar dispuesto a hacer aun más para reparar la separación de medio siglo si el gobierno de Raúl Castro mejora su trato a sus opositores.
En Trinidad y Tobago saludó con un apretón de manos al líder de Venezuela, Hugo Chávez, al margen de las enconadas críticas del presidente izquierdista contra EE.UU. durante los años de gobierno de George W. Bush.
El mandatario criticó públicamente a Corea del Norte por una prueba de lanzamiento de un cohete balístico de largo alcance que podrían portar ojivas nucleares, al tiempo que ponía énfasis en llevar al gobierno norcoreano a negociaciones para librar de armas atómicas a la península de Corea.
En viajes a Europa y América Latina, Obama se esforzó en reconocer que considera como parte del pasado los errores cometidos por EE.UU. en sus relaciones con ambas regiones. Asimismo, el mandatario admitió parte de la responsabilidad por la profunda recesión que afecta al mundo. AP