WASHINGTON | EL PAÍS DE MADRID
Obama cumplió 100 días en el gobierno y, pese a las críticas y los datos negativos de la economía, sigue siendo una fuente de ilusión para la mayoría de sus compatriotas y para muchos países del mundo.
Hay un nuevo presidente, ésta es otra Casa Blanca y Estados Unidos es otro país. Cien días después, todavía se sigue celebrando ese hecho. Barack Obama puede ya haber decepcionado a algunos y también es posible que siga sin convencer a quienes nunca creyeron demasiado en él, pero también es motivo de admiración y respeto entre muchos ciudadanos.
Muchas cosas se han hecho ya en estos cien días y muchas más están prometidas o pendientes de hacerse. Ciertas iniciativas han recibido críticas y se han producido también errores considerables. Pero la esperanza no se ha disipado. La expectación sigue en todo lo alto. El globo no se ha pinchado.
La última encuesta de Associated Press le concede a Obama un índice de aprobación del 64%. En la de Real Clear Politics supera el 60%. Se encuentra, por tanto, muy por encima de George Bush en estas fechas y dentro del promedio de los presidentes más populares de la historia. Una mayoría de los norteamericanos considera que el país marcha en la buena dirección y, aunque confiesa gravísimas dificultades económicas en estos tiempos de crisis, tiene confianza en que el presidente está poniendo en marcha los instrumentos adecuados para superar la situación.
"Obama ha usado los primeros cien días de su presidencia para levantar el estado de ánimo de la población y crear esperanzas de un futuro mejor", afirma el especialista en encuestas de AP. Ésa es la razón por la que fue elegido.
Asumió el poder en la peor crisis económica desde la II Guerra Mundial y con la promesa de poner en marcha una verdadera revolución. "Éste es el momento de actuar con audacia e inteligencia, no sólo para resucitar nuestra economía, sino para construir la nueva fundación de una prosperidad duradera", dijo en su primer discurso ante una solemne sesión conjunta del Congreso.
La revolución no ha llegado en cien días. Obama no es todavía Roosevelt ni su política transformadora ha dejado aún la huella del new deal. Pero ése es, justamente, el objetivo, aseguran portavoces de la Casa Blanca. Obama ha asumido que ser el primer presidente negro y serlo, además, coincidiendo con una catástrofe mundial exige, entre otras responsabilidades, la obligación de hacer historia, en la manera en que Roosevelt la hizo o con la potencia renovadora de Ronald Reagan.
La idea de "una nueva fundación" ha sido recurrente. "La nueva fundación es el new deal de Obama", opina el columnista Charles Krauthammer. Los pilares son una economía basada en ahorro e inversión, un nuevo modelo educativo, la reforma sanitaria, la renovación energética, una nueva ética y transparencia en la función pública y una política exterior orientada a la alianza y al diálogo.
Estos primeros cien días han servido para poner en marcha muchas de esas iniciativas en una actividad frenética que ha dado lugar a algunas críticas. "El presidente intenta hacer demasiadas cosas al mismo tiempo", ha advertido el columnista David Brooks. "Desgraciadamente, nos encontramos en una situación en la que no es posible elegir prioridades; cada cosa que tenemos que hacer es imprescindible para el éxito de la otra", ha respondido Obama.
Las principales decisiones de estos primeros meses han tenido que ver, por supuesto, con la economía. La Casa Blanca consiguió, con más dificultades de las previstas, un plan de inversión pública y deducciones fiscales de US$ 787.000 millones para impulsar la actividad económica y fijó nuevas condiciones para el plan de rescate del sistema financiero, incluyendo una mayor regulación de las instituciones no bancarias, como fondos de pensiones, aseguradoras y fondos de riesgo.
Esa política, que algunos condenaron como la importación a Estados Unidos del socialismo europeo, se concretó en un presupuesto aprobado por el Congreso que representa un gasto de US$ 3,6 billones e incrementa en un billón de dólares el déficit público.
Los primeros cien días han estado salpicados de medidas para eliminar obstáculos al aborto y mejorar algunos aspectos de discriminación racial o sexual. También ha habido compromisos en la lucha contra el cambio climático y se han puesto en marcha las gigantescas misiones de la reforma sanitaria y educativa. Pero el segundo principal campo de actuación del nuevo presidente, después de la economía, ha sido el de restituir la credibilidad del Estado de derecho, la legalidad quebrantada durante la administración anterior con el pretexto de la seguridad. Por eso cerró Guantánamo y condenó las torturas.
Hubo algunas equivocaciones ya. La elección de colaboradores de los que se descubría que estaban en deuda con Hacienda puso varias veces al presidente en situación embarazosa. Hubo dudas y correcciones sobre la marcha en relación con el Tratado de Libre Comercio. Pero, aunque no hay encuestas sobre ello, es improbable que muchos norteamericanos estén arrepentidos de su elección. La era de Obama se consolida y da la impresión de acabar de empezar. Todo depende de la economía, por supuesto. "Si no consigo acabar con la crisis en cuatro años, ésta será una presidencia de un solo término", ha sentenciado Obama.
Áreas en las que avanzó
1. Economía.
La administración Obama aprobó el Plan de Recuperación y Reinversión de US$ 787.000 millones. Ejecutó la segunda parte del plan de asistencia bancaria y estudia un marco regulatorio más severo. Creó un fondo para absorber las hipotecas o préstamos irrecuperables y otro de US$ 75.000 millones para ayudar a refinanciar hipotecas. Brindó asistencia financiera a la industria automotriz.
2. Internacional.
Ha cautivado a dirigentes del mundo en giras diplomáticas, que incluyeron la Cumbre del G20 y la Cumbre de las Américas, en las que ofreció un nuevo tipo de vinculación con EE.UU. Ha manifestado su voluntad de diálogo a algunos de sus tradicionales enemigos como Irán o Cuba y flexibilizó las medidas contra la isla en lo que refiere a envío de remesas y viaje de cubanoamericanos.
3. Seguridad
Redireccionó la lucha contra el terrorismo y propuso una nueva estrategia en Afganistán, tendiente a erradicar a Al Qaeda e incrementar la cooperación con la región. Otorgó US$ 1.000 millones a Pakistán para reforzar su frontera y aislar a los talibanes. Elaboró un cronograma de reducción de la presencia militar en Irak y un retiro total para finales de 2011. Ordenó el desmantelamiento de Guantánamo. Incrementó combate al narcotráfico junto a México.