A.L.
A pocos días del fallecimiento del artista plástico Julio Alpuy (1919-2009), el Museo Gurvich y la Galería Óscar Prato le tributarán esta noche dos homenajes.
A las 18 horas, en la Catedral Metropolitana, la clavecinista Noel Fostel y el flautista Pablo Somma darán un concierto con obras de Bach y Mozart, y en la apertura hablarán autoridades nacionales y el presidente de la Fundación Gurvich, Martín Gurvich. Y a las 19 se inaugurará una muestra con obras de Alpuy en la sala 6 del Museo Gurvich (Ituzaingó 1377). En el mismo evento también se presentará un audiovisual sobre la vida y obra de este creador oriundo de Cerro Chato, a cargo del Arq. Rafael Lorente.
La obra de Alpuy dejó una huella muy importante en la plástica local y latinoamericana. A partir de la relación con Torres García, a quien conoció en 1940, su arte inició un camino de experimentación, búsqueda que permaneció abierto hasta sus últimos días. Después de la muerte de su maestro y mentor, en 1949, Alpuy siguió trabajando con los lineamientos del constructivismo pero generado espacios de diálogo con el simbolismo y el americanismo.
En la segunda mitad de la década de 1950, Alpuy emprendió una etapa de profundas transformaciones a partir de una síntesis de las experiencias vitales y artistas de sus viajes por Europa, Oriente y Latinoemérica. Este progresivo alejamiento físico de Uruguay se concretó en 1957, cuando se instaló por dos años en Bogotá, Colombia. Allí comenzó a experimentar con otra paleta de colores y con elementos muy próximos al neocubismo.
Al descubrir los límites de este nuevo camino, su inquietud lo llevó a otros destinos. Así fue que en 1961 se instaló en Nueva York, en donde residió hasta su fallecimiento, el 5 de abril de este año. En este nuevo escenario, Alpuy se reencontró con materiales co-mo la madera, y trabajó en la integración del plano, los relieves, las profundidades para dar forma a un lenguaje más austero, casi minimista.