Listas negras, chocolate espeso

GERARDO SOTELO

El episodio de la lista de OCDE que incluía a Uruguay y el debate sobre el secreto bancario, dejaron más interrogantes que respuestas y un regusto amargo. Una vez más, José Mujica estuvo en el centro de la polémica y recibió críticas y reprimendas de sus contrincantes y compañeros del Frente Amplio así como de la oposición. Razones no faltan por cuanto su rol no ha quedado nada claro.

Mujica sostiene que recibió la información de un grupo de compañeros que consultan Internet pero sin perjuicio de la existencia de esos internautas, su entorno de técnicos y asesores manejaba un mes atrás que el G20 iba a arremeter contra el secreto bancario. Lo que ocurrió fue entonces una de estas tres situaciones: 1) que Cancillería y Economía, enterados del asunto, actuaron de manera reservada para evitar la inclusión de Uruguay en la "lista negra", 2) que no estuvieron al tanto de lo que iba a ocurrir, y por eso mismo, no tomaron ninguna iniciativa; o 3) que aún estando informados por Internet y por el entorno de Mujica, no actuaron con la celeridad y determinación que las circunstancias requerían.

En cualquiera de las tres hipótesis, Mujica debió proceder con una reserva y una discreción que no tuvo. Si había acciones diplomáticas en curso, debió evitar entorpecerlas o enturbiar el ambiente (sus anuncios de que "todo el secreto bancario es una joda" legitimaba a quienes querían sancionar a Uruguay) y si no las había, debió advertir al gobierno (al oído y no desde la prensa) sobre la gravedad de la decisión que se tomaría en Londres.

Por increíble que parezca, fue el ex ministro Ignacio de Posadas quien hizo llegar al gobierno la noticia que Uruguay sería incluido en la temida lista. Y fue de Posadas, autorizado por Presidencia, quien trabajó para evitarlo. Mujica le pagó el favor acusándolo de "rostro de piedra", "cajetilla", "currador" y "sinvergüenza". Y lo que es peor, mientras esto ocurría, el candidato oficial del oficialismo gritaba a los cuatro vientos que "todo el secreto bancario es una joda", soslayando que su formulación actual fue modificada por su propio gobierno y con los votos de sus legisladores, para atender las demandas de los organismos internacionales.

En condiciones normales, semejante conducta sería sancionada por la ciudadanía en las urnas, pero nada de lo que rodea la carrera política de José Mujica puede considerarse normal. Buena parte de quienes lo votan lo adoran y eso incluye a un segmento enorme de la opinión pública uruguaya, que cree ver en él a uno de los suyos y celebra su estilo personal y su independencia política. Sin embargo, el electorado frenteamplista se ha vuelto sumamente heterogéneo. En pleno año electoral, parece inevitable que este episodio tenga algún tipo de repercusión en sus decisiones. Quizás no sea suficiente como para torcer el resultado de las internas, pero seguramente acentuarán las dudas y temores que muchos frenteamplistas reconocen en ámbitos reservados, cuando se los pone ante la situación de tener que votar a Mujica como futuro presidente del país.

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