SALTO | LUIS A. PÉREZ
En el Norte siguen las cuereadas. Pequeños ganaderos de las zonas de Carumbé, Cerros de Veras, Arerunguá y Puntas de Cañas, comenzaron a perder sus haciendas a consecuencia de la sequía. Se viene el invierno y sigue faltando comida.
Hay familias que antes de la sequía tenían un rodeo de 100 vacunos, hoy ya han cuereado la mitad y luchan para salvar los que le quedan adquiriendo ración, aunque el negocio no les sea redituable.
"Es lastimoso ver como todos los días se nos cae una vaca, al otro un ternero y ya no vale la pena ni sacarles el cuero cuando mueren porque es poco lo que pagan, pero es nuestra vida y tenemos que seguir luchando en medio de la nada", aseguró Estela Cunha, que explota un área de 198 hectáreas en uno de los lugares más recónditos de Carumbé.
Esta mujer explicó que de 53 vacas se la han muerto 23 y de 36 terneros va salvando 22 en una sacrificada tarea cuando sabe que la espera lo peor: el invierno.
"Compramos ración al Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca, pero no la que necesitaríamos para alimentar a los animales y al poquito pasto, lo administramos como oro para ir sobrellevando una situación que mi padre asegura que nunca vivió", acotó.
Precisamente este hombre de campo que nació y vive desde toda la vida en el lugar, Ismael Cunha, de todas las sequías sólo comparó la actual con la de 1942. "Aquella fue brava, pero esta no termina nunca y nos agarrará el invierno sin pasto y con los animales mal alimentados; vamos a perder todo porque aquí no se trata de vender lo poco que nos queda, luchamos para salvar algunos vientres, porque sabemos que después nunca más los recuperamos. Esto es así, dentro de unos meses los que tengan para vender van a pedir lo que vale y el pobre no se hace más de sus vaquitas si se les mueren ahora", agregó.
César Rodríguez quien junto a su padre y hermano también explotan unas 200 hectáreas en Carumbé y, además, hace poco tiempo -en calidad de colono- accedió a un predio en la ex Remonta del Ejército, en Paso de las Piedras, indicó a El País que para la mayoría de los vecinos el problema más grave para enfrentar la sequía, está focalizado en la falta de agua para dar de beber al ganado.
Prevención. "En nuestro caso el último recurso siempre fue un manantial que, según cuenta mi padre, está hecho desde que mi abuelo compró el campo hace más de 100 años y nunca se había secado. Ahora tememos que se nos seque, porque ya no tiene el mismo caudal y comenzamos a racionar el agua a los animales, porque las cañadas se agotaron", dijo.
En la ruta 31, a la altura del kilómetro 130, el panorama es desolador en los campos.
Hay espacios en los que claramente se observa -mayormente- tierra y piedra y esto obliga, ya no sólo a pequeños productores, sino a los medianos, a salir con sus animales a la calle en busca de aguadas y pasto.
"Salimos para la ruta cuando aclara para llevar las vacas a tomar agua debajo del puente y pastoreamos en la calle hasta el mediodía, porque estamos cuidando el poco pasto que está brotando y el pozo se secó", explicó Ramón, quien junto a su hermano Pedro, por Ruta 3, tropeaban unas 150 reses.
AGRUPADOS. Los pequeños y medianos productores de las localidades anteriormente mencionadas, formaron la Sociedad de Fomento Basalto Ruta 31, para afrontar juntos la problemática de la sequía. Hoy la integran 160 socios.
Su presidenta, María Teresa de los Santos, dijo a El País que en el grupo existe gente "seriamente comprometida en medio de predios con índices muy bajos de productividad".
Señaló que con las movilizaciones que se impulsaron fue posible llegar al MGAP y acceder a proyectos como Uruguay Rural y Producción Responsable. "Sabemos que hay varios que han cuereado últimamente, pero con la llegada de la ración se paró un poco".
Flacuras y campos de piedra casi pelados
La situación es tan complicada que el ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca, Ernesto Agazzi, recorrió la zona hace días.
La Secretaría de Estado facilitó a los productores la ración para poder alimentar sus ganados, pero el mayor temor es la llegada del invierno y las heladas, que matarán la poca oferta forrajera existente. Esa asistencia oficial les permite a los productores hacer frente al problema, en una zona de campos donde no sobreviven todas las especies forrajeras, sino aquellas que se adaptaron a los suelos duros y al escurrimiento rápido del agua. En la condición corporal del ganado se notan las penurias.