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Ricardo Reilly Salaverri
Para quienes miramos la vida política con sentido atento no escapa del sentimiento la muerte del Dr. Raúl Alfonsín. Quien fuese caudillo de la Unión Cívica Radical y Presidente de nuestra hermana República Argentina.
Al tiempo de escribir estas líneas, necesariamente arbitrarias por su brevedad, tenemos en la memoria imágenes frescas de los honores que se brindan al tribuno en el Congreso argentino, transmitidas por los canales de televisión y -cosa que no nos es extraña, por haber vivido situaciones similares- de la cola ciudadana emocionada que se alistaba a rendirle austero y anónimo homenaje. Fue el personaje hombre abanderado de la causa republicana, que en el servicio del bien común, conoció de tremendos desafíos y de éxitos y fracasos.
La Unión Cívica Radical ha sido históricamente uno de los pilares del sentimiento democrático del país vecino. En sus filas entre lo más notorio militaron Leandro Alem, Hipólito Irigoyen, Torcuato de Alvear, Ricardo Balbín y el fallecido Dr. Raúl Alfonsín.
Desde una óptica nacional, siempre deseamos lo mejor para la Argentina. Difícilmente en nuestras raíces migratorias, falte un antecedente humano que primero llegó a Buenos Aires y luego cruzó el Río de la Plata, y también es habitual que tengamos familiares próximos por la misma razón allende el estuario.
Con brocha gruesa Alfonsín se recorta en la imagen como un hombre que se propuso afirmar las instituciones libres en una nación en la que resaltan las dificultades para consolidar el Estado de Derecho, y en la que las rupturas institucionales han sido una constante.
Con secuelas muchas veces terribles.
Alfonsín fue una persona que en tiempos de campaña proselitista recorrió intensa y extendidamente a su patria. Hasta que, en 1983 el voto ciudadano le ungió como primer mandatario de la República.
No era tiempo fácil. Argentina salía de una larga dictadura que dejó trágica e indeleble huella en la Historia de la nación, por las violaciones de los derechos humanos y que -en la cúspide del disparate- venía de la derrota militar que le infligiese Inglaterra cuando la invasión de las Islas Malvinas.
En la intención de sustentar la institucionalidad, debió sobrellevar entre otras cosas, sublevaciones militares que pusieron en jaque a su gobierno, y hacia el final del mandato, una situación económica y financiera incontrolable llevó a que el Presidente tuviese que renunciar antes de tiempo a su mandato, entregando el gobierno al Dr. Carlos Saúl Menem, quien le sucedería en el cargo por decisión de las urnas.
Lejos del poder Alfonsín continuó siendo una referencia permanente al contemplar la situación cívica del pueblo hermano. Escogiendo dos palabras que son de las que más menciones hemos atendido actualmente en los medios de comunicación le aludiremos como "demócrata y decente".
En tiempos de confusión en América latina, cuando las tiranías plebiscitarias, habitualmente corruptas, se abren cancha en nombre del populismo, el rescate de los valores fundamentales de la organización social, que en Occidente nos llegan desde las profundidades de los tiempos, al amparo de nuestra tradición judeo-cristiana-greco-latina-romana, impone una reverencia ante un fallecido ilustre, que no cejó nunca en la lucha por la democracia, y el respeto de los derechos fundamentales del ser humano.
Paz en su tumba y el beso oriental en la frente al gladiador caído.
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