LONDRES | AFP Y BLOOMBERG
Es improbable que la reunión del G-20 que comienza hoy consiga gran cosa. Los participantes buscan reparar la arquitectura financiera mundial cuando no hay muchas pruebas de que estuviera descompuesta.
La crisis del crédito fue ocasionada por la política monetaria laxa y la posterior burbuja financiera. Tuvo poco que ver con el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, la Organización Mundial del Comercio o cualquier otro de los órganos que el G-20 quiera reformar.
Los líderes de la cumbre sólo perderán el tiempo en paraísos fiscales y el inevitable advenimiento del proteccionismo.
En las horas previas al encuentro, que tendrá lugar mañana, se multiplican los mensajes que auguran un posible fracaso de la reunión.
El bloque europeo parece más centrado en la nueva regulación del sistema financiero, mientras que Estados Unidos pide un plan de estímulo económico coordinado a nivel mundial.
Dificultades. El tamaño de la agrupación también es absurdo. Un G-3 (Estados Unidos, China y la Unión Europea) podría tener una posibilidad de llegar a un acuerdo sobre algo trascendente. Un grupo de 20 personas ni siquiera se pondrá de acuerdo sobre qué comer, así que mucho menos lo harán para reparar la economía mundial.
Los líderes utilizarán el evento para tomarse fotografías y tranquilizar a los votantes en sus países.
Finalmente, con la posible excepción de Barack Obama, pocos de los líderes tienen suficiente autoridad para llevar a cabo cambios serios en la manera en que funcionan sus economías. En los próximos dos o tres años habrá muchos electores molestos.
A la larga habrá una solución a la crisis del crédito, pero es improbable que provenga de los líderes del G-20. Al promover una agenda que sugiere que hay una solución global única a la crisis económica sólo empeoran el problema.
A todo esto, la jefa de gobierno alemana, Angela Merkel, y su par francés, Nicolas Sarkozy, demandaron hoy que en la cumbre del Grupo de los 20 países industrializados y emergentes (G20) que se celebra hoy en Londres se tomen decisiones concretas y de amplio alcance.
"La base para la nueva arquitectura financiera debe ser establecida ahora, no podemos permitirnos ser vagos", dijo Merkel en Londres en una conferencia de prensa conjunta con el mandatario galo.
La líder germana dijo que se necesitan "resultados que cambien el mundo", tras reclamar que "eso que tenemos actualmente -que miles de millones sufran por un sistema financiero con el que no tienen nada que ver- no se puede repetir".
Por su parte, el presidente francés sostuvo que para Alemania y Francia la publicación de la lista de los paraísos fiscales no era negociable, y que lo único plausible de ser debatido es si esto se hace durante la cumbre o inmediatamente después.
Sarkozy también abogó por que en la cumbre se fijen las reglas para el sistema financiero del siglo XXI, tras subrayar que la cumbre constituye "una oportunidad histórica que no podemos dejar pasar".
El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, lanzó un llamamiento a los líderes del G20 a hacer hincapié en los puntos en común que los unen "y no en las divergencias".
"Estimo que hay bastantes convergencias" entre los 20 países, exhortó Obama en una conferencia de prensa con Gordon Brown.