Los avatares sufridos en el Senado por el proyecto de ley de cuota femenina muestran cuan polémica es la idea de tornar obligatoria la presencia de mujeres en los cargos electivos. En tanto algunos creen que la igualdad de las mujeres en la vida política sólo se logrará bajo la compulsión de la ley, otros piensan que favorecerlas así es una forma de subestimarlas. Los promotores de la ley reaccionan ante las cifras que pautan el déficit nacional de representantes femeninas en el Parlamento en donde hay apenas un 10% de legisladoras, porcentaje inferior al promedio internacional que es del 15%. Los opositores al proyecto insisten en que las mujeres no pueden ser tratadas como integrantes de una minoría desfavorecida, aptas para ocupar cargos sólo con la ayuda de una muleta legal.
El proyecto necesita 21 votos en el Senado lo que significa que, además del oficialismo, se requiere el apoyo del Partido Nacional cuyos legisladores están divididos en la materia. El asunto volverá a discutirse en los próximos días con una propuesta formulada por los blancos que piden que la cuota en cuestión -consistente en que uno de cada tres cargos electivos sea para las mujeres- rija no sólo para las elecciones nacionales sino en las internas y las municipales. Piden también que la ley no se aplique en 2009 sino en 2014 para aventar sospechas de que la iniciativa tenga "nombre y apellido", es decir, que busque favorecer a legisladoras que ya están en sus cargos y que, naturalmente, hoy promueven la sanción de este proyecto.
Los argumentos esgrimidos en este tipo de discusión son los típicos de cualquier debate sobre las denominadas "acciones afirmativas", o sea las que buscan compensar situaciones de debilidad o inferioridad en el trato a ciertos grupos por razones de raza, sexo, religión, etc. Los partidarios de la cuota suelen adoptar una postura práctica al decir que sólo la obligación legal puede equilibrar la situación de las mujeres y aseguran que sin esa obligación el sexo débil seguirá estando en minoría. Los adversarios, por su parte, creen que la cuota es lesiva para las mujeres y que depende de ellas acceder o no a los cargos. Así las cosas, la discusión amenaza perpetuarse.