Carlos Maggi
Se sabe muy bien qué piensa K. -"No vine al gobierno para reprimir" - palabras textuales.
Paralizada por esta divisa montonera quedó sin efecto en muchos casos, la violencia legal, que es el instrumento mediante el cual se ejerce el imperio de la ley.
Buenos Aires, anarquizada a raíz de tanta tolerancia, se hizo intransitable durante años; hasta que los piqueteros fueron comprados sustanciosamente y pasaron a ser la guardia mercenaria del gobierno; una fuerza contundente que se adueña de la calle cada vez que conviene.
Así como el doctor Váz-quez siendo intendente, le dio satisfacción a su alma opositora creando los hurgadores, un afiche de la indigencia; del mismo modo, el señor Kirchner, instaló piquetes exentos de responsabilidad legal.
Con esa figuración se demostraba a sí mismo que no era convencional, ni burgués (salvo en las cuatro oportunidades que hubo piqueteros molestos y entonces los dispersó de un saque, usando la ley, la policía y el ejército, según prevé la Constitución).
El caso Gualeguaychú (bloqueo de una vía de tránsito internacional), fue reconocido por K. reiteradamente como ilegal; pero sus activistas ingresaron a la categoría de intocables, por razones de creencia.
-"No se puede comparar lo que es un corte de ruta, que a mi juicio es indebido, con una contaminación que puede existir o no". (La Nación, 13/03/2009)
-"Jamás permití que se cortara en mi provincia una ruta a Chile". (La Nación 26/2/06)
Queda claro el pensamiento de Kirchner & Cía:
Todo depende de la contaminación, pero no. La ley es lo que importa, pero no. Jamás usaré la fuerza, pero no. El señor Kirchner es peronista.
En el fondo, al presidente K. (consciente o inconscientemente) lo complace humillar a un país cuando ejerce sobre él, una agresión de guerra (bloqueo); lo hace sabiendo que no va a ser contestado con la represalia correspondiente. A la nostalgia maleva de sus tiempos guerrilleros, le halaga ser el compadrito del barrio, Trompifay.
También es cierto que el pequeño Chaplin (en este largometraje titulado Botnia) resultó como siempre, astuto y ganador.
Hubo una división del trabajo: mientras Gualeguaychú gesticulaba y daba grandes alaridos, de este lado del río, piedra sobre piedra, sin alharacas, se construyó una fábrica capaz de exportar un millón de toneladas de celulosa por año sin contaminar el aire, ni la tierra, ni el agua.
Argentina se perdió una formidable fuente de riqueza (puede producir veinte veces más celulosa que el Uruguay) y al mismo tiempo perdió una transferencia tecnológica de punta y un centro de desarrollo (un cluster) que indefectiblemente se formará en Fray Bentos.
Pero la historia sigue.
Ahora el presidente uruguayo va a Brasil, pide ayudas y contemplaciones y Lula desde el Olimpo, concede. Tabaré Vázquez dejó de ser un enano llorón. Lula promete para la primavera, el máximo honor: bajar con todo el gobierno brasileño hasta la cisplatina.
Con anticipación, a principios de enero de este año, Botnia pasó a ser buena; dejó de ser un agravio para Buenos Aires; ahora, con la acción en La Haya basta. Hay que terminar con el bloqueo (¡!).
LAS DOS RAZONES: La primera causa de este cambio refiere al decoro. Se hace cada vez más cómico ver gente grande cumpliendo guardias desveladas para salvar a sus hijos de las maldades de la celulosa. Esa cursilería marca un punto cada vez más alto en la escala del ridículo: es algo así como un caballo al paso, delante de una locomotora actual; el famoso jinete que llevó una bandera roja en señal de peligro.
Todos sabemos que la Asamblea defensora del medioambiente, cumple una actuación teatral paga: representan un susto fingido; y la mayoría de los piqueteros viven de ese simulacro. El mundo entero supo desde el principio que no iba a haber contaminación.
Nadie lo explicó mejor que los propios argentinos, avergonzados frente a lo que estaba pasando en Entre Ríos. La doctrina inteligente y la acción corajuda de esos argentinos, fue memorable.
La segunda razón ¡sorpresa! corresponde a un hecho pragmático: tal vez se pueda realizar un intercambio de ventajas recíprocas.
Leo en El País:
En la reunión que mantuvieron en Nueva York el canciller uruguayo, Gonzalo Fernández, con la presidenta argentina, nuestro ministro de Relaciones Exteriores, planteó como condición para avalar la postulación de Kirchner a la Unasur, que se levantara el corte de ruta y se habilitara el dragado del canal Martín García.
Como ninguno de estos requisitos se cumplió, el presidente Tabaré Vázquez manifestó que Uruguay no acompañaba la nominación de Kirchner para el cargo de secretario general de la Unasur, que debe ser elegido por unanimidad.
Con el fin de revertir ese veto, los dirigentes cercanos al matrimonio Kirchner iniciaron una campaña para que los activistas de Gualeguaychú levantaran espontáneamente el bloqueo. (Agustina Navarro, El País, 9/1/09)
-El gobernador de Entre Ríos, Sergio Urribarri dijo el 8 de enero (El País, 9/1/09) que los cortes de rutas eran malos pero que:
-"El Gobierno nacional y el provincial jamás han sido partidarios de usar la fuerza"
Y el mismo gobernador Urribarri, dos días después (La Nación, 11/1/09), dijo:
-"Lo que nosotros vamos a hacer con nuestra fuerza de seguridad… es impedir que nadie en Entre Ríos… intente cortar".
Esta leve modificación diametral me llevó a pensar que la cosa iba en serio.
Los países no se mueven por cariño, se mueven por intereses, personales o no.
Si los intereses legítimos del Uruguay están contemplados, debemos encarar el acto, digamos, con grandeza. Corresponde eliminar los reproches "históricos".
Si el gobierno argentino deja de causarnos daño, la persona del señor Néstor Kirchner (que parece que está ayudando a esa mejoría) deja de ser tachable.
La marcha hacia la bon-homía del señor K. lleva un ritmo pausado, pero constante.
El 5 de marzo se cumplió el anunciado encuentro entre los piqueteros de Gualeguaychú y la presidenta Cristina; y en esa reunión (según los diarios) se habló de La Haya y de ¡las algas en el río Uruguay! Vale decir: se habló de todo menos del corte del puente.
-No te creo- dijo la buena inteligencia.
Es evidente que la información fue recortada. Y tal cual dicen los franceses, en este caso: falta de noticias, buenas noticias. Si se conversa reservadamente, es para aflojar. Más vale que no haya publicidad.
Simétricas a este silencio el lunes pasado se conocieron resoluciones interesantes.
Argentina aceptó el proyecto uruguayo para el balizamiento de los canales del río Uruguay, entre el kilómetro 0… Y FRAY BENTOS (!); 100 kms.
Por si fuera poco, Argentina admitió que Uruguay asumiera la responsabilidad de construir las boyas, colocarlas y realizar su control y mantenimiento. (Fuente: Emilio Cazalá, El País, 9/3/09).
Flota en el aire la sensación de que el dragado del canal Martín García (tal cual lo exige Uruguay) es cuestión de días. Habrá que verlo para creerlo.
Eso y el voto de Uruguay en la Unasur, Lula mediante. Veleidosa es la suerte dentro del Mercosur, cual capricho de mujer bonita.