THE ECONOMIST
¿Podrían los productores de artículos de lujo escapar de lo peor del descalabro económico mundial? Ni remotamente. Algunos se han atrevido a pensarlo, sugiriendo que los consumidores más ricos podrían estar aislados del caos financiero.
Otros han sugerido que el gasto discrecional de los compradores pudientes se cambiaría por menos adquisiciones pero de mejor calidad. En los hechos, las estimaciones más optimistas se han equivocado en su mayoría.
Los ingresos en la industria de bienes de lujo puede caer entre un 3% y un 7% este año, según la empresa de consultoría Bain. Y ese puede ser un cálculo muy a la baja, ya que la desaceleración económica recién está empezando. Los diamantes, sinónimo de lujo, ya no son eternos. El 23 de febrero, De Beers, el principal productor de diamantes, admitió que su operativa se suspendió en Debswana, una empresa conjunta con el gobierno de Botswana, África, que es el mayor productor mundial de esta piedra preciosa. Otras firmas del ramo están tomando medidas similares. Los estadounidenses, que compran la mitad de estas gemas del mundo, se resisten a la tentación del brillo, obviando aparentemente estos días a los vistosos anillos de compromiso.
Con menos motivos para celebrar, las exportaciones de champagne también están sufriendo. En 2008, los productores de esta bebida comercializaron un 4,8% menos que el año anterior. A principios de este mes, Louis Vuitton Moët Hennesy, el imperio francés del lujo, informó beneficios "planos" el año pasado. Su división de joyería tambaleó, y la venta de relojes, vinos y otras bebidas espirituosas directamente se redujo. Pareciera que la recesión trae aparejada un menor gusto de los consumidores por la calidad del alcohol. Un índice de precios de vinos finos elaborado por Liv-Ex, un firma especializada con base en Londres, se ha derrumbado en un 18%, desde lo peor de la crisis crediticia iniciada en septiembre pasado. Otras empresas de bienes de lujo cuentan una historia similar.
El colapso del lujo aún tendrá más efectos. Los precios de las propiedades más ostentosas de Manhattan, Nueva York, cayeron un 20% en el último trimestre de 2008, y podrían tener una baja de un 50% más este año, según la revista semanal especializada Barron`s. Más chocante, Dubai, un estado que se ha reinventado a sí mismo como un destino de lujo (aunque de dudoso buen gusto), fue sacado de apuros por el conjunto de los Emiratos Árabes Unidos. Estos acordaron comprar bonos por 10 mil millones de dólares para aliviar los problemas de falta de liquidez de Dubai, resultado de construir hoteles de siete estrellas, además de una isla de placer -en forma de palma- con dinero extranjero.
La industria de bienes de lujo había, en los últimos años, cosechado beneficios solo por haber ampliado su cartera de clientes entre los simplemente adinerados. Y con esta acción comenzó a poner su confianza en los consumidores más sensibles a los malos vientos económicos. Los super ricos, en cambio, el público "cautivo" de esta industria, puede desdeñar las recesiones; pero a todo el resto del mundo le está afectando. Abundan las pruebas en cualquier restaurante de lujo, donde hoy se puede obtener una mesa con cierta facilidad cuando antes se exigía una reserva con semanas, e incluso meses de antelación. Familias con una prosperidad relativa han tenido que cambiar a sus hijos a colegios privados menos costosos.
Y, sin embargo, los super ricos (con fortunas estimadas en más de 1.000 millones de dólares, o su equivalente en otras monedas) son aún capaces de tirar su dinero en lo que quieran. Las ventas de automóviles Rolls-Royce tuvo el año pasado un nuevo récord de 1.212 unidades. El fabricante de estos coches tuvo un mucho mejor año que BMW y Aston Martin, productores de vehículos para los "simplemente" ricos. Estos últimos vieron una caída de sus ventas. La demanda de yates de hasta 35 metros se desplomó también de forma alarmante; sin embargo, fueron muy buenas las ventas de super yates de más de 100 metros. La industria del lujo podrá estar de capa caída, pero la de hiper-lujo vive una situación muy diferente.
Minorista muy feliz
Como contraste a la industria del lujo, a la cadena Wal-Mart, la mayor minorista del mundo, la crisis le ha sentado bien, sobre todo en EE.UU. Ahí reportó un aumento de ventas del 6% en el último trimestre de 2008 y un aumento de sus acciones de un 3,22% gracias a clientes ávidos de comprar a menor precio.