El complicado sistema electoral uruguayo y la manera en que algunos sectores políticos lo están llevando a la práctica, induce a confusiones o desvía la atención del ciudadano, por lo que es oportuno aclarar, el contenido de cada una de las etapas a cumplirse precisando su alcance y sin perjuicio de su trascendencia individual.
A un observador desprevenido, teniendo en cuenta la agresividad con que a veces se manifiestan algunos protagonistas y la proclamada fidelidad a unos planes de gobierno -que no todos cumplen o no han cumplido en el pasado-, puede parecerle que lo que está en juego es el acceso a un gobierno, cuando en los hechos la primera etapa a desarrollarse está dirigida a unas elecciones internas, de la cual emergerá el candidato único a la Presidencia de la República a partir de uno, dos o hasta tres candidatos propuestos y donde puede considerarse suficiente la exposición de las grandes líneas de acción que se van a asumir.
Lo que no todos saben o recuerdan es que en la misma oportunidad, el 30 de junio, deberán elegirse también los Convencionales nacionales y departamentales de cada Partido, o sea que el ciudadano adquiere en la ocasión un doble protagonismo, en un acto que debe reivindicar y cumplir, haciendo jugar su militancia activa, más allá de su simple solidaridad. El último domingo del mes de octubre, por su parte, se elegirán no sólo el Presidente y el Vice Presidente de la República, sino, además, los miembros de las dos Cámaras del Poder Legislativo y el último domingo del mes de noviembre se cumplirá, eventualmente y si ninguno obtiene las mayorías exigidas, una segunda vuelta entre los dos candidatos presidenciales más votados. A ello debe agregarse las elecciones departamentales, que tendrán lugar el segundo domingo del mes de mayo del año 2010, en la cual se votarán los Intendentes, los miembros de las Juntas Departamentales y de las demás autoridades locales electivas.
Lo que debe rescatarse de esa maraña electoral es que en el mes de octubre, al margen de lo que ocurra con la elección del Presidente y su Vice, quedará firme la elección de Diputados y Senadores, lo que convierte esa instancia en una oportunidad de conquistar el Parlamento que no puede perderse, recuperando la trascendencia que él tiene en un régimen democrático y como respaldo, además, de la obra que pretenda aplicar el Poder Ejecutivo.
En el actual período, ha habido una disociación entre el Presidente de la República y los Legisladores, pese a que el Frente Amplio pudo disponer de mayoría en ambas Cámaras, en una circunstancia que aprovechó mal o no supo aprovechar, dando la sensación en más de una oportunidad que el titular del Poder Ejecutivo estaba solo en el medio de tormentas que no podía controlar. Eso no le hace bien al Estado, por lo que todos los ciudadanos, y en especial los del Partido Nacional, deben tenerlo en cuenta y trabajar también a favor de una amplia e integrada representación parlamentaria, tanto por Montevideo como por los restantes departamentos del interior.
Hay que apoyar, por lo tanto, y con paralelo entusiasmo, a los candidatos presidenciales, pero no hay que olvidar que el futuro del país también se juega en la conquista del Parlamento, para que en forma orgánica se integre, secunde y colabore con el Poder Ejecutivo, llevando adelante de manera conjunta los planes de recuperación que el país necesita y reclama. Corresponde por lo tanto desarrollar una política activa y aproximarse a las tribunas que ya se están levantando, para acompañar a los candidatos parlamentarios difundiendo a la vez la consigna de asegurar un sólido y fuerte respaldo. Para llegar a la Presidencia existen pues dos oportunidades pero para acceder al Legislativo, existe una sola, en el mes de octubre, donde deben manejarse todas las posibilidades extremando desde ya el esfuerzo para disponer de una amplia representación. Ese otro irrenunciable protagonismo del elector, ha tenido a lo largo del tiempo una creciente relevancia, que en esta ocasión se justifica aún más, por todos los temas pendientes y lo que el Frente Amplio no supo, hizo mal o no quiso hacer.
Más allá del entusiasmo que los ciudadanos puedan mostrar como observadores, se justifica por lo tanto, integrarse con una presencia militante, tendiente a recuperar, democráticamente, el órgano más representativo del sistema, permitiendo un desarrollo coordinado de la gestión a cumplir.