SEBASTIÁN AUYANET
Cuatro años después, la banda que abrió el rock bailable para la generación de nacidos cerca de 1980 vuelve en Tonight: Franz Ferdinand con su encanto dosificado y más guitarras irresistibles. Los reyes del retro pegan la vuelta.
En 2002, varias revistas de música vieron en The Strokes a la banda de la recuperación neoyorquina post 11 de septiembre. Los cinco rockeros recuperaron la estética del rock "de garage" con la guitarra como arma clave y referencias como Televisión y otras reliquias varias de los años 70. El nacimiento del concepto "retro", sin más.
Lo de los Strokes no llegó a revolución. Pero dentro del rock anglosajón fue lo más parecido a un cimbronazo musical que ha vivido la nueva generación de escuchas; esa que iba a la escuela cuando Kurt Cobain era un torbellino al frente de Nirvana.
Sin embargo, dos o tres años después, y en medio de una guerra de clones de los Strokes, apareció una banda de escoceses cosmopolitas que entendió que el rock tenía que volver a bailar. "Este es un disco para que las chicas salgan a la pista", dijo Alex Kapranos, cantante de Franz Ferdinand en 2004, cuando Take me out, "hit" global y una de las canciones con más gancho de la década, hizo aparecer por todos lados a Franz Ferdinand, su disco debut.
Mirando con decisión a los 70 y vestidos para una noche de discotecas primermundistas, la banda que lleva el nombre del archiduque cuyo asesinato disparó la Primera Guerra Mundial impuso la vuelta del rock a las discotecas. Guitarrras que suenan viejas, ganchos de funk e historias de amor liviano y sexy, frívolo y con la pista de baile como escenografía y reverencia a los seminales Talking Heads.
La presión de encontrar la fórmula que en ese momento andaba buscando el mundo hizo valer el axioma de que un artista dispone de toda una vida para hacer su primer disco, pero el segundo hay que hacerlo en seis meses. La banda tampoco tuvo un problema con eso. Después de un disco que llevó tres temas a los top ten británicos, nominaciones a los Grammy, giras mundiales propias y acompañando a fenómenos sísmicos como los recitales de U2, llegó You could have it so much better en 2005.
"Este es un disco para que las chicas lloren", explicó su líder, en alusión a las letras más afectadas y menos frívolas que las de ese primer trabajo. La calidad del material no se resintió en ese segundo disco, aunque la banda acusó la sobrecarga de trabajo. Entonces, cuando Franz Ferdinand encantaba al planeta, tocó una licencia.
Tres años después, vuelven a un género que ha continuado con las guitarras al frente en grupos como The Killers, Kaiser Chiefs, Bloc Party o los Arctic Monkeys, pero nunca sacándole sonidos tan sugerentes y sin esa intención de arrancar pasos de baile de los escoceses.
¿La nueva definición de Kapranos? "Tonight es un disco que se puede escuchar de día, pero mejor si lo escuchás de noche. Para dejarte llevar en tu habitación y mentalizarte para una noche de hedonismo. Para tu corazón desolado, para la oleada química en tu sangre. Y para que te mezas suavemente en esa hora solitaria, esperando el amanecer y que todo suceda otra vez".
El encanto frívolo del levante en la pista se experimenta en canciones como Turn it on o No you girls. Los fanáticos de Take me out encontrarán que la furia guitarrera sigue, pero ahora cediendo a tamizarse por sintetizadores que lo hace aún más adictivo. En temas como Ulysses, Kapranos vuelve al lugar común de la noche discotequera, pero en este caso mediante un personaje fantasmal y oscuro. Ahí se comprueba que la fórmula no se desgastó. La diferencia es que ahora la dosifican con silencios y espacios, entendiendo que la música se puede escuchar a todo volumen pero sin atomizar oídos, algo que meses atrás buscó en su disco una banda con intenciones similares: Babasónicos.
También llega la hora del electropop, ya que los escoceses tiran de los teclados y samplers y además le entran de lleno a elementos new wave. Otros dos momentos recomendables: los arrebatos de música africana en el transe de Send him away y Bite hard, prima hermana de los temas anteriores del grupo que suma un órgano a lo Animals, con la batería al galope y el quejido de una guitarra sobre ella.
Entre líneas de bajo propias del Studio 54, Kapranos canta: "I`ve found a new way, baby" (nena, encontré una nueva forma). Sin que eso sea del todo cierto, los Franz consiguen mantener su ángel y mejorarse. Entonces, el año empieza con un gran disco firmado por uno de los grupos que mejor ha sabido interpretar las necesidades "poperas" de los que contamos menos de treinta (y de varios afines con algunos años de más).