Una serie de decretos firmados por el presidente Obama fijan un nuevo curso en las políticas sobre energía y cambio climático. El nuevo residente de la Casa Blanca describió las medidas como los primeros pasos en un viaje hacia la independencia de los Estados Unidos del petróleo extranjero y tendrá efectos de largo plazo sobre el cambio climático. Una de las políticas es impulsar un tratado sobre cambio climático.
No debe ser frecuente que un gobierno cuente en su gabinete con un ministro laureado con el Premio Nobel en Física. Sin embargo este es el caso de Steven Chu, el nuevo Secretario de Energía de los Estados Unidos. El científico había llegado a cometer la herejía de proclamar que "el carbón es mi peor pesadilla". No es un tema menor. Ese país cuenta con grandes reservas de ese mineral, la minería del carbón es una actividad importante en varios de los Estados de la Unión -incluyendo Illinois, de donde viene Obama- y las usinas que lo utilizan producen una proporción sustancial de la oferta de energía eléctrica en los Estados Unidos. El Gobierno norteamericano, a través del Departamento de Energía, ha invertido billones de dólares en la investigación de tecnologías de "carbón limpio" que permitan eliminar las emisiones perjudiciales. Sin mucho éxito.
El candidato a ministro fue mucho más mesurado en sus declaraciones durante la audiencia para la nominación, ante los Comités sobre Energía y de Recursos Naturales del Senado.
La nueva política de energía, señaló, se fundará en tres elementos básicos: construcción de una nueva serie de plantas nucleares asociada a un plan para la disposición segura de los desechos radioactivos y más investigación sobre su reprocesamiento con fines pacíficos; apoyo a las energías alternativas, como la energía solar, e instalación de redes inteligentes que permitan combinar diferentes fuentes; y tercero, impulsar tecnologías de "carbón limpio". Chu suavizó sus manifestaciones anteriores sobre las desventajas de este combustible explicando que, en realidad, se había referido a los países en vías de industrialización que no utilizan las tecnologías más elementales existentes para reducir las emisiones de contaminantes a la atmósfera de sus centrales a carbón.
Pero, sostuvo Chu la medida más inmediata para responder a la creciente demanda por energía en los Estados Unidos y, al mismo tiempo, reducir las emisiones de gases de invernadero, es mejorar la eficiencia en su consumo. Tanto en la industria, como en los hogares y en la vida cotidiana. Mejorar el rendimiento de los motores a combustión interna, además, tendría el efecto de compensar el inevitable aumento en el precio de la gasolina. Los decretos firmados por Obama se dirigen a conseguir aquel objetivo en la industria del automóvil. Incluyen permitir que los Estados de la Unión adopten estándares más severos que los federales para las emisiones de los automóviles (una media propuesta por el gobernador Schwarzenegger de California) y mejorar las normas sobre economía en el consumo de combustible a partir del 2011.
Las nuevas políticas sobre energía que está comenzando a aplicar el gobierno de los Estados Unidos, persiguen tres objetivos: reducir la dependencia del extranjero, atender la mayor demanda de energía mediante mejoras en la eficiencia y reducir el efecto de invernadero.
JUAN ORIBE STEMMER