SALTO | LUIS PÉREZ
La incautación de 5 motos en lo que va de enero en la ciudad de Concordia que fueran robadas en Salto, no hacen otra cosa que confirmar que en ambas márgenes del río Uruguay funciona una organización dedicada al tráfico de estos vehículos.
Esta actuación de la Policía entrerriana en los primeros días del año, más el testimonio de decenas de víctimas de estos robos que viajan a la vecina ciudad a pagar rescates para volverse con sus motos, se ha vuelto un gran "negocio" para esta organización que utiliza embarcaciones a través del río Uruguay.
En los últimos tres años en Salto, donde hay unas 35.000 motos, se han hurtado más de 1.000. La más buscada por los delincuentes es la Honda Bis con un valor en el mercado local de US$ 3.500. "De estas máquinas quedan muy pocas porque ya se las han robado casi todas", dijo una fuente policial. Según los investigadores los delincuentes pueden cruzar el vehículo por el río en 7 minutos y muchas veces utilizan a menores para el hurto, a sabiendas de que no serán procesados.
Si bien la policía salteña trabaja en estrecho contacto con sus pares de Argentina desde hace tiempo, en los últimos días se ha incrementado el intercambio de información ante esta embestida delictiva.
En otros casos los reducidores se conectan con las víctimas y una vez que están seguros de que van a obtener el dinero, les indican las coordenadas para su entrega.
La gente acepta, incluso con el riesgo de sufrir una rapiña. Otros salteños que viajan en motos hacia Concordia se convierten en víctimas directas de los robos, porque los reducidores ya no necesitan de la intermediación de los uruguayos y pagarles para que se las transporten por el río Uruguay. Existen muchos testimonios de estudiantes universitarios que concurren a centros educativos de Concordia que han sido robados hasta dos veces por los mismo delincuentes.
"La primera vez que me robaron una Yamaha 125 me pidieron US$ 500, al final transamos por US$ 350 y cuando no habían pasado dos meses y estando estacionada la misma moto frente a la Universidad de Ciencias Económicas, se la llevaron otra vez. Cuando me llamaron para pedirme rescate pensé mucho y preferí perderla porque ya me conocían y el barrio al cual me exigían que fuera metía miedo", dijo a El País un estudiante que pidió no ser identificado.
El jefe de Policía de Salto, Walder Ferreira expresó: "Venimos trabajando coordinadamente con Prefectura y la Policía de Concordia, hacemos reuniones, pero el tema es que allá (en Concordia) no tienen el mismo control que acá, las motos no están patentadas y eso dificulta todo", sostuvo el jefe de Policía salteño.