ALEXANDER LALUZ
Parece inevitable asociar a Bien parejito, el disco que acaba de editar el Cuarteto Ricacosa, con la movida tanguera (o "neotanguera") de estos últimos años. Sin embargo, una escucha más detenida revela ciertos elementos que marcan algunas interesantes diferencias. No es un trabajo plagado de esnobismos (salvo en las letras de algunas canciones, como El rastrillo), edulcoradas posturas vanguardistas ni nada parecido. Los oídos, agradecidos.
Las 14 piezas (la mayoría de creación propia, más las versiones de tres clásicos: Montevideo, La puñalada, La trampera) están jugadas a un sonido milonguero, "swingueado" y muy guitarrero. Una acertada apuesta que no disimula en nada su modelo: el tradicional conjunto de guitarras tocadas con púas, junto con algunos de sus íconos locales, como Julio Cobelli, Mario Núñez, Toto Méndez.
En el plano compositivo, en cambio, el material es algo más débil, ingenuo. Quizás demasiado recostado en los desgastados esquemas (o esquemones) de la fusión. Los más evidentes, son el facilismo, o ¿apuro?, en el tratamiento de los tipos estilísticos del candombe, el rock, o las estructuras armónicas con aires "complejos".