El de la basura es un tema endémico en varias zonas urbanas del país, no sólo en Montevideo -su epicentro-, en todos los aspectos en que demanda atención.
En el de la recolección, diecinueve años de gestión de gobiernos departamentales capitalinos no han podido solucionar el problema de los hurgadores. Al contrario, lo agravaron. Cuando un gobierno de izquierda etiqueta un problema como "social" significa que se resigna a no solucionarlo. Entonces en vez de terminar con él, lo reglamenta. Y naturalmente la reglamentación no se cumple. Hay hurgadores de a caballo y de a pie. Los de a caballo son más peligrosos porque circulan en vehículos sin luces, por cualquier mano, y conducidos por infantes. Pero las dos especies se han dedicado ahora a incursionar en los contenedores - "magna obra" de Mariano Arana tras 10 años al frente de la comuna-, desparramando hacia la acera su contenido, y cuando encuentran algo para llevarse, todo lo demás queda al aire libre, a la vista y olores de quien quiera pasar por allí. Es un símbolo degradante de Montevideo, que cada vez está más sucio y maloliente, con los peligros de toda naturaleza -incluso sanitarios- que ello trae consigo.
Ahora tenemos el problema de los clasificadores de residuos, en Montevideo y en Canelones. Los montevideanos amenazan con cerrar plantas de acopio, pues sostienen que la Intendencia coloca trabas para el trabajo de doscientos cincuenta personas con solamente no enviar camiones a las Usinas 8 y 5, en donde se realizan tareas de reciclaje de residuos domiciliarios. Una tarea por la cual los trabajadores reciben solamente un jornal de cien pesos. Ahora, piden un sueldo fijo.
En las tierras del Imperio del presidenciable Carámbula, en donde no se pone el sol ni se tapa un pozo, la semana pasada dos clasificadores se encadenaron ante la Junta Local de Las Piedras sosteniendo el incumplimiento de acuerdos que datan del año 2002 por parte del Intendente, quien se habría comprometido a entregar basura para el sustento de treinta y tres familias.
Los Intendentes frenteamplistas prometen y después, si te he visto no me acuerdo.
Así les ha ido.