¿Es una isla?

Tabaré Vázquez está de acuerdo en cobrar matrícula al igual que los dos candidatos a sucederlo dentro del Frente Amplio, José Mujica, y Danilo Astori. Los presidenciales de los otros partidos políticos también apoyan la idea de que pague por estudiar en la Universidad de la República quien pueda pagar. Sin embargo, su rector, Rodrigo Arocena, abrazado a la bandera de la gratuidad absoluta, se declara en contra y, como gran concesión, acepta discutir el tema, pero no impulsarlo, pese a que quienes invisten la representación popular le están marcando el camino.

Una vez más la Universidad pública se pone en República, como si fuera una isla aparte del país y los tres poderes del Estado.

El año pasado celebró medio siglo de su ley orgánica con un estéril paseo por la idea sin resultados concretos. ¡Un centro de estudios superiores que se rige por normas de los años cincuenta! Un caso único en el mundo universitario en cuyos rankings de excelencia nunca figuró nuestra Universidad pública y por algo será.

Baste con recordar que en las primeras evaluaciones concretadas en el Mercosur educativo varias de sus facultades, la de Medicina entre ellas, no alcanzaron el nivel mínimo requerido.

El rector Arocena, tan afín al gobierno de izquierda, debería, al menos en esto, seguir la línea que le trazan los líderes del Frente Amplio, y, por cierto, el sistema político en bloque. Cobrar matrícula dejó de ser un tabú en todas partes, China comunista incluida. Lo más injusto es seguir como hasta ahora en donde toda la sociedad uruguaya, incluidos los más pobres, financian los estudios de los más ricos. Y que no se diga que con los becarios se neutraliza esa perversión porque las encuestas demuestran lo contrario.

Muy costosa le resulta al país la Universidad de la República con sus doce mil funcionarios entre docentes y no docentes, con planes de estudios anticuados, escasa exigencia y una tasa de egreso de graduados -algo así como uno de cada cuatro matriculados- que resulta deplorable. Oponerse al cobro de matrícula sin cesar de reclamar más dinero para la Universidad es, hoy más que nunca, una contradicción insoportable.

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