Argentina: una nueva vecindad

Sergio Abreu

Toda relación limítrofe está signada por la intensidad de los afectos. Los Estados que comparten fronteras invocan relaciones de hermandad en tiempos de buena vecindad y sentimientos de encono cuando se plantean diferencias. El orgullo y la soberanía nacional siempre aportan aspectos subjetivos que van más allá de lo que debe ser una armoniosa y cultivada relación. Con Argentina mantenemos viejos vínculos históricos que no son del caso reiterar, pero que hoy se muestran en una fase de dura confrontación desde el principio del año 2005, cuando se inician los cortes de ruta de acceso al puente binacional.

A partir de allí, malos entendidos, declaraciones de todo el ámbito político, acusaciones a nivel presidencial, un litigio internacional ante la Corte Internacional de Justicia y hasta un fracasado facilitador europeo, han animado una disputa que ha carecido de mesura y de prudencia. Ni los países del Mercosur, ni las preocupaciones aisladas de otros gobernantes han podido canalizar una respuesta al problema. Más aún, algunos vecinos decidieron mirar para el costado y calificar de bilateral la naturaleza del conflicto.

La situación prolongada más allá de lo razonable no admite mayores dilaciones. Argentina y Uruguay han perdido en áreas diferentes. Nuestro país se vio afectado económica y comercialmente durante estos años debido al bloqueo decretado. Y Argentina ha proyectado en el ámbito internacional una imagen que desde nuestro punto de vista, tampoco la ha favorecido.

Pero como el tiempo es un gentilhombre, la firmeza en la defensa del Derecho sigue siendo el escudo de los países más débiles.

Hace horas, el Jefe de Gabinete del gobierno argentino expresó que los cortes de ruta son malos y el gobierno cree que son un error; el gobernador de Entre Ríos advirtió que se ha instaurado en la Provincia una especie de disciplinamiento de la opinión pública a través de denostar y amedrentar a quienes expresan una opinión contraria a la que sostienen los dirigentes de la asamblea de Gualeguaychú. Ello debido a que los estudios realizados por "Green Cross" (ONG presidida por Mikhail Gorbachov), han comprobado que no hay evidencia de contaminación por parte de Botnia y que cumplido un año de su funcionamiento, su comportamiento ambiental ha respetado las normas más exigentes, incluso con márgenes superiores a las restantes plantas de la empresa en Finlandia y en otros países.

En este contexto, el gobierno argentino ha venido emitiendo señales claras respecto de la inconveniencia de mantener los cortes. Las compartimos, aunque éstas no pueden analizarse bajo la lupa de una victoria o una derrota, como si esta triste confrontación pudiera asimilarse a una puja deportiva.

La relación de vecindad con Argentina debe replantearse. Primero, porque ninguno de los dos países puede mudarse; segundo, porque a pesar de las discrepancias, ambos tienen mucho que perder dentro y fuera de la región si no prima la mesura; tercero, porque los gobiernos son circunstancias efímeras y los humores de los gobernantes no pueden estar por encima de los intereses permanentes de los Estados.

Los Presidentes deben retornar al viejo cauce de las relaciones bilaterales, es decir, ser ellos los que lideren y planteen las soluciones a los problemas y no los que los crean. Las Cancillerías tendrán que retomar sus roles centrales y recibir las instrucciones adecuadas para diseñar instrumentos que restablezcan la buena vecindad. Ellas deben ser el eje central de un trabajo profesional y disciplinado, por lo que cualquier otro actor, público o privado, deberá administrar su conducta y sus gestos para facilitar el resultado que todos esperamos.

El Mercosur podría avanzar en un Protocolo Ambiental para que todos los países tengan como referencia la obligación de respetar normas comunes. Por otra parte, un sistema de monitoreo compartido debería instalarse para controlar los índices de contaminación y dar tranquilidad a la legítima inquietud de todos los ciudadanos de la región que tienen derecho a vivir en un ambiente no contaminado.

Esto podría ser el primer paso, a la espera de la sentencia de la Corte de La Haya, mientras ambos países volverían a abordar los temas bilaterales que no se agotan en este desgraciado insuceso. La administración del Río de la Plata, del Río Uruguay, del Frente Marítimo, la complementación de políticas de transporte multimodal, la cooperación en la interconexión energética y tantos otros temas no pueden permanecer en un "freezer político" como hasta ahora. A los conflictos los alimenta el fanatismo y la mala intención; por lo contrario, la buena vecindad se construye con el esfuerzo paciente, permanente y respetuoso de las autoridades de cada país en la sacrificada tarea de administrar insatisfacciones compartidas.

A esta altura del 2009, los conflictos internacionales son titulares en todos los medios de comunicación. La carrera armamentista sigue creciendo al impulso de fanatismos religiosos y nacionalismos trasnochados que prefieren gastar sus escasos recursos en guerras, antes que atender las necesidades básicas de millones de personas. Los adjetivos ya están a la orden del día. Y desde la franja de Gaza, la globalización hace su obra trasladando a la región posicionamientos, acusaciones y descalificaciones que en nada contribuyen a preservar una relación armónica a nivel continental.

La Presidenta Cristina Fernández y el Presidente Tabaré Vázquez tienen la gran oportunidad de que el "manicomio" rioplatense vuelva a ser administrado por los facultativos y no por los pacientes. Por lo menos en el Uruguay, nadie podrá estar en desacuerdo en un entendimiento que restablezca el equilibrio inestable que marca nuestra intensidad afectiva con Argentina.

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