Los apellidos, un factor de peso en la política de EE.UU.

Dinastía. Más Kennedy, Clinton y Bush

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DANIEL HERRERA LUSSICH EN WASHINGTON, CORRESPONSAL PERMANENTE

"La política tiene un imán difícil de evadir y despierta una gran pasión, con buenos o malos vientos sacudiendo la puerta". La frase pertenece a un conocido analista de la Universidad de Georgetown, y la deslizó en medio de una disertación.

La charla era sobre la avasallante irrupción de la figura del presidente electo Barack Obama, pero el disertante no se refería al nuevo inquilino de la Casa Blanca. En ese momento, respondía a una interrogante de un estudiante: "¿Existen dinastías políticas en EE.UU.?"

La pregunta había surgido cuando en el análisis de la realidad del país una voz femenina había dejado en suspenso sus dudas: "¿Le parece conveniente que designen a Caroline Kennedy, solo por su apellido, senadora en la vacante que dejara Hillary Clinton?"

Las dos cuestiones cayeron como una bomba en el auditorio. Los runrunes se generalizaron y se transformaron casi en una gran polémica pública.

Muchas voces apoyaron la aspiración de Caroline Kennedy de llegar al Congreso. Otros en cambio, más vehementes, rechazaron la existencia de "cargos de gobierno hereditarios".

Pero el ruido más fuerte se escuchó cuando leyeron que, para la elección de 2012, podría correr como candidato presidencial republicano, otro Bush: John Ellis Bush, "Jeb", hasta hace poco meses gobernador, en dos períodos, del Estado de Florida.

Y ni que hablar cuando otra estudiante, con una página de prensa en su mano, dio cuenta que Chelsea, de 27 años, hija única del matrimonio de Bill y Hillary Clinton, podría postularse a un cargo en 2012, si no se repetía el nombre de su madre, lo que la relegaría al 2016 como segura candidata a diputada.

Sin duda son tres apellidos de enorme peso y trascendencia en la vida estadounidense. Uno, con larga trayectoria, de origen irlandés y católico, marcada por la gloria y la tragedia, de innegable renombre social. John F. Kennedy, padre de Caroline -la principal protagonista de la polémica actual de las dinastías políticas- asesinado cuando era presidente en 1963 en Dallas; su hermano Robert, "Bob", también asesinado en un hotel de Los Ángeles, cuando corría la carrera presidencial de 1968; y toda una familia, signada para el éxito, que fue noticia siempre junto a su trayectoria política, cultural y social, por accidentes, muertes y graves enfermedades. Hace unos meses, el hoy "pater familias", Edward "Ted" Kennedy, el menor de los hermanos -que aspiró en un momento a la carrera de la Casa Blanca, veterano y destacado senador-, fue operado de un tumor cerebral que se sostiene es terminal. Sin embargo apareció hace 30 días públicamente recuperado, volvió a su banca y trabajó intensamente junto a su sobrina Caroline por la candidatura de Barack Obama.

Poco tiempo después, cuando surge la aceptación para la Secretaría de Estado de Hillary Clinton, y se supo que dejaría vacante su banca en el senado, Caroline Kennedy -una abogada, escritora y graduada en artes de 51 años, mujer casada con tres hijos y hasta entonces alejada de la política, sobre la cual había dicho reiteradamente que no tenía interés-, sorpresivamente anunció su aspiración de ser nominada para ese cargo por Nueva York. En otros tiempos esa misma silla la había ocupado su tío "Bob".

Apenas Caroline exhibió sus deseos, el senador Ted Kennedy, se conectó con el gobernador de Nueva York, David A. Peterson, el encargado de realizar legalmente la nominación cuando la vacante se registra fuera del período electoral. Y la candidatura se lanzó. No quiso hacerse en el corazón de Manhattan y se llevó a cabo la informal proclamación en Harlem. Se oyeron y se han publicado los más variados comentarios. En general de apoyo, sin duda la tradición y la historia familiar apasionan. La gente admira y quiere a los Kennedy. Cuando tomo estado público la grave enfermedad de Ted, EE.UU. se conmovió y el tema acaparó las primeras planas de toda la prensa y televisión a lo largo y ancho del país. Un 76% de encuestados señaló que había seguido paso a paso la internación, intervención en el Hospital de Boston, y luego retorno al Congreso del senador.

Hasta ahora, la candidatura de Caroline parece contar con buen apoyo popular, aunque quien da la palabra definitiva, el gobernador Peterson no aceptó pronunciarse: "No haré ninguna consideración hasta la renuncia de Hillary Clinton, además pueden surgir otros nombres". Y no demoró mucho en publicitarse un rival: nada menos que el hoy fiscal general del Estado, figura muy popular, Andrew Cuomo, 51 años, divorciado de Kerry Kennedy, la hija menor (la séptima) de Bob y Ethel Kennedy. Aunque se preste a confusiones en un país de 300 millones de habitantes, es "primo" de Caroline.

La prensa y los analistas pasan de la ponderación a la crítica cuando hablan de Caroline. Una columna editorial de The New York Times dice: "Sentimentalmente me gustaría verla en el Congreso, pero en la rea- lidad, si miro la experiencia, pienso en la princesita que sube las escaleras del Palacio".

Jeb Bush, 55 años y tres hijos, hace dos años figuraba como firme candidato presidencial luego de una buena gobernación en Florida. Pero, sin duda, la catastrófica gestión que da la despedida a su hermano George W. Bush de la Casa Blanca, restó toda esperanza. Y declaró hace pocas horas: "No corro la carrera presidencial futura ni la del Senado con la vacante reciente del congresista republicano, Mel Menéndez", cerrando el camino a un futuro político más o menos cercano. Sin embargo no piensa lo mismo el ex presidente, su padre George H. Bush, quien enfatizó en una entrevista con la cadena Fox: "Jeb es competente, sumamente capaz, me gustaría verlo en una campaña electoral. Lo veo, no ahora, como presidente de los Estados Unidos".

A su vez el influyente medio quincenal New Yorker dio la noticia de que ya existe un movimiento para impulsar el nombre de Chelsea Clinton, 27 años, licenciada en Historia en la Universidad de Stanford y master en Relaciones Públicas en Oxford, en Inglaterra, para la diputación o el Senado. La joven, que había tenido mucha exposición pública cuando su padre era presidente y últimamente activa participación en las primarias demócratas acompañando el nombre de su madre, Hillary Clinton, por todo Estados Unidos, demostró enorme facilidad de palabra y un atractivo cautivante sobre las audiencias, en charlas ofrecidas en más de 10 universidades y en múltiples apariciones en televisión. Ha repetido que no quiere saber nada de candidaturas, pero tampoco oculta que la política le apasiona y no deja de sonreír cuando le mencionan la posibilidad de ingresar al Congreso.

Se vuelve entonces ante este panorama a las interrogantes: ¿existen dinastías políticas, y qué piensa el estadounidense?

Sin duda hay familias con fuerte tradición política. Y en una encuesta realizada cuando la lucha parecía aupar a Hillary a la Presidencia y perpetuar a dos clanes familiares en el poder (Clinton y Bush) por más de 20 años, la respuesta del pueblo americano fue: 54% de los consultados no dieron importancia al hecho, un 31% lo rechazaba, y un 13% lo apoyaba.

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