"Ser feliz me da vergüenza"

ANDREA DURLACHER

Como siempre digo, el que quiera comprar una secta bizarra de topos de conchas de caracol, que visten gabardina y fuman pipas de ramita, que visite Piriápolis. Yo jamás caí en semejante transacción comercial, por si atacan de noche. Aquí, mi tradicional primera compra del verano son unos cuantos caramelos masticables, que como mientras miro una serie de libros y revistas. Y nada de pretensiones culturales, sólo desconcierto por los títulos ofrecidos. No necesito aclarar que los misteriosos topos fumadores, los caramelos masticables, los libros y las revistas se venden en el mismo kiosco: versatilidad clásica de los comercios más prósperos de Piriápolis.

Quiero que los títulos de los libros expliquen qué sienten estos enigmáticos veraneantes, grandes compradores de artesanías faunasmagóricas, por lo que se deduce de la oferta de sus vitrinas. Viciosos y pecadores, cuando entiendan en qué fallan, Piriápolis promete que los aciertos comenzarán: "¿Por qué no podemos ser fieles?"-yo no me casaría con el autor- y "¿Por qué vuelvo a engordar" -tampoco, ningún obeso, hasta donde sé, adelgazó sólo por dar con la causa adiposa-. Bipolaridades: "Ser feliz me da vergüenza", de Sebastián Wainraich, o el horóscopo de Ludovica del año 2006, a ver si se había equivocado. Patoruzú, Archie, la inesperada autobiografía de Naomi Campbell, enciclopedias sobre fauna marina, salud inestable, consejos para los jóvenes que enfrentan la muerte... Libros para mujeres fatigadas por las horas de convivencia en la casa alquilada: "Cómo amar a un hombre imperfecto", "Feminismo para principiantes", "Secretos de una porno-star", "Mujeres que viajan solas", la potencial compradora de instrucciones para viajar sola, ¿viaja sola?, ¿a Piriápolis? En su conjunto, los títulos dan un tono; pero cuesta saber si es a propósito o por la desidia que impulsa la venta lenta de cualquier cosa. Como cuando estaba en el probador y una mujer, que abrió sorpresivamente la puerta, me pegó en la cabeza:

-Señora, ¿no me va pedir perdón?

-Pero qué te voy a pedir perdón, si viste que estaba abriendo despacito.

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