¿Fecundación asistida o adopción?

| No hay que dejar de considerar al hijo como un don. La adopción legal debería ser un acto de generosidad.

Ana Maria Abel En momentos en que en Uruguay se comienza a estudiar los límites y el marco legal de la fecundación asistida, nos enteramos de personajes famosos que exhiben a los hijos como un logro más en su ilimitada carrera de objetivos como un trofeo personal.

Junto con la fama adquieren casas en privilegiados paraísos, coches último modelo y uno o dos niños. Si llegan por la vía natural, mejor. Si no, para eso están "los recursos modernos" que están provocándonos el dejar de considerar al hijo como lo que es: un don, un regalo. En ocasiones está pasando a ser un bien de consumo.

Según los expertos, las principales causas del aumento de la esterilidad actuales son por una parte el retraso en la edad de la maternidad y por otra, en los países desarrollados, la disminución de la calidad del semen: hechos que han convertido a la adopción y la reproducción asistida como otras vías de acceso a la paternidad.

¿Qué diferencia media entre la paternidad biológica y la adoptada? ¿Son igualmente naturales la reproducción natural y la asistida? ¿Qué condiciona la aspiración de compensar la frustración originada por deficiencias orgánicas? ¿Cuánto de altruista tienen ambas? Estos interrogantes inducen un serio replanteo de valores y reglas morales.

Durante mucho tiempo han sido admirados los matrimonios que, con un alto grado de generosidad y entrega tomaban la difícil decisión de adoptar un niño.

La adopción legal es o debería ser un acto de generosidad. Pero sólo puede recibir ese nombre si es desprendida y se busca principalmente un beneficio para el niño. De otro modo su nombre sería, sencillamente, egoísmo.

La dignidad personal del hijo conlleva el hecho de sus verdaderos derechos frente al pretendido "derecho al hijo" de unos padres. El principal derecho de un niño es recibir la vida como fruto de un acto específicamente humano del amor de sus padres.

Consecuencia lógica: no puede ser considerado como un objeto de propiedad debida que, si no llega naturalmente, puedo buscarlo a toda costa.

En ocasiones sorprende el cariz que toma este tema en la mal llamada sociedad del bienestar: se confía la vida y la identidad del embrión al poder de médicos y biólogos y se instaura un dominio de la técnica sobre el origen y sobre el destino de la persona.

Ese dominio ¿no es además de antiecológico y opuesto a la dignidad e igualdad que debería ser común a padres e hijos? ¿No es buen momento para pensar en facilitar el deseo de ser padres en la adopción?

Ofrecer al niño privado de familia aquello que realmente necesita, unos padres, salvaguarda la ecología humana sin intervenciones arbitrarias en el misterio de la vida.

"Yo trabajo para la familia"

Para la economista española Nuria Chinchilla decir "yo trabajo para la familia" puede ser un engaño. Si nos pasamos la vida trabajando para comprar una casa, un auto o una lancha y no estamos con los hijos, la mujer o el marido, nos tendemos una trampa.

La familia como base de la economía.

Gary Becker, premio Nobel de Economía (1992), manifiesta que mantener la familia unida es una necesidad básica porque la familia es la base de la economía. Por eso las políticas sociales deben ayudar a armonizar la vida del trabajo de la casa y la vida laboral externa.

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