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Crisis prueba la confianza mundial sobre el dólar
THE ECONOMIST
La crisis financiera actual pone a prueba muchos de los pilares en los que se sostiene la confianza mundial en el dólar. Si los mercados algún día huyeran del dólar, Estados Unidos enfrentaría la doble pesadilla que persigue a los países emergentes en momentos de colapso financiero: crisis simultáneas de la banca y la moneda.
¿Cuáles serán los efectos a largo plazo del desastre en que se encuentra la economía global? Pronosticar las consecuencias de una crisis que aún no llegó a su final resulta peligroso. Pero, surge con claridad, aun ante la ausencia de una calamidad, que cambiará la dirección de la globalización, con Estados Unidos como líder y el triunfo de los mercados sobre los gobiernos. Ese proceso ahora se está revirtiendo de tres maneras importantes.
En primer lugar, las finanzas de Occidente serán otra vez reguladas. Como mínimo, las zonas de las finanzas modernas que funcionan con más libertad, como es el mercado de US$ 55 billones de derivados financieros, serán llevados al ámbito de la regulación. Las normas sobre los capitales serán renovadas para reducir el apalancamiento y realzar la resistencia del sistema. El laberinto de reguladores que se superponen en Estados Unidos será reordenado. El grado de control que se imponga dependerá menos de la ideología que de la severidad de la caída económica. La Depresión de los años 20, en contraste, no sólo renovó la estructura de las finanzas en Estados Unidos, sino que significó la aplicación de regulaciones a amplias zonas de la economía.
Esto conduce al segundo punto: el cambio que se produce en el equilibrio entre el Estado y los mercados en ámbitos más allá de las finanzas. En muchos países, un impacto mucho mayor que se produjo en los últimos dos años fue a través de los precios siderales de los commodities, por el que los políticos han culpado de la especulación financiera. El pico de precios de los alimentos a fines de 2007 y comienzos de 2008, provocó agitación en 30 países.
En respuesta, los gobiernos a lo largo del mundo emergente ampliaron sus alcances, incrementando los subsidios, fijando precios, prohibiendo exportaciones de materias primas clave y, como en el caso de India, limitando las operaciones a futuro. La preocupación por la seguridad alimentaria, sobre todo en India y China, fue uno de los motivos principales por los que se frustró la ronda de Doha de negociaciones comerciales mundiales.
En tercer lugar, Estados Unidos está perdiendo su poder económico y autoridad intelectual. Así como las economías emergentes están definiendo la dirección del comercio global, también definirán de manera creciente el futuro de las finanzas. Ello es especialmente cierto de países acreedores ricos en capital como es el caso de China. Reducir el apalancamiento -la necesidad de endeudarse para financiar determinadas operaciones y actividades- de las economías de Occidente será menos doloroso si los países asiáticos, que tienen abundancia de ahorro, y las naciones exportadoras de petróleo, inyectaran más capital. Su influencia crecerá junto con el peso económico. El vicepremier de China, Wang Qishan, habría dicho a sus colegas estadounidenses, en una reciente cumbre, que "ahora, los maestros tienen algunos problemas".
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