|
||||||||
MARCELLO FIGUEREDO
Craig Ewert. Así se llamaba el hombre que en septiembre de 2006 se suicidó delante de una cámara y hoy está haciendo pensar al mundo. Ewert, nacido en Estados Unidos y a la sazón un académico jubilado de 59 años, padecía una enfermedad neurológica incurable y recurrió a Dignitas, una clínica de Suiza (donde el suicidio asistido no está penalizado) para emprender allí su último viaje.
"Optar por seguir vivo era lo mismo que elegir la tortura", había dicho.
Por cierto, su caso no es el único. Dignitas ha ayudado a morir a cientos de ciudadanos que pagan unos 4.500 dólares para cumplir su última voluntad a salvo de un Estado que castigue a sus familiares y amigos por ayudarlos. Pero lo particular del caso Ewert es que fue filmado para un laureado documental que el canal británico de cable Real Lives emitió el miércoles pasado.
La polémica no se hizo esperar. La televisión introducía en los hogares un extremo de la realidad que sólo la ficción se había atrevido a tratar (recuerden Mar adentro) y no faltaron las acusaciones de amarillismo. Los grupos contrarios a la eutanasia denunciaron una fascinación macabra por el turismo de la muerte, las autoridades alertaron a los informativistas sobre la objetividad con que debían tratar el incómodo asunto del suicidio, y los voceros pro vida sostuvieron que era muy peligroso mostrar este tipo de cosas en televisión.
Parte del documental puede verse en YouTube. Craig llega en su silla de ruedas al apartamento de Zurich donde ha ido a morir. Mary, su mujer, lo baña dedicadamente, como ha hecho miles de veces. Craig explica que lo que tendría por delante es más sufrimiento, amén del que desde su punto de vista ya ha infligido a su familia. Dice que si no hace esto acabaría muriendo, posiblemente, de una manera más estresante y dolorosa. Firma un documento. Uno de los hombres que lo asiste le acerca el vaso con la dosis mortal de barbitúricos, que habrá de sorber con una pajita. La advierte que si la toma, morirá. Craig asiente. Su mujer lo besa. Te quiero, dice ella. Te quiero mucho, corazón, responde él. Mary le acaricia el pie izquierdo, enfundado en un calcetín negro. Luego lo toma de la mano. Morirá en menos de una hora. Ese momento no se ve en la sinopsis disponible en YouTube, aunque ya sabemos que Mary despidió a su marido diciéndole "buen viaje, querido. Te veré alguna vez", y que la última palabra del suicida fue, simplemente, "gracias".
Cada uno tendrá su punto de vista sobre el asunto de fondo. Como el mío prefiere la vida en paz con la dignidad de los hombres que la muerte en paz con la moral de los dioses, estoy con Craig y con la despenalización del suicidio asistido. Pero aquí quiero opinar sobre el efecto secundario de este conmovedor episodio: en medio de tanta chabacanería poblada de idiotas capaces de denigrarse hasta lo inhumano con tal de aparecer en pantalla, la televisión, por fin, nos invita a pensar. No deberíamos escandalizarnos tanto. Lo que nos está matando en vida es otra cosa, y eso no parece asustar a tanta gente.
| « volver |
El senador tupamaro José Mujica ventiló ayer toda su bronca por las "presiones" y el "chantajismo" en el Frente Amplio para que ...
La compañía argentina Eidico -que se encarga de la construcción de barrios privados- dejó en suspenso la construcción de un ...
Hoy se realizará en la rambla de Pocitos una nueva edición de la Noche de las Luces, con un desfile navideño a partir de las 20 ...
La delincuencia no respeta a nadie. Ni los más conocidos integrantes del gobierno se salvan de la inseguridad. Ahora le tocó el ...
Una medida gremial afecta los servicios de transporte capitalino a raíz de una serie de cinco atentados que se registraron en las ...