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Domingo 16.11.2008, 06:12 hs l Montevideo, Uruguay
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Internacional

El talibán resiste y no quiere saber nada con paz

Lucha de extremistas no cesará hasta que vuelva a regir la ley islámica en Afganistán

NEWSWEEK

No pregunten al mullah Sabir sobre las conversaciones de paz. No hay nada de qué hablar, dice el alto y fornido afgano, quien es uno de los comandantes de mayor grado de los talibanes. "Esta no es una campaña para que haya cambios en las políticas, se comparta el poder ni se obtengan cargos ministeriales", indica a Newsweek, en un comercio de ropa situado en la frontera entre Afganistán y Pakistán.

"Estamos librando la Jihad (Guerra Santa islamista) para que la ley islamista vuelva a regir en Afganistán". La negativa a negociar surge directamente del supremo líder talibán, el mullah Mohammed Omar, señala Sabir, quien no quiso que se publicara su nombre completo. "El tono de su rechazo ha sido tan fuerte desde el comienzo, que nadie se atreve a plantearle el tema".

El problema es que Sabir no ha visto al mullah Omar en años y no sabe de nadie que haya tenido contacto con éste. Mensajes difundidos por Internet en nombre del mullah Omar, coincidiendo con fechas de celebraciones musulmanas, constituyen el único indicio de que el tuerto Comandante de los Fieles todavía está con vida. De cualquier manera, Sabir dice que él y miles de otros talibanes no dejarán de combatir hasta que retornen al poder.

Todo el mundo parece ansioso por hablar de paz en Afganistán, excepto los únicos que pueden convertir ese deseo en hechos. El brutal aliado de los talibanes en la insurgencia, Gulbuddin Hekmatyar, dio su apoyo a la idea de hacer negociaciones. Lo mismo hizo el secretario de Defensa de Estados Unidos, Robert Gates. El rey Abdullah, de Arabia Saudita, personalmente fue anfitrión de una discusión exploratoria en la Meca, durante el Ramadán, entre autoridades afganas y paquistaníes, así como ex miembros del Talibán. Hace un par de semanas, los ancianos de las tribus afganas y paquistaníes y los políticos, sostuvieron reuniones, durante dos días, en Islamabad.

Pero los combatientes del mullah Omar no están dispuestos a dejar la lucha, mientras tienen nuevo impulso. Por primera vez, el número de bajas de la Coalición en Afganistán, desde mayo, supera el número de muertos que tuvo Estados Unidos en Irak. La insurgencia afgana, que parecía liquidada en 2004, ha vuelto con fuerza.

Los estadounidenses tampoco corren para llegar a la mesa de negociaciones, pese que Gates, en principio, dio su apoyo a las negociaciones. No habrá grandes acciones hasta que Barack Obama asuma la Presidencia de Estados Unidos. De cualquier manera, el consenso es que la situación todavía no está bien. "Si uno va a las negociaciones cuando parece estar militarmente débil, entonces está negociando una rendición parcial", advierte Robert Neumann, que fue embajador de Estados Unidos en Afganistán, de 2005 a 2007. La esperanza es que el general David Petraeus, el arquitecto de la estrategia de refuerzo masivo en Irak, encontrará la manera de solucionar el problema, en su nuevo papel de Jefe del Comando Central de Estados Unidos.

al qaeda. La situación comenzó a cambiar en Irak cuando los líderes tribales de la provincia de Anbar, hartos de la brutalidad de Al Qaeda en Irak, se unieron contra la insurgencia. Pero, el movimiento talibán no dirige su propia guerra ni recibe órdenes de extranjeros psicópatas.

Los comandantes del talibán dicen que los jihadistas globales de Osama Bin Laden, dejaron de ser una fuerza significativa en Afganistán. "Si se quieren esconder y pelear aquí con nosotros, no los frenaremos", señala el mullah Sabir. "Pero, no tienen bases aquí y no les dejaremos usar nuestro territorio como lo hicieron antes de los ataques contra Estados Unidos". Los ataques del 11-S y la invasión estadounidense resultante son una fuente de profundo resentimiento entre los talibán. "Hoy estamos luchando debido a Al Qaeda", protesta Sabir. "Perdimos nuestra Estado islamista. Al Qaeda no ha perdido nada". Igual, las conversaciones con cualquier segmento del movimiento Talibán deberán ser predicadas sobre la base de una ruptura total con Al Qaeda.

FISURAS. Si esa condición no se cumpliera, el general Petraeus todavía puede encontrar fisuras para explotar. Algunos combatientes son nacionalistas pashtunes; otros estrictamente islamistas y también hay -simplemente- matones.

"Sobre la base de lo que escuchamos mientras estuvimos allí, muchos de esos hombres están involucrados en la insurgencia, primero por motivos económicos y, en segundo lugar, por motivos ideológicos", indica Nathaniel Fick, que prestó servicio en Afganistán como oficial del cuerpo de Marines, durante el primer año de la guerra, y retornó hace pocos meses para realizar investigaciones para el Centro para una Nueva Sociedad Estadounidense. "Ochenta por ciento de los combatientes lo hace a tiempo parcial. Lo sabemos de informaciones recogidas por los militares. Uno puede pensar que la mayoría de esos luchadores de tiempo parcial, puede ser reconciliable, es decir, que puede ser persuadido para dejar la insurgencia. Hasta algunos miembros de alta jerarquía muestran interés por el encuentro en Arabia Saudita. "Ahora, los talibanes saben que hay otro camino, además de la opción militar", sostiene Zabibullah, un operador político talibán, en Pakistán. "Las conversaciones pueden ser un asunto a considerar".

Pero, un vocero talibán negó con vehemencia las informaciones de que el mullah Omar envió representantes y hasta una lista de demandas a la reunión en Meca.

odio común. Los talibanes siempre han sido, básicamente, una amalgama flexible de milicias tribales y regionales. Los comandantes, de manera individual, tienen enorme autonomía en sus zonas de origen. Algunos siguen aplicando los dictados medievales del desaparecido régimen que encabezó el mullah Omar, mientras otros toleran la música, clases para niñas sobre el Corán y hasta televisores. En la provincia de Helmand, adonde se aplica la línea dura, se permite a los peluqueros recortar las barbas. Los une su odio visceral al presidente de Afganistán, Hamid Karzai. Es más probable que los comandantes talibanes terminen conversando con los estadounidenses antes que con él, aunque la idea de incrementar las tropas occidentales en ese país puede volver a acrecentar el odio.

La desconfianza se disemina en sus filas. Fuera del campo de batalla, los combatientes talibanes se preguntan en voz alta qué ocurrió con el mullah Omar. Algunos creen que está bajo arresto domiciliario o lo que es peor, fue puesto en esa situación por su cuñado, el mullah Baradar. "Puede haberse aquietado por decisión propia, o alguien lo quitó", dice un ex asistente del mullah Omar, a quien no se nombra para evitarle problemas. "Durante los últimos dos años, nadie que yo conozca tiene pruebas sólidas de dónde está o qué está haciendo". ¿Qué diría el mullah Omar sobre masacrar civiles o decapitar a los prisioneros en nombre de la Jihad?, pregunta su ex asistente, quien describe a su ex jefe como un hombre decente.

El manual del perfecto yihadista en el extranjero

En Medio Oriente no hay mayores problemas. Pero en Occidente, el "yihadista" debe tomar precauciones. Tanto así, que hay un manual de seguridad titulado "La clandestinidad en la yihad es un deber legítimo". Este documento, de 30 páginas, fue confiscado en Cataluña, España, a un carnicero marroquí detenido y procesado por dirigir una red de Al Qaeda que enviaba suicidas a Irak. Aquí están los principales puntos.

1. Clandestinidad. "La clandestinidad es un deber legítimo. El secretismo es un factor clave en cualquier guerra. Es un error negar su uso para la yihad porque los infieles gobernantes reclutan a miles de agentes de inteligencia para obtener información sobre los muyahidines. Quien dice que no hay secretismo en las operaciones islámicas contradice la `sunna` del Profeta".

2. Mentira. "Muchos ulemas permitieron usar la mentira en caso de conseguir un beneficio religioso que pueda acabar con el castigo de los infieles hacia los musulmanes. El musulmán tiene que imitar a los infieles en su forma de vestirse si eso va en beneficio del Islam".

3. Precaución. "Hay que tener mucha precaución para llevar a cabo cualquier operación yihadista porque cualquier error, por pequeño que sea, puede costar la vida a mucha gente".

4. Rutina, no. "Hay que cambiar la forma de vestir, de corte de pelo, de lugar de residencia y rutas de transporte. Usa apodos, nombres y códigos falsos, incluso entre los miembros del mismo grupo. Si prestas tus libros a alguien, no escribas tu nombre en ninguno".

5. Información. "Los papeles con información, quémalos o échales agua encima y tíralos por un desagüe. En caso de urgencia, trágatelos si alguien irrumpe en tu caso. Si es plástico u otro material, destrúyelo, entiérralo o tíralo al mar. La escritura debe hacerse con tinta de escritura invisible".

6. Codificación. "Las órdenes del emir (jefe) tienen que tener un código secreto acordado anteriormente.

7. Célula. "Los miembros del grupo tienen que acordar siempre cuatro puntos muy importantes: obediencia, secretismo, paciencia y defensa de los emires. No respondas a las preguntas de tus compañeros de grupo ni recibas instrucciones de ellos, salvo con permiso de tus líderes.

8. Documentación. "El pasaporte tiene que ser con un nombre falso. La foto tiene que ser sin barba y la profesión mencionada una muy sencilla... Si no es la tuya, aprende algo sobre ella".

9. Experiencia. "Hay que estudiar detenidamente las anteriores operaciones islámicas que tuvieron éxito y organizar encuentros con los yihadistas con más experiencia, especialmente los que sufrieron persecución, detención e interrogatorio". El país de madrid

Para EE.UU., la guerra será larga y sin plazos

El próximo presidente de Estados Unidos, Barack Obama, necesita planificar una larga y dura lucha. Ante la consulta de Newsweek, pocos días antes de su triunfo en las elecciones, Obama, en una respuesta por correo electrónico, expresó dudas respecto de hasta dónde puede estirarse el caso de Irak. "Coincido con el general (David) Petraeus de que un tema que vale la pena explorar es si existen oportunidades de tipo similar en Afganistán. Pero, Irak y Afganistán son países muy diferentes. No podemos esperar simplemente poder exportar la estrategia de las tribus de la provincia de Al Anbar a las tribus de la provincia de Hellmand (Afganistán)… Toda iniciativa para separar a los moderados de los elementos radicales deberá estar profundamente enraizada en los esfuerzos de los propios afganos".

La pregunta que sigue abierta es si alguien en Afganistán es capaz de esfuerzos de esas características, o de sentarse a la mesa de negociaciones. A diferencia de Irak, aquí Obama no piensa en plazos. "No tenemos un límite de tiempo para la victoria o la derrota", comenta. "Nuestro deber es seguir luchando". Resulta difícil derrotar a ese tipo de decisión. Pero, como Petraeus gusta decir, "difícil no significa sin esperanza".

Por cierto, los planes estadounidenses de enviar más tropas a Afganistán no gozan de popularidad entre los locales. "Ninguno de mis amigos afganos, fuera de los círculos oficiales, nos piden que enviemos más soldados", señala un diplomático occidental en Kabul. "Las fuerzas extranjeras, no importa el cuidado con que actúen, igual causan bajas civiles y cometen errores".

Cada vez que un bombardeo aéreo causa la muerte de civiles o cuando las tropas estadounidenses toman como objetivo, por error, a una vivienda, crece el apoyo popular a los insurgentes. "Este no es un dato científico, pero decimos que por cada tipo que matamos, nosotros probablemente `reclutemos` a tres", dice un oficial militar occidental, que opera a ambos lados de la frontera y pidió que no se mencionara su nombre en temas sensibles. "Uno mata a uno de ellos, y su hermano, su primo, se incorporan para vengar esa muerte". Muchos soldados de Estados Unidos coinciden en señalar que los talibanes usan a civiles afganos como escudos humanos. Igual, Estados Unidos enviará 3.500 soldados adicionales y los planificadores del Pentágono dicen que puede necesitarse hasta 20.000 soldados más antes de que los talibanes comiencen a desmoronarse. Nadie sabe de dónde provendrán esos soldados.

Los santuarios en la frontera afgano-paquistaní son el foco principal de la acción. Un jerarca paquistaní reveló que Petraeus ya delineó su plan básico para una campaña conjunta contra los talibanes. Él la denomina una estrategia de "martillo y yunque", por la cual las fuerzas de EE.UU. golpearán los bastiones de los insurgentes en Afganistán y los paquistaníes frenarán la retirada en la frontera. El jerarca sostiene que los paquistaníes están dispuestos a cumplir con su parte. newsweek

El País Digital

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