Montevideo: soleado  l  Temp:20ºC  l  Ampliar pronóstico
Inicio   l    Ultimo Momento   l   Edición Matutina   l   Ediciones anteriores   l   Mi registro   l   Contacto
Domingo 02.11.2008, 04:01 hs l Montevideo, Uruguay
Vota por esta noticia:
Desinteresa/No aporta Común/Importa poco  Interesante  Muy Interesante  Excelente/Gran aporte
  Total de votos:
Desinteresa/NoComún/ImportaInteresanteMuyExcelente/Gran 5 votos
Comentarios: 0  | escuchar nota |  | achicar texto |  | agrandar texto |  | enviar nota |  | imprimir nota |
« volver

Ciudades

Cuando el liceo busca su segunda oportunidad

Educación. Con flexibilidad y seguimiento individualizado, el programa Aulas Comunitarias apunta a mantener a los adolescentes en el sistema educativo En el primer año, 248 alumnos aprobaron | Educación. "Sé que si tengo dudas te hablan y te convencen para que sigas", dijo Nicolás, un alumno de 15 años El espacio del Aula es como una casa: hay sillones, cocina y el recreo es en la calle

XIMENA AGUIAR

Con 14 años, Wendy tomaba un cafecito todas las noches para estudiar, después de pasar el día cuidando niños y arreglando la casa. No logró terminar primer año. Ahora tiene 15, buenas notas y quiere ser abogada. Encontró un liceo para ella.

Wendy no era el perfil de estudiante que espera Secundaria: su madre tiene problemas psiquiátricos, su hermana está en un hogar del INAU, y ella vive prácticamente sola, aunque la apoyan su tía y sus vecinos. Pero, a juzgar por los resultados, son demasiados los chicos que no encajan en lo que espera la institución educativa: uno de cada tres estudiantes no logra aprobar primero de liceo en el primer intento.

Seguramente todos esos fracasos pueden ser explicados por las situaciones particulares de cada uno de los adolescentes. Pero, cuando se suman, corresponde que el sistema educativo se cuestione sobre su responsabilidad. Uno de los intentos de Secundaria por garantizar la educación obligatoria a los jóvenes que por una u otra razón se desvincularon del sistema es el programa Aulas Comunitarias, que realiza desde 2007 junto al Ministerio de Desarrollo Social y las ONG.

En este programa, los adolescentes entre 13 y 16 años que abandonaron o nunca se inscribieron en primer año de liceo pueden cursarlo en pequeños grupos, con un seguimiento individualizado del aprendizaje y mayor flexibilidad en aspectos como faltas, llegadas tarde o maneras de vestir. Para quienes están más alejados de la educación formal, la propuesta implica prepararse para cursar primero el próximo año.

Muchos de los alumnos trabajan, vienen de familias pobres y viven hacinados. Esta vez les tocó a los profesores adaptarse a lo que ellos necesitan.

En la publicación que resume el primer año de la experiencia, los docentes consignan su impotencia, su frustración y sus emocionantes logros. En 2007, 284 adolescentes aprobaron primero gracias a este programa. Otros 148 abandonaron.

A partir de las revisiones de la propuesta "iremos aprendiendo no sólo para mejorar este programa específico, focalizado, sino para las políticas universales", dijo la ministra de Desarrollo Social, Marina Arismendi, en la presentación de los primeros resultados.

Al aula. En el aula comunitaria N°4, en Paso de la Arena, llama una madre para quejarse de que no puede dominar a su hijo, que anda en la esquina y se acuesta tarde. El coordinador la atiende y le cuenta que allí le está yendo bien: es delegado de clase y está muy involucrado con la propuesta. "Repitió dos veces primer año y está intentándolo de nuevo. Son cosas que nadie valora", sostiene.

Experiencia de cambio

33.963 fueron los inscriptos a primero de liceo en 2008, unos 1.500 más que en 2007. El ciclo básico de secundaria recibe algo más del 90% de cada generación de estudiantes, pero las altas tasas de deserción, repetición y rezago hacen que de él egrese solamente un 55%. En 2007, de quienes cursaron primero en liceos públicos de Montevideo, 38,6% repitió y 1,8% abandonó. En el interior, repitió 19,8% de los estudiantes y 7,5% abandonó.

En 2007, 689 alumnos asistieron a aulas comunitarias. De ellos, 517 cursaron primero de liceo: 55% aprobó, 11% repitió, 29% desertó y 5% nunca asistió o abandonó en marzo.

Hay 12 aulas comunitarias (Maroñas, Gruta de Lourdes, La Teja, Paso de la Arena, Puntas de Manga, Villa Española, Cerro, Piedras Blancas, Delta del Tigre, Paso Carrasco, Las Piedras, Maldonado). El año que viene se añadirán 6 más, con lo que se espera abarcar unos 1.000 alumnos.

A tres cuadras de allí, en el liceo 24, la directora atiende la llamada de otra madre. Quiere dar un aviso sobre su hija, pero no sabe en que clase está. La directora tampoco lo sabe, al liceo asisten casi 1.000 estudiantes.

Esa es una de las diferencias cruciales entre un liceo común y un aula comunitaria: el aprendizaje individualizado. Pero hay muchas otras. El aula parece una casa, con sillones, cocina y salones. La puerta está abierta y en los recreos salen a jugar al fútbol en la calle. El liceo está trancado con llave. Un cartel en la puerta aclara que no se puede ingresar con ropa inadecuada. En los pasillos se suceden las puertas cerradas.

En el Aula las clases empiezan a las 8.30. Pero cuando un alumno llega tarde o cuando regresa después de haber faltado, la primera reacción no es señalarle que puede perder el año, sino recibirlo afectuosamente y preguntarle qué le pasó. Puede parecer poco, pero el gesto es resaltado por docentes y alumnos como una gran diferencia.

En clases de 16 alumnos se suceden asignaturas curriculares y talleres (inserción educativa, plástica, salud). El desayuno y el almuerzo también se hacen en conjunto. Las clases duran 35 minutos y las 11 materias anuales se reparten en 5 y 6 por semestre. Pero la mayor diferencia son los dos referentes, Camilo Silvera (estudiante de trabajo social) y Claudia Moreira (educadora social) que están siempre allí y conocen la situación de cada uno.

Trayectoria. "La mayoría de los chiquilines tiene un montón de faltas, por llegadas tarde, por boletos, por la organización familiar: cuidan hermanos, cuidan la casa, tienen que llevar a un hermano a la escuela… Y realmente en la familia está pautado así, no está en discusión. Tratamos de trabajar desde ahí para encontrar un camino en el sistema educativo que los motive y les interese", explicó Silvera.

La historia de su desvinculación del sistema educativo tiene puntos en común. "Generalmente vienen con historias escolares de fracaso, algunos con problemas de conducta, otros de aprendizaje, repeticiones... y vienen desfasándose con respecto a su edad y su grupo de pertenencia. Ahí se va generando un cierto perfil, que es abonado por el sistema, que lo ve como un chico repetidor, un `extraedad`. Y nunca se hace una intervención para que tenga otra oportunidad".

Al entrar al liceo hay "un embudo" selectivo. "La institución liceal espera un perfil de chiquilín que la escuela muchas veces no saca. Lo termina sacando por otras cosas, porque ya tiene 14, porque el proceso que hizo es bueno, pero no es bueno teniendo en cuenta lo que espera secundaria", explicó Silvera.

Por otro lado, muchas veces sus padres no consideran una prioridad que ellos continúen su educación. Brenda (14) terminó Primaria y ni se anotó en liceo, comenzó a cuidar a sus primos pequeños. A la madre de Valeria (15) no le gustaba que en el liceo no controlaran lo que hacía su hija en las horas libres y prefirió que dejara de ir. Nicolás (15) dice que dejó porque se aburría y que en la casa no le dijeron nada. Son pocos los padres de estos chicos que estudiaron secundaria, y a veces consideran que la apuesta educativa es para el hijo con mejores resultados académicos.

Cuando comienzan a aparecer los resultados, la familia cambia su punto de vista. "El año pasado había un par de familias que nos llamaban a ver si era verdad que al hijo le estaba yendo bien. `Mamá, me saque 8 en matemática`. Y llamaban `No puede ser, copió. Si en el liceo me decían que era un burro`", recordó Silvera.

Problema de dos. "Si miramos las declaraciones de los jóvenes que están fuera de la educación media, todos dicen `estoy fuera porque yo no tengo condiciones`, `a mí no me da la cabeza`, `quise pero no puedo`, `no es para mí`. Siempre buscan la autoculpabilidad. Eso lleva a debilitar la fortaleza para poder construir un proyecto de vida", señaló Alex Mazzei, consejera de Educación Secundaria. "El Aula tiene para nosotros ese componente, de ayudar a empoderar a estos jóvenes, hacerlos sentir que pueden, para poder ingresar al otro año al liceo en igualdad de condiciones que sus compañeros", añadió.

Pero para recomponer ese vínculo, no habría que trabajar sólo sobre el alumno, señala Silvera. "Cuando se rompe un vínculo los dos tienen parte. Nunca es unilateralmente. El liceo exige cosas, el chico no las cumple, el liceo tiene penas disciplinarias, suspensiones amonestaciones, bajas, faltas, ahí es un vínculo que se está rompiendo. Nosotros trabajamos para que los chiquilines piensen qué pueden mejorar, qué pueden modificar. Cabe preguntarse si el liceo también se pregunta eso, en qué me equivoqué con estos chicos, cómo los recibo de vuelta. Uno de los desafíos del programa esta ahí, sin duda".

En el liceo 24 se anotaron en segundo 8 chicos que hicieron primero en Aulas. "Hay uno o dos que dejaron de venir, y unas chicas que están trabajando y van bien", dijo la directora. El choque del paso a segundo "para mí es el talón de Aquiles del programa", consideró Moreira. "Pasan de este medio, donde hay dos personas todo el tiempo para ellos y un montón de cosas estimulantes. Van al liceo y… en general, más del 50% ha abandonado", señaló.

En su opinión, parte de la explicación es que "al cursar las materias semestralmente, se pierden parte de los contenidos. Por otro lado, en el liceo hay una relación impersonal con los gurises. Hay adscriptos y profesores comprometidos, pero son grupos numerosísimos". Además, hay problemas de fondo, relacionados con su situación social. "Para ellos educación no es lo mismo que lo que fue para nosotros: imprescindible, importante para el futuro. Quizás no lo visualizan así. Es comprensible, porque son gurises que no tienen muchas oportunidades", consideró. Y se mantienen las razones por las que pueden desertar del Aula. Por ejemplo, un chico de 14 con gran conflictividad familiar y otro que vivía en calle, a pesar de los esfuerzos por flexibilizar la propuesta y apoyarlos, abandonaron el espacio, recordó Moreira.

Pese a lo que falta por hacer, algunos logros ya son patentes. "En mi casa las cosas están más tranquilas", dice Valeria. "Creo que me voy a enganchar en segundo. Sé que si tengo dudas te hablan y te convencen para que sigas", dice Nicolás. "Yo le voy a dar duro. Mi meta es terminar el liceo, yo quisiera llegar. El año pasado no me importaba, pensaba siempre en el pasado, en mi vida anterior. Y ahora estoy bien en el presente. Y para adelante", dice Wendy.

Las cifras

16 Es el número de alumnos en cada uno de los dos grupos que cursan primero de liceo en el Aula N° 4, en Paso de la Arena.

35` Es la duración de clase de una materia en el programa de Aulas. Se dan 6 asignaturas por semestre, para concentrar la atención.

Desafío para la docencia

El desafío y la impotencia marcaron muchas de las reflexiones de los docentes que participaron en el programa. "De los 24 adolescentes que cursan primero este año, hay 22 que trabajan sistemáticamente: cortando juncos, cosiendo esteras, en la zafra de la frutilla, haciendo jardines, cuidando niños, descargando pan, lavando ropa. ¿El liceo se ha preparado para asumir esta realidad?", consideró uno. "Estoy trabajando Historia como creo que no hay que hacerlo. Sin embargo, es la única forma en que ellos la captan más. Es una historia narrada, digerida, caricaturizada, muy concreta. No hay posibilidad de hacer análisis críticos", sentía otro.

Un "cuello de botella" con más de 50 años

"Si no resolvemos algunos problemas de índole social, no va a ser viable una sociedad que tenga capacidad de crecer económicamente. El mercado se amplía hacia el trabajo altamente capacitado, si no tenemos personas altamente capacitadas no va a crecer la economía", dijo el director de Infamilia, Julio Bango, señalando la necesidad de programas que garanticen el acceso universal a la educación secundaria.

Pero el paso de 6° de escuela a 1° de liceo, con los cambios formales, afectivos y de expectativas que implica, es uno de los principales "cuellos de botella" del sistema educativo, recuerda Santiago Cardozo en el documento "Políticas de educación" para la Estrategia Nacional para la Infancia y la Adolescencia 2030. "En Montevideo, 4 de cada 10 liceales matriculados en centros oficiales diurnos reprueban el 1° grado, a pesar de que se trata prácticamente de los mismos niños que, tan solo un año antes, lograron la promoción en 6° de primaria a tasas del 98%", señala.

El problema no es nuevo. Ya en 1949, el maestro Julio Castro reflexionaba sobre él. "Cuando la escuela era para todos y el liceo para los más capaces solamente, justo y lógico resultaba que las instituciones Primaria y Secundaria fuesen independientes una de la otra. (...) Lo malo es que ahora, las finalidades del liceo y las de la escuela son casi las mismas y los organismos siguen diferenciados y sin conexiones efectivas", decía Castro, entonces subinspector de Primaria en Montevideo.

"El alumno sufre así una torsión que es difícil superar. A la diferencia de técnicas metodológicas, de ambiente, de modo de vida, se agrega la inadecuación entre lo que sabe y lo que se le exige. Y toda esta torsión sin amortiguador alguno debe resistirla el alumno, sin que la mayor parte de las veces el profesor se entere siquiera de ello".

"Querer que el niño se haga al modo escolar o al modo liceal es poner la carreta delante de los bueyes. Los niños no se hicieron para la escuela o el liceo, liceos y escuelas se hicieron para los niños", aclaraba Castro, hace casi 60 años.

El País Digital

 ¿Encontraste algún error? Comentar esta noticia« volver  
Vota por esta noticia:
Desinteresa/No aporta Común/Importa poco  Interesante  Muy Interesante  Excelente/Gran aporte
  Total de votos:
Desinteresa/NoComún/ImportaInteresanteMuyExcelente/Gran 5 votos
Comentarios: 0  | escuchar nota |  | achicar texto |  | agrandar texto |  | enviar nota |  | imprimir nota |

No salgas a la calle,
sin saber de qué se habla...

ASISTENCIA AL USUARIO 903 1986
CLASIFICADOS 400 2141 - 131 | SHOPPING EL PAIS 903 1986
REDACCION IMPRESA 902 0115 | REDACCION DIGITAL 902 0115 int 440 | PUBLICIDAD IMPRESA 902 3061 | PUBLICIDAD DIGITAL 900 2338
Zelmar Michelini 1287, piso 5, CP.11100, Montevideo, Uruguay | Copyright © EL PAIS S.A. 1918-2012