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Canelones | Patricia Mango
"Una película de terror". Así definen la experiencia por unanimidad los vecinos del hombre que se atrincheró con una pistola 9 milímetros y amenazó con matar a toda su familia, el jueves de noche en Barros Blancos. "Una lluvia de balas", los gritos de la Policía exigiéndole que se entregara y la angustia de no saber qué pasaba, ganó al modesto barrio de ruta 74 en la cuadra de Guaviyú y José Pedro Varela. El autor de las horas del pánico, estaba ayer en el juzgado de Pando y declaraba ante el juez Huberto Álvarez.
El hombre armado con una pistola 9 milímetros tuvo en vilo durante horas a toda la Policía local. Tenía consigo a su esposa y sus dos hijos de 5 y 11 años. Casi de inmediato, entregó al más pequeño, pero para que la historia llegara a su fin sin ser un baño de sangre, pasaron más de dos horas. Antes de iniciar una balacera contra la casa vecina y los propios policías -dos patrulleros fueron baleados-, destruyó a tiros el juego de living un televisor y los vidrios de las ventanas.
La esposa con su celular llamó al Servicio 911. "La Policía nos dijo que apagáramos las luces, que cerráramos todo y que no nos asomáramos bajo ningún concepto", recordó Juan Manuel. Un telefonista del 911 habló con el militar. Logró calmarlo, pero no hacerlo cambiar de actitud. En simultáneo otro policía hablaba con la mujer y le daba instrucciones para que pusiera a salvo a sus hijos y su propia vida.
Luego el comisario Daniel Martínez le habló por celular. En principio se presentó y el hombre le increpó porque le estaban disparando. Le pidió que se fueran todos y que sacaran los patrulleros del lugar. Martínez le sugirió que sacara todo el enojo. Eso sirvió para iniciar una conversación de tono más conciliador. El director de Seguridad, Rubí Herrera, fue quien finalmente lo sacó de la vivienda. Previamente, el hombre dejó salir a su esposa que tenía un corte en una mano y en la espalda, y a su hija, luego arrojó el arma. El matrimonio se hallaba en vías de separación.
Parque posadas. Un hombre de 37 años, posiblemente bajo efectos del alcohol y psicofármacos, tuvo en vilo a la Policía desde las 9 de la mañana hasta poco más de la 19 horas. Comenzó rompiendo la puerta del ascensor a puntapiés y luego, encerrado con su madre de 75 años y su hermana y blandiendo una cuchilla, amenazaba con arrojarse desde el piso 11. Efectivos de la Seccional 12a. y también un psicólogo del Ministerio del Interior hablaron con el hombre tratando de convencerlo. Sobre el mediodía el grupo GEO iba a ingresar en el apartamento, pero por decisión judicial se prefirió insistir en el diálogo. Finalmente el GEO sobre las 19.15 horas ingresó y lo sacó. La madre y la hermana se encontraban en buen estado.
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