La Biblioteca Nacional

La Biblioteca Nacional no tendrá una historia tan remota ni aristocrática, como algunas de las grandes bibliotecas de reputación mundial -la Bibliothèque Nationale francesa, por ejemplo, remonta su linaje al año 1368, cuando Carlos V, instaló su biblioteca particular en la Torre de la Halconería del Louvre. Pero, sus orígenes se encuentren en las raíces de nuestro Estado independiente y es una de las instituciones más antiguas de nuestro país (con el agregado de que es el producto directo de una resolución del Jefe de los Orientales). La otra, aún anterior, es la Prefectura Nacional Naval que se origina en la Capitanía del Puerto de Montevideo (1783).

A principios de agosto de 1815, el presbítero Dámaso Antonio Larrañaga propuso al Cabildo Gobernador la necesidad de establecer una Biblioteca Pública, "donde puedan concurrir nuestros jóvenes y todos los que deseen saber".

El Cabildo consultó a Artigas, que se encontraba en Purificación, quien respondió rápidamente el 12 de agosto de 1815 por un oficio donde ordenaba la creación de la Biblioteca y donde expresaba además que "jamás dejaría de poner el sello de mi aprobación a qualquier obra, que en su objeto llevase insculpido el título de pública felicidad. Conozco las ventajas de una Biblioteca Pública, y espero que V.S. cooperará con su esfuerzo e influjo a perfeccionarla, coadyuvando los heroicos esfuerzos de tan virtuoso ciudadano".

La Biblioteca Pública fue creada con los libros que pudieron reunirse, incluyendo los pertenecientes al presbítero José Manuel Pérez Castellano (quien falleció en septiembre de ese año) y los aportados por José Raimundo Guerra, los Padres Franciscanos y el propio Larrañaga. Aproximadamente cinco mil volúmenes.

Fue abierta el 26 de mayo de 1816, durante las celebraciones de las Fiestas Mayas.

En esa oportunidad Larrañaga pronunció una Oración Inaugural donde destacó que "os pondremos de manifiesto los libros más clásicos que hablan de vuestros derechos: las Constituciones más sabias, entre ellas la Británica con su Comentador Blankstone; la de Norte-America con las Actas de sus Congresos hasta la fecha; sus Constituciones provinciales y principios de gobierno por Paine; la de la Península con sus diarios de Cortes; la de la República italiana por Napoleón y su famoso Código del pueblo francés".

Larrañaga exhortó a los vecinos que "nunca más que ahora debéis consagraros a las ciencias políticas, que cuando meditais fixar vuestro gobierno". La Biblioteca, entonces, era considerada como un instrumento para el desarrollo político del nuevo país.

Desde entonces, la suerte de la Biblioteca Pública reflejó los altibajos y vaivenes de la historia de la sociedad uruguaya y de su cultura.

Durante el período de la Cisplatina, su acervo cayó a unos dos mil volúmenes. Pero ni aún las desventuras de la Guerra Grande consiguieron vencerla.

Después de deambular de un edificio a otro, el 26 de mayo de 1937 se puso la piedra fundamental de su actual edificio, que comenzó a ser ocupado por las instalaciones de la Biblioteca Nacional en 1955. La Sala de Lectura Central fue abierta a los estudiosos en el año 1966.

En la actualidad la Biblioteca tiene un acervo que consiste en más de 900.000 volúmenes, 20.000 títulos de Publicaciones Periódicas, Material Audiovisual, Microformas, Mapas, Partituras Musicales, Grabados, Acuarelas, Fotografías y Manuscritos.

JUAN ORIBE STEMMER

Se cumple aniversario de la inauguración de la primera Biblioteca Pública de nuestro país, el antepasado de nuestra

Biblioteca Nacional.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar