La primera Nochebuena en familia

| Navidad. Los chicos de "Creciendo en familia" abren hoy sus regalos en su propia casa Viven con padres sustitutos que son funcionarios del INAU La experiencia revive luego de 22 años

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El País

ANA PAIS

El día anterior habían visto pasar a "Papá Noel" (un vecino gordo y de barba blanca). Rosa y Omar les dijeron que estaba controlando qué niños se portaban bien. Por eso ayer los seis pequeños ayudaban a barrer el enorme fondo de su nueva casa.

Rosa Cabrera y Omar Mederos están casados y son funcionarios del Instituto del Niño y el Adolescente del Uruguay (INAU) desde 1987. En mayo se mudaron con su hija Mariana y su nieto Nicolás a una casona sobre la calle Lanús junto con seis niños que estaban en régimen de amparo en INAU de entre 5 y 9 años. Este numeroso hogar fue pionero en el plan Creciendo en familia.

Evitar la institucionalización de los pequeños es la explicación breve del proyecto que incluye darles una vida con figuras paternas "permanentes", un hogar estable y un entorno con tíos, primos, amigos y vecinos que los cuidan y miman con regalos navideños, con un caramelo antes de la cena o una llamada para preguntar si se mejoraron de la gripe.

Cada uno había hecho hace unos días la carta para Papá Noel, que no es otro que el INAU, que envió ayer los regalos (a escondidas) además de cordero, pollo, bebidas y pan dulce para la Nochebuena. Los niños habían decidido que el fuego no se prendería en la parrilla, sino en un lugar del patio y por eso se habían comprometido con Omar a limpiar las hojas y ramas. Por eso y por los controles de Papá Noel.

Pero como chicos que son, no siempre se portan bien. Omar contó que "en muchos servicios de la institución el código del silencio como forma de supervivencia sigue existiendo y ellos acá todavía no lo pudieron romper. Y me refiero a cosas chicas, por ejemplo, arrancar las ciruelas verdes cuando 50 mil veces hablamos que hasta que no estén maduras no las sacamos. Pero apareció alguien que arrancó un montón de ciruelas verdes y nadie decía nada. Hay veces que hasta se culpa alguno que ya sabemos que no fue".

El silencio también se respeta cuando se trata de los años previos a la casona de Lezica. "Cuentan raras veces en alguna sobremesa o juego. Es algo que lo tienen como sentido de pertenencia y que entienden que todavía no están prontos para largarlo, porque lo viven como algo que hicieron mal, se lo adjudican a ellos y no al mundo del adulto, que es donde debería estar", explicó Omar.

Carolain y Damián, Cristian y Carlos, Michel y Dubal llegaron a la casa como tres pares de hermanos, pero ya se tratan como parte de una sola familia con la sola diferencia de los apellidos. Todos ingresaron al INAU desde chiquitos. Unos nunca encontraron quien los quisiera adoptar, otros fueron rechazados por una pareja después de verlos y a los otros se los retiraron a los padres adoptivos por malos tratos.

"Son chiquitos que tuvieron muchos golpes, frustraciones, separaciones", explicó Mónica Nicolazzi, directora de la División Protección Integral de Tiempo Completo del INAU. Y continuó: "Como sistema dedicado a la protección integral de los niños y adolescentes, quienes estamos a cargo debemos estudiar las mejores respuestas para ellos, deben tener las mismas oportunidades o quizás más que muchos de nuestros hijos, porque tuvieron en su crecimiento etapas en que la institución tuvo que intervenir por ellos".

El modelo de protección integral más extendido no es el programa Creciendo en familia, sino los centros integrados residenciales. Omar, que trabajó hasta este año en diferentes centros, contó que allí "un chiquilín ve 20 caras por día, escucha 20 tonos de voz, los funcionarios se trasladan, renuncian, se van un mes de licencia...".

Ahora estos seis chicos despiertan con las mismas dos personas que los llevan hasta la escuela, les lavan la ropa y comparten las comidas con ellos.

ANTECESORA. Previo a que este programa comenzara a implementarse, hace 22 años abrieron los llamados "pequeños hogares". La colorida casa de Teresa Fernández, sobre la calle Cavia, es uno de ellos.

En este momento ocho chicos de entre 7 y 14 años viven allí, al igual que otros tres que tienen 22, 23 y 27 años. La diferencia es que el Instituto ya no le pasa una pensión para mantener a los mayores. Se quedan con Teresa y el marido porque todavía no pudieron independizarse y ser madre o padre sustituto "más que un trabajo, es una filosofía de vida", dijo Nicolazzi.

De hecho, para Nochebuena, la mayoría de los ahora hombres y mujeres que ya no viven en la casa con troncos de árboles pintados y macetas multicolores, van a brindar a la medianoche allí. El 31 de diciembre, en cambio, van a festejarlo en Neptunia, donde los más pequeños pasarán el verano, ya que todos tuvieron muy buenas notas: dos pasaron con sobresaliente y otros tantos fueron abanderados.

Por eso mismo, los tres adolescentes, por ejemplo, van a recibir como regalo de Navidad no sólo el PlayStation que pidieron, sino también celulares con cámara, el segundo ítem de su lista.

"Cuando tenga 12 años voy a ir a tal hogar", comentó una vez uno de los pequeños de la casa de Lanús. A unos meses de haberse mudado, los pequeños todavía no interiorizaron que vivirán allí hasta que sean grandes. Y que, según destacó Omar, nunca terminarán de cortar el cordón umbilical que ahora los une.

Las cifras

7 Son los niños que viven en la casa de Lanús, contando al nieto de Omar y Rosa. Próximamente se incorporarán dos hermanitas.

22 Son los años que lleva Teresa como madre sustituta. Aunque su marido no es funcionario de Inau, es el "padre" de los chicos.

Abren una nueva casa con padres sustitutos

Los cinco pequeños no pudieron aguantarse: en cuanto se enteraron que se mudarían a una casa con un padre, una madre y una hermanita pidieron para empezar a vivir allí, aunque estuvieran en obras.

"Como toda casa que está inaugurando un espacio familiar siempre faltan detalles de decoración, de arreglo de los dormitorios, que se hace también con los chiquilines. Algunos llevaron las cajitas de los recuerdos, con cosas que hacen a la historia de ellos, sus tesoros", explicó Mónica Nicolazzi, directora de Protección Integral de Tiempo Completo de INAU.

Recién el próximo lunes estará pronta esta tercera casa del plan Creciendo en familia, que por lo pronto es el hogar de cinco hermanos que estaban viviendo en un centro del INAU. Antes de la inauguración oficial, la nueva familia ya vivió la primera noche en que uno de los pequeños tuvo miedo y se pasó para la cama de los papás.

Tres casas que siguen un ejemplo

Las tres casas del proyecto Creciendo en familia son técnicamente hogares del INAU. Las viviendas fueron compradas por la institución, la cual a su vez paga gastos comunes, ropa y comida de los pequeños, sistema de salud y transporte a la escuela o liceo. Además, los integrantes del matrimonio que sean funcionarios, perciben sus respectivos sueldos. De forma periódica desde el INAU llevan un seguimiento con sus técnicos.

"Como dentro de los objetivos y metas de esta administración está dar las mejores respuestas en las modalidades de protección integral, empezamos a investigar nuevamente los resultados que a lo largo de 22 años dio la primera experiencia de pequeños hogares", explicó Mónica Nicolazzi de INAU. Allí se encontraron con que para los chicos que vivieron en esta modalidad de hogar, fue una oportunidad para vivir sin la presión de que serían trasladados en breve o el educador con quien se encariñaron se iría. Para el INAU, lo positivo es que estudian hasta incluso la facultad, no tienen salidas no autorizadas, no consumen sustancias y no hay embarazos adolescentes.

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