Provocación a pedido del público (3)

MATÍAS CASTRO

Esta es la tercera columna sobre la provocación como recurso de los famosos al que ya nos hemos acostumbrado. Y no por rutinario, deja de ser efectivo. Ayer se habló sobre el uso razonable de la provocación, si es que tal cosa existe. El caso era el de Wanda Nara, que supo llamar la atención diciendo que era virgen, y con el tiempo usó otras expresiones para cosechar los frutos de lo que sembró con esa mentira reconocida.

Si bien en el Río de la Plata estamos rodeados de ejemplos similares, entre vedettes y aspirantes a famosos que dicen cualquier cosa con tal de ganar minutos en televisión, no es patrimonio exclusivamente local. Hay un caso bien concreto en Estados Unidos, que en este último año se ha puesto ardiente, sin doble sentido. Es el caso de Megan Fox, una modelo y actriz de 22 años que tiene unos ojos imposibles de olvidar.

Hay quienes dicen que es la sucesora de Angelina Jolie. Megan trabajó durante mucho tiempo en la serie de televisión Ocean Avenue, y luego filmó varias películas. Pero saltó de verdad a la fama cuando coprotagonizó Transformers, película para adolescentes en la que ella cumplía el sueño de muchos tuercas: bañada en transpiración, con ropa corta, lavaba un auto. Tenía 19 años.

Luego de eso ha sido tapa de revista, se hizo miles de fotos semidesnuda, y ha dicho cuanto se le ocurrió con respecto a su sexualidad. Hace cosa de dos semanas todo el mundo volvió a hablar de ella cuando afirmó que se sentía fea. Lo que menos importa acá es si ella se siente verdaderamente fea o sólo lo dijo porque tenía un micrófono abierto. Ahora está en su momento más fuerte de popularidad y arriesga una carrera. Puede ir tras los pasos de Angelina (que antes de ser una madre comprometida supo confesar cualquier tipo de intimidades para llamar la atención) o puede terminar en esto.

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