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El objetivo es vivir más años con mejor calidad de vida. La meta está cada vez más cerca, debido a que el campo de la ciencia que busca tratamientos para enlentecer el envejecimiento a nivel celular, podría tenerlos disponibles en poco más de 10 años.
Cuando llega a cumplir los 18 días, la áscaride promedio está vieja, fláccida, lenta y arrugada. Cuando cumple 20 días, lo más probable es que haya muerto, a menos que sea una de las lombrices que tiene Cynthia Kenyon en su laboratorio del Centro de la Biología del Envejecimiento de la Universidad de California, en San Francisco. Kenyon ha manipulado dos genes que convierten a las simples lombrices en pequeños "matusalenes" con un período de vida de hasta 144 días. "Se puede castigarlas de varias maneras que liquidarían a las lombrices normales -exponerlas a altas temperaturas, radicación y microbios infecciosos- pero no mueren", señala la científica. "En cambio, se mueven y tienen el aspecto de lombrices jóvenes. Es un milagro, excepto que es ciencia".
Desde los días del español Ponce de León, si no antes, la humanidad ha estado buscando la elusiva Fuente de la Juventud. Hasta tiempos recientes, esas búsquedas eran propias de los reinos de los curanderos y los charlatanes. Todavía hay muchos vendedores de ilusiones en Internet y en otros ámbitos, que ofrecen desde aguas que aseguran la longevidad, las que probablemente son inocuas, hasta hormonas de crecimiento, las que pueden resultar peligrosas para los adultos. Pero, los científicos serios están dando características respetables a ese campo, descubriendo secretos del envejecimiento a nivel celular y buscando maneras de enlentecerlo. Si bien esa rama de la ciencia todavía es joven, para decirlo de alguna manera, los tratamientos auténticos que impulsan la longevidad podrían estar disponibles dentro de 10 a 15 años, pese a que los avances serían más modestos que en las lombrices de Kenyon.
La búsqueda no es tan quijotesca como podría parecer. Pero, en el último siglo, el suministro de agua potable, los antibióticos, las vacunas y los avances en la atención médica, hicieron crecer la expectativa de vida al nacer en casi 50% en Estados Unidos -de 48 años para los hombres y 51 años para las mujeres, en 1900, a 75 para los hombres y 80 para las mujeres, en la actualidad. Nadie objeta esa realidad. "Tengo 54 años", señala Felipe Sierra, director de la división de Biología del Envejecimiento, en el Instituto Nacional del Envejecimiento. "Hace cien años, ya hubiera muerto". Otros argumentan que mantener a las personas con vida durante más tiempo pondrá mayor presión sobre la red de asistencia social. Sin embargo, en el caso de las mayoría de los científicos, el objetivo no es agregar años con enfermedades al final de la vida. "El objetivo es extender la juventud", dice el bioquímico molecular de la Universidad de Harvard, David Sinclair, quien trabaja en un componente de potencial efecto para retrasar el envejecimiento, llamado resveratrol. "Quiero que las personas estén más saludables durante más tiempo y aliviar el peso sobre la economía".
Los estudios ya brindan importantes claves sobre qué produce un envejecimiento saludable. Una respuesta obvia es seguir un estilo de vida saludable, con mucho ejercicio y una dieta que incluya grandes cantidades de frutas, vegetales y granos. Los Adventistas del Séptimo Día consumen una dieta vegetariana, no fuman y dedican mucho tiempo a la familia y a los grupos religiosos, lo que ayuda a reducir el estrés. "Habitualmente, viven hasta los 88 años o un poco más, lo que sugiere que la mayoría de nosotros podría llegar a esa edad o similares sobre la base de un estilo de vida saludable", indica el Dr. Thomas Perls, director del Estudio Centenario de Nueva Inglaterra.
Llegar a tener 100 años, como 1.500 de los participantes del estudio que lleva a cabo Perls, o 110 años como es el caso de sus "supercentenarios", requiere más que un comportamiento virtuoso y evitar de tener un accidente. Una persona necesita tener los genes que enlentecen el envejecimiento y fortalecen las defensas contra enfermedades relacionados con la edad. Ha sido identificada media docena de esos genes, entre un total de quizás aproximadamente 100 que podrían existir. Las personas excepcionales que cuentan con esos genes parecen pasar muy poco tiempo enfermas, aun cuando desafían todas las reglas. "Tuvimos el caso de un hombre que fumaba tres cajillas de cigarrillos por día", recuerda Perls. "Dejó de fumar a los 90 años, pero igual se tomaba tres martinis por día. El día antes de que lo visité, estaba subido reparando la azotea de su casa. Falleció cuando tenía 103 años".
Algunos de los genes beneficiosos aparentan estar involucrados en caminos de metabolismo vinculados con el crecimiento, así como con el proceso de la grasa y el colesterol. Kenyon manipula un gen en las lombrices que reduce la acción de la insulina y de una hormona relacionada identificada como IGF-1. "Reducir esas hormonas permite activar un gen llamado Foxo, lo que estimula una serie de respuestas que protegen a las células, refuerzan el sistema inmunológico, aumentan los antioxidantes y mantienen a las proteínas unidas correctamente". Un estudio de judíos ashkenazi centenarios realizado este año descubrió variaciones en los genes que gobiernan la hormona IGF-1. Un segundo estudio encontró cambios protectores de los genes Foxo en hombres saludables de 95 años.
RESULTADOS. Si no hubiera manera de alcanzar ese objetivo sin tener los extraños genes, entonces probablemente no habría esperanza para la mayoría de nosotros. Por ejemplo, sólo uno de cada 6.000 estadounidenses con vida es centenario. Pero, puede haber otra ruta para alcanzar el mismo destino. Los ratones que comen 30% menos viven un tercio más. Efectos similares en los primates recién están saliendo a luz al final de un estudio de varias décadas.
Resulta obvio que nadie puede poner a una persona en una jaula, controlar su dieta y hacer el seguimiento científico durante 80 años para ver los resultados. Sin embargo, el Dr. Luigi Fontana, de la Facultad de Medicina de la Universidad Washington hace el seguimiento de los 45 miembros de la Sociedad de Restricción de Calorías, un grupo que de manera voluntaria lleva a cabo esa dieta. Son personas como Tadd Ottman, de 53 años, ingeniero de software, en California. Desde que adoptó la dieta con restricción de calorías, en 2002, ha consumido sólo 1.500 calorías diarias, mientras es cuidadoso de cumplir los requisitos nutricionales, lo que distingue a esta práctica de la anorexia. Bajó de 82 kilos a 59 kilos y aprendió a lidiar con los efectos: angustia del hambre, disminución de la libido y sentirse frío. Del lado brillante, su colesterol y su presión se redujeron alrededor del 30% y necesita dormir 45 minutos menos por noche. "Soy como un corredor de larga distancia, excepto que no hago ejercicio", dice. No consume suficientes calorías para ello.
Fontana ha estudiado a Ottman y otras 44 personas durante un promedio de 12 años. "Su función cardíaca es 15 años más joven que su edad cronológica", comenta. "Tienen la presión característica de un adolescentes". Su proteína C reactiva -una medida de inflamación crónica dañina- es una fracción de lo normal. La única manera que no llegan a los resultados de los ratones con restricción de calorías (además de un período de vida más extendido, lo que todavía no ha sido demostrado) es que no tienen niveles más bajos de la hormona IGF-1, que se cree juega un papel principal en el envejecimiento y el cáncer. "La IGF-1 no declina, debido a que el 25% de las calorías que consumen provienen de proteínas, contra el 15% que es lo recomendado", apunta. "No vemos esto en los vegetarianos".
MÁS SANOS. La restricción extrema de calorías no es una práctica que la mayoría de la gente debe probar. Muchas personas simplemente volverán a recuperar el peso que perdieron inicialmente. Las mujeres embarazadas y los niños nunca deberían intentarlo, porque perjudicarían el desarrollo.
David Sinclair, de la Universidad de Harvard, espera desarrollar tabletas que imitarán los beneficios de la restricción de calorías, sin privarnos del chocolate ni detener nuestro impulso sexual. En 2006, publicó en la revista científica Nature un estudio muy comentado sobre un componente del vino tinto llamado resveratrol. Los ratones obesos que recibieron dosis concentradas resultaron tan saludables como los ratones delgados. También vivieron más y tuvieron resistencia superior. "Eran ratones Lance Armstrong, excepto que eran gordos", comenta. En un estudio realizado en el corriente año, ratones delgados a los que se suministró resveratrol tuvieron menos enfermedades cardíacas, menos cataratas, huesos más fuertes y mejor función motriz, aunque no vivieron más de lo normal.
En la medida en que el resveratrol imita la restricción de calorías y el ejercicio, ello puede obedecer a que los tres activan la proteína denominada SIRT1, que es miembro de la familia de enzimas sirtuinas. SIRT1 aumenta la formación de nueva mitocondria, la usina generadora de energía de las células, y revitaliza a las existentes. El mes pasado, Sinclair publicó un estudio que muestra que SIRT1 también repara las separaciones de cromosomas, ayudando a mantener a los genes juveniles conectados y a los genes del envejecimiento desconectados.
Las cifras
80 Porcentaje de afecciones cardíacas que pueden prevenirse con una dieta sana y un estilo de vida saludable,según la OMS.
6 Son los genes que tienen algunas personas, que les permiten pasar muy poco tiempo enfermas pese a no seguir una vida sana.
El futuro arsenal de la ciencia
Un impacto futuro será por la vía de medicamentos que reparan los telómeros -las coberturas de ADN en los extremos de los cromosomas. Cada vez que se divide una célula, los telómeros se acortan. Cuando se achican demasiado, las células dejan de replicarse y comienzan a funcionar con deficiencias. El resultado son arrugas y un deterioro general.
Esperan impedir esas consecuencias mediante el fortalecimiento de la telomerasa, una enzima que reconstruye los telómeros. Estiman que elevar la telomerasa extiende la vida de manera saludable por años.
El TA-65 aumenta la telomerasa. No está en farmacias y sólo puede comprarse en TA Sciences, de EE.UU., por US$ 25.000 anuales.
Sirtris, de EE.UU., tiene una fórmula con resveratrol que reduce el azúcar en la sangre y la insulina, para enlentecer el envejecimiento. Prueba con activadores sintéticos de las sirtuinas que son mil veces más potentes.