Ana Maria Abel
En estas semanas se torna más insistente el bombardeo publicitario al que padres e hijos estamos expuestos en la sociedad de consumo. Comercios, restaurantes y paquetes vacacionales compiten para que "sepamos" elegir regalos navideños "únicos". Como si esto fuera poco en nuestra latitud coinciden la Navidad con fin de curso, el verano y las vacaciones, con lo que se triplican las ofertas de bloqueadores de rayos UVA, bronceadores "de ensueño" y protectores super efectivos. Las bebidas refrescantes estrenan spots publicitarios a cual más convincente. ¿Cómo sobrevivir en tiempos de crisis a esta lluvia marketinera?
Visitar un centro comercial con los hijos en estos días para algunos padres es una diversión, para otros un suplicio. Para todos puede ser oportunidad de ejercitar el dominio personal sobre los impulsos consumistas: ¡no la dejemos pasar! Tenemos servida en bandeja una herramienta educativa para enseñar a ser buenos consumidores y optar por lo bueno y razonable sin ser esclavos de marcas y anuncios.
Podemos enseñar a hacer una lista con el nombre de la persona y los posibles modos de agasajarla en estas fiestas: un llamado telefónico, una tarjeta electrónica o impresa, una visita o un obsequio proporcionado a una época de incertidumbre económica. Si se opta por un regalo, antes de salir de casa hay que pensar muy bien qué se busca y decidir anticipadamente la cantidad de dinero que se puede gastar: de esta manera al llegar a un negocio se tiene idea clara de lo que se quiere sin el recurrente error de terminar comprando cosas no planeadas de las que luego uno se arrepiente.
Una posible buena medida es dejar las tarjetas de crédito en casa y no caer en la trampa mental del "qué pasa si la necesito": hay que animarse a hacerlo. Algunos distribuyen en sobres diferentes el dinero adjudicado a cada regalo con el nombre del destinatario: de este modo no hay pretexto y cuando se acaba, se acaba. A todos nos gusta quedar bien con un regalo, sería genial poder regalar cosas buenas a todos los que queremos: ganaríamos puntos con ellos pero podemos terminar con el aguinaldo antes de cobrarlo.
Estos breves comentarios pretenden únicamente ser sugerencias -hay muchas otras- para disfrutar las compras navideñas sin sucumbir a la euforia consumista y utilizar la ocasión para educar a ser moderados y sobrios en tiempos de crisis. Porque la virtud no está reñida con vivir unas fiestas "inolvidables".
En Irlanda y Polonia.
Después de la cena de Nochebuena los irlandeses dejan pan y un vaso de leche en el portal de la casa como símbolo de hospitalidad. En Polonia aún se conserva la tradición de poner en la mesa un cubierto más para quien no tenga con quién compartir esa cena tan especial.
Estado de paz por un día.
Una tradición estona del S. XVI dice que el presidente de la nación en Nochebuena debe dirigirse a sus conciudadanos para declarar el "Estado de Paz" por un día. Su origen es una orden de la Reina Cristina de Suecia quien la instituyó como facilitadora de la reconciliación familiar.
Una tradición navideña italiana. Cuenta una leyenda que los Reyes Magos de camino a Belén, se perdieron. Pidieron ayuda a una anciana llamada Befana pero ella se negó y luego se arrepintió: preparó una cesta con dulces y los buscó. Pasó por cada casa y regaló dulces a los niños confiando que alguno fuera Jesús.