MATÍAS CASTRO
Si bien acepto que el título de esta columna podrá despertar la ira de los miles de fanáticos incondicionales de Harry Potter, también reclamo mi derecho a usarlo. Es que en estos días escuché a dos de los protagonistas de las películas decir cosas un tanto llamativas.
"No soy todavía una mujer, pero ya no soy una niña", dijo Emma Watson, la que encarna a Hermione Granger, amiga de Harry. Se refería a una especie de deseo que confesó, por actuar algún día en una película en la que tenga que hacer un desnudo artístico.
Por otra parte, Daniel Radcliffe, que encarna a Harry, sostuvo que no se sentiría mal de tener una erección en el escenario donde hace la obra Equus. En esta pieza ha llamado la atención porque hace un desnudo y encarna a un muchacho que siente fascinación por los caballos. Así y todo, matizó el asunto agregando que el desnudo de la obra lo realiza porque es parte de su profesión, pero no porque sea su objetivo. Según sus palabras, no siente que estar desnudo sobre un escenario sea algo exactamente cómodo.
No es cuestión acá de caer en apuntes moralistas ni juzgar definitivamente a nadie. Pero me llamó la atención la coincidencia en pocos días de los dos comentarios. Hay que tener en cuenta que ambos se enfrentan a la misma realidad. El dinero y la fama que les han dado las películas de Potter es algo único y no para desperdiciar. De otra manera es muy poco probable que hubiesen accedido a los mismos sitios de privilegio en tan pocos años.
El asunto es que han crecido con los personajes de estas películas, y a los ojos de todo el mundo, son Hermione y Harry, cosa que no pasa con los personajes adultos de esas historias. A su modo, tienen que salir de esa casilla, y lo sexual o el desnudo parecen ser para ellos una herramienta. Veremos si da resultados o no.