El cambio principal y necesario es el de mentalidad, fue el sabio comentario de Miguel Leccini, un productor lácteo de la zona de Kiyú, que ha aprendido a utilizar los desechos en beneficio de su producción. En su caso se trata del estiércol producido por las vacas del tambo. Hoy la bosta de su ganado, en lugar de contribuir a aumentar el agujero de ozono por medio de las emanaciones de gas metano que proyecta al aire, (elemento responsable en buena medida de un problema atmosférico que afecta al planeta), es utilizada como fuente energética. Lo que a su vez le significa un ahorro haciendo de esa manera más competitiva su producción de quesos. Gracias al biogás, (metano y dióxido de carbono) que hoy consigue con un simple proceso y cuya inversión demandó solo unos 250 dólares, en la actualidad, en vez de tener que comprar siete garrafas de trece kilos por mes, se arregla con tres mensuales, al tiempo de haber aumentado el volumen de fabricación de su empresa familiar.
Este hecho, que no merece un titular de primera, en la natural competencia noticiosa del día en la prensa, es sin embargo una pequeña pieza de un rompecabezas mucho más grande. La basura de todo tipo: animal, domiciliaria, industrial, sanitaria, electrónica e inclusive, nuclear. En nuestro país, como en muchas otras partes del mundo, es un problema que está lejos de estar resuelto, pero hay ciudades y naciones más preocupadas que otras, por encontrar mejores soluciones para lidiar con este problema y es hacia ellos a los que hay que mirar y tomar ejemplo. Porque hay muchas opciones para poner en práctica que pueden encararse tanto a nivel particular, como ocurre con el Sr. Leccini, como a nivel de las autoridades, municipales o nacionales.
Y si algo está claro, es que no se puede continuar con las viejas prácticas que abundan en nuestro territorio, como es el caso de la ciudad de Montevideo que es una verdadera vergüenza. Donde la Administración que hace tres períodos está al frente de la Intendencia, no solo no ha logrado una adecuada recolección de los residuos, (con el lamentable espectáculo de los carros de hurgadores), sino que la disposición final es también obsoleta, antihigiénica y a ello se agrega el no aprovechar los desperdicios de manera inteligente, para fabricar energía, lo cual es posible si hay decisión y voluntad. Tanto sea por una inquietud ecológica como económica.
La mayor parte de la basura mundial, estimada en más de dos billones de toneladas anuales, se entierra o se quema y los pronósticos para las próximas décadas son tan preocupantes que muchos estados comenzaron a reformular estrategias que apuntan a la minimización de restos en origen, la reutilización y el reciclaje. Por ejemplo, en el condado norteamericano de Montgomery en el estado de Maryland, aplican un sistema de gestión de residuos urbanos basado en un programa de separación en el comienzo de la cadena, compostaje y reciclado. Es mucho más barato hacer vidrio de restos, que empezar de cero y los despojos orgánicos se pueden transformar en abono. En conjunto, el nuevo sistema permite que el trasiego de las inmundicias haya pasado de ser una carga meramente costosa, a un negocio que le deja a la municipalidad 80 millones de dólares anuales. De acuerdo a cifras de Greenpeace, organización promotora de este estilo de abordaje al tema, conocido como Basura Cero, se logró en la ciudad de San Francisco, que el relleno sanitario disminuyera en un 60%, mientras que en la ciudad de Canberra, alcanza al 80%, en comparación con 10 años antes.
En nuestro territorio, se han anunciado iniciativas que merecen apoyo, como la intención manifestada por la Intendencia montevideana de buscar la forma de disminuir la utilización de las dañinas bolsas de plástico. Políticas que ya se usan en otras partes, donde el usuario tiene que pagar por ellas, para desestimular su uso, cuando no se prohíben directamente. Por otro lado en San José, bajo el impulso de una ONG llamada Demaval y con la cooperación de vecindario, funciona una planta de tratamiento de desechos domiciliarios ubicada en La Paz que beneficia a la gente de Colonia Valdense, Rosario, Nueva Helvecia y Juan Lacaze, mientras 5000 personas de C. V. hoy acceden a abono derivado de la basura. A su vez en Maldonado opera un proyecto de biogás, primero en A. L. que vende a UTE unos 300 kilovatios.