Renuncia

La noticia cayó como una bomba. El pedido de desafiliación del presidente Vázquez al partido socialista, ocupó la portada de todos los medios, y fue especialmente reflejada con "título catástrofe" por la prensa más oficialista.

Es que la misma, difícilmente pudo haber sobrevenido en un momento peor para la fuerza política en el gobierno. Ocurre mientras la pugna por las candidaturas sigue desgastando al Frente Amplio, y cuando el desacato a la disciplina partidaria del Partido Comunista sobre la Ley de Educación, pone en duda la capacidad de gestión de gobierno de la coalición de izquierda.

El Presidente tiene razones sobradas para tal decisión. Desde que su propio Canciller, y hombre fuerte del socialismo, lo enfrentó públicamente por el TLC con EE.UU., hasta las duras críticas por el tema del aborto, pasando por el desplante de la postulación de Daniel Martínez (cuando Vázquez ya había ungido a Astori), está claro que el socialismo no había respetado su autoridad.

Y tal actitud sólo puede calificarse como falta de agradecimiento, ya que de no ser por la figura del Presidente, sería bueno ver cuántos de esos dirigentes habrían logrado por su cuenta las bancas desde las que ahora lo enfrentan. Algo de todo esto trae recuerdos de la amarga partida de Emilio Frugoni, del partido que él mismo fundó por 1910.

Pero más allá de las consecuencias que la decisión presidencial pueda tener sobre su partido y su gobierno, la misma tendrá gran impacto en el panorama político del país.

Por un lado deja en evidencia las indisimulables luchas intestinas que existen en el Frente Amplio, de cara a la campaña que ya se inicia.

Por otro, que si el propio Tabaré Vázquez, unánimemente considerado el único capaz de generar consensos absolutos en el Frente, no logra alinear a su propio partido, ¿qué se puede esperar de un eventual gobierno encabezado por otra figura que no tenga su ascendencia?

La respuesta no es nada tranquilizadora, sobre todo de cara a un próximo gobierno que de seguro no disfrutará del viento de cola y de la bonanza de la que gozó esta primera experiencia de la izquierda en el poder en Uruguay.

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