Así como la actividad política, proselitista, en los partidos, forma parte de su naturaleza, la actividad gremial debe tener sus propias características de acuerdo a esa calidad, sin que se mezclen ninguna de las dos. Y de la misma manera que la Constitución, reconoce a los trabajadores la independencia cívica a quienes se hallen en una relación de dependencia, esa independencia cívica debe extenderse a los gremios que los aglutinan, como una forma de respeto a la multiplicidad de ideologías.
Lamentablemente entre nosotros y, desde hace un tiempo, en el gremialismo se ha ido perfilando una identidad política primero, y oficialista después, con desbordes y críticas a otros partidos, que no pueden dejarse pasar en silencio. A cada cual lo suyo, pues, sin mezclas innecesarias.