Uruguay fue siempre tierra de asilo para perseguidos políticos. Aquí vivieron exilados varios ex presidentes como el brasileño Joao Goulart y el guatemalteco Jacobo Arbenz, entre otras muchas personas que, por avatares políticos en sus países de origen, hallaron amparo entre nosotros.
Esa tradición de hospitalidad acaba de quebrarla el gobierno del Frente Amplio al inhabilitar en el ejercicio de su profesión al oftalmólogo cubano, Vladimir Villamil, que optó por quedarse en nuestro país en vez de volver al suyo. "Esta es una sociedad con muchos derechos civiles en donde hay libertad", había dicho Villamil tras tomar su decisión. Lo hizo sin atacar directamente al régimen cubano ("no soy un político, soy un médico", aclaró), pero dejó claras sus razones para preferir a Uruguay.
Es difícil no atribuirle un carácter político a la decisión del Ministerio de Salud Pública (MSP) de retirarle la habilitación. Villamil viene de un país con una dictadura de medio siglo en donde se violan los derechos humanos y en donde hay centenares de presos de conciencia. Una dictadura comunista, de las pocas que sobreviven en el mundo, pero con buenos amigos en el gobierno uruguayo.
Tal parece que en el MSP hay algunos de ellos, ansiosos por contentar a la dinastía Castro y acosar a este médico para hacerlo retornar a su país en donde le espera la cárcel y castigos de todo tipo para él y su familia.
Dice el MSP que la habilitación de Villamil fue temporal, extendida por el lapso de su actuación en el Hospital de Ojos del Saint Bois. Habilitación que se otorgó en su momento sin esperar a la reválida de la Universidad de la República (que más adelante se concedió). Allí se demostró que el MSP actuaba políticamente, pasando por alto las normas universitarias y autorizando a los cubanos a operar.
Ahora, al privarlo a Villamil del recurso de ejercer su profesión también se hace política, favorable, por supuesto, a la dictadura cubana que calificó a este médico de "tránsfuga". Lo paradójico es que, con esta medida, el Ministerio de Salud Pública contradice su prédica de que Uruguay necesitaba "importar" oftalmólogos cubanos para pacientes uruguayos.