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Las polémicas confesiones de la Reina Sofía que recoge el libro "La Reina muy de cerca" de la periodista Pilar Urbano, dispararon la polémica acerca de si los monarcas pueden o no dar a conocer sus opiniones. En esta nota, la periodista refleja los límites que encuentran los monarcas europeos a la hora de pronunciar un discurso o simplemente votar. El Rey Juan Carlos I, por ejemplo, se limita a leer los discursos que escribió un ministro o asesor en el tema en cuestión; los asesores de la Reina Isabel II consultan con el gobierno los discursos que la monarca pronuncia en sus viajes de Estado; y el Rey Olaf de Noruega ha permanecido durante casi todo su reinado callado.
Mabel Galaz | El país de Madrid
Don Juan Carlos lee discursos, no los escribe. Su opinión es la opinión del Gobierno. Si el rey viaja a Argentina es el ministerio de Exteriores quien le manda los textos de las intervenciones. Si tiene una reunión con agricultores es el ministerio de Agricultura quien le apunta lo que debe decir. El rey de España, como Jefe del Estado, está sujeto a la supervisión del Gobierno cuando habla. "En la Casa del Rey lo que hacemos es ponerle música a lo que nos envían", explica Juan González Cebrián, jefe de prensa del palacio de La Zarzuela. "Aquí hay personas encargadas de dar forma a las palabras del rey, pero siempre teniendo en cuenta el guión que remite el Gobierno".
El momento de mayor libertad de expresión para don Juan Carlos llega en Navidad. El discurso que se escucha cada año en la Nochebuena lo escribe él con la ayuda de sus asesores. Es el más personal e independiente. "Aunque siempre se envía a Moncloa para que lo supervisen", apunta González Cebrián.
Lo mismo sucede cuando hablan los otros miembros de la familia real: la reina, los príncipes de Asturias y las infantas Elena y Cristina. También sus palabras dependen de Moncloa. El rey no puede, como Jefe de Estado, tener opinión propia y manifestarla y su familia, tampoco.
Por eso ha sorprendido que al cumplir 70 años, la reina Sofía haya hablado para decir que está en contra del matrimonio homosexual y de la eutanasia; para revelar que el rey no abdicará jamás, criticar al rey Hassan de Marruecos y cuestionar, entre otras cosas, la política internacional de Bush tras el 11S.
Sus opiniones están recogidas en un libro de la periodista Pilar Urbano. Doña Sofía la recibió hasta en 15 ocasiones en La Zarzuela para responder a un cuestionario de más de 600 preguntas. El Gobierno no conocía el contenido del libro a pesar de que todas las manifestaciones públicas de la familia real deben ser supervisadas por el Ejecutivo. Porque ellos deben ser herméticos por obligación.
El filósofo Fernando Savater es rotundo: "Por encima de lo que ha dicho la reina, como que está en contra del matrimonio homosexual o a quien se lo ha dicho, que es una periodista del Opus Dei, está que la reina al hablar se ha convertido en una persona vulgar. Los reyes tienen derecho, cómo no, a tener opinión pero no pueden manifestarla. Como un profesor de niños no debe contarles chistes verdes aunque le gusten. Los reyes, lo mismo que cuentan con otros derechos, como vivir en un palacio, deben callar. Es inoportuno lo que ha hecho la reina".
En el Reino Unido, Isabel II no concede entrevistas y, menos aún, colabora en la redacción de libros sobre ella o los suyos. Sus discursos son escritos por sus asesores y no hay ninguna persona encargada de supervisarlos, porque nadie se la imagina saltándose las normas. Sus ayudantes consultan con el Gobierno los discursos que la monarca pronuncia durante las visitas de Estado.
Hay un solo discurso al año que escribe íntegramente el Gobierno: el que lee la reina en la apertura del año parlamentario en la Cámara de los Lores, ante lores y diputados, en el que el primer ministro presenta una lista de las leyes que piensa llevar a las cámaras en el año parlamentario. Su consorte, el príncipe Felipe, duque de Edimburgo, suele escribir sus discursos a mano y es famoso, sin embargo, por meter la pata. Hace poco dijo: "Lo malo de Brasil, son los brasileños".
En Dinamarca, la constitución danesa estipula la inmunidad de la reina Margarita y deja la responsabilidad política al Gobierno que es quien supervisa todos sus discursos y los del heredero. Beatriz de Holanda tampoco hace declaraciones de tono político en público, ni se pronuncia sobre otros asuntos, hecho que ha afianzado una imagen de eficacia, pero ha diluido algo su perfil humano.
En Bélgica, los discursos del rey son escritos por consejeros. Pero por momentos, la monarquía se ha hecho notar como cuando el católico rey Balduino, ya fallecido, abdicó unas horas para no tener que rubricar la ley que legalizó el aborto.
El rey Olaf de Noruega se ha pasado casi todo su reinado callado. Sólo se recuerda un claro pronunciamiento cuando, en 1977, en la inauguración del nuevo Parlamento, dijo que iba a estudiar la propuesta planteada sobre el aborto a petición de la gestante. "Una mujer debe tener la oportunidad de decidir la suspensión de su embarazo cuando no vea otra salida a su problema", dijo. Su declaración fue contestada por la entonces oposición cristiano popular.
En España, las declaraciones de la reina tampoco han sido bien vistas por los partidos. "El modelo de reinado en la España democrática lo ha escogido Juan Carlos I y ha consistido en mantenerse al margen de las disputas políticas, ni siquiera ha ejercido su derecho al voto para evitar tomar partido. Creo que ese papel discreto hasta ahora ha favorecido sobre todo a la propia monarquía y en mi opinión incluye a la reina y a los eventuales sucesores al trono", ha manifestado Mar Moreno, responsable de Relaciones Institucionales del PSOE.
Durante la recesión de 1981, Felipe, duque de Edimburgo, apuntó: "Siempre decimos que hay que tener más tiempo libre y ahora se quejan de que están parados". Luego, en 1995, le preguntó a un profesor de autoescuela en Escocia: "¿Cómo consigue que los nativos estén tanto rato sin beber para pasar el examen?", y en un viaje a Papúa Nueva Guinea le dijo a un estudiante: "Así que ha conseguido usted que no se lo coman".
Máxima, princesa de Holanda, dijo en 2007 en un discurso que "no había encontrado la identidad holandesa porque ésta era múltiple, llena de facetas e imposible de reducir a un solo símbolo".
El príncipe Bernardo, padre de Beatriz de Holanda, admitió en una entrevista publicada póstumamente haber aceptado dinero de la compañía aeronáutica Lockheed por mediar en un contrato de compra de aviones.
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