Viudo, con una hija, a los 78 años se ordenó de cura

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R. AGUIRRE

Una semana atrás, a los 78 años, Avelino se ordenó como sacerdote diocesano. Él mismo aclara que su caso es especial. "Porque el sacerdote se ordena luego de estudiar y hacer el seminario. El único que no hizo el seminario soy yo, por ser viudo y viejo". Él nació en una familia muy católica y desde niño accedió a una sólida formación cristiana que lo mantuvo en contacto con la Iglesia durante toda la vida. A los 28 años se casó y tuvo una hija. Trabajó en el campo, en el Ejército, como músico y en la construcción, y en 1992 se ordenó como diácono.

El viernes 31 de octubre, el Arzobispo de Montevideo Monseñor Nicolás Cotugno, ordenó a tres sacerdotes y tres diáconos. Uno de ellos es el padre Avelino Genaro, un hombre moreno de 78 años que enviudó seis años atrás, padre de una enfermera que falleció a los 45 años a causa de una enfermedad.

A partir de ahora, además de continuar con su trabajo en la Parroquia San Salvador de la Gruta de Lourdes, Avelino fue designado para colaborar en el Liceo Jubilar Juan Pablo II, donde se está construyendo una capilla."El mío es un caso especial", señala Avelino, "porque el sacerdote se ordena luego de hacer el seminario. El único que no hice el seminario soy yo, por ser viudo y viejo".

Avelino cuenta que él siempre estuvo integrado a la Iglesia. Que nació en Cerro Largo, en una familia con siete hermanos que vivía en el campo, y que sus días transcurrían entre la escuela, el trabajo en la chacra y la clase de catecismo a la que iban todos los domingos.

Al terminar la primaria, se anotó en la escuela industrial porque su sueño era ser mecánico, pero cuando llegó el inicio de las clases, su madre no pudo comprarle el mameluco azul que necesitaba. Ese hecho lo puso triste pero no lo amedrentó. Trabajó en una estancia, en el Ejército, en una banda de música, en la construcción y en una empresa metalúrgica.

Pero ese primer contacto que Avelino tuvo de niño con la religión, lo mantuvo durante toda su vida, porque él siempre trabajó en tareas inherentes a la Iglesia hasta que en la Parroquia Virgen de los Treinta y Tres, lo invitaron a formarse como diácono.

"Para mí era una gran responsabilidad, porque hay que tener vocación. `Diaconía` quiere decir servicio, que se presta a los necesitados. Y bueno, empecé la formación".

En 1992, el entonces Arzobispo de Montevideo, José Gotardi, ordenó a Avelino como diácono permanente. "Yo ya estaba casado y con una hija", señala. "Y seguí trabajando en la parroquia, en la diócesis, en la comunidad, en todos los lugares donde se me necesitara. Participando y formándome, porque yo siempre digo que participar y trabajar te forma. Y uno va encontrando riqueza". Él está muy agradecido a la comunidad que lo ayudó cuando perdió a su esposa y luego a su hija. "La comunidad te anima a salir adelante. Lo peor es encerrarse en uno mismo", afirma.

CODO A CODO. Avelino vive en su propia casa, próxima a la parroquia El Salvador en la Gruta de Lourdes, donde trabaja.

"Monseñor Cotugno me ordenó sacerdote pero me dijo que me quedara en mi casa, que es lo que pedía siempre mi familia". Y Avelino está convencido de que la gente ve muy bien la presencia de un sacerdote en el barrio. "Hacemos los mandados juntos, compartimos lo que ocurre en el barrio, cómo es cada familia y las carencias que existen, porque estamos de vecino a vecino".

Dice que le gusta trabajar con los pobres, "un poco porque yo me formé en ese ámbito. Pero les exijo. Si tienen una mano para pedir, tienen la otra para dar".

Sobre sus expectativas, dice que seguirá poniendo su granito de arena en el "Reino de Dios", y que le gustaría que cada vez más gente integrara la comunidad "porque uno aprende compartiendo, que no se encierren en su casa con el mate y la televisión".

Perfil

Nombre:

Avelino Genaro

Nació en:

Cerro Largo

Edad:

78 años

Profesión:

Recientemente se ordenó de sacerdote

Otros datos:

Fue designado a colaborar con el Liceo Jubilar Juan Pablo II

El domingo era una fiesta

Cuando era niño, Avelino y sus seis hermanos iban todos los domingos a clase de catequesis. "Ese día era una fiesta. La clase duraba toda la tarde y en el recreo nos daban una tasa de leche y un boniato asado. Llegábamos al catecismo con las zapatillas en la mano, porque en aquel tiempo te compraban un par de alpargatas y te tenían que durar todo el año. Sólo eran para ir a la escuela y a la iglesia". Ahora cuenta que él siempre tuvo una vida ordenada, "porque en aquellos años te formaban muy ordenadito. En la primera misa que di el sábado 1°, dije `mamá me mandaba a la catequesis o a la escuela y me decía portate bien. Y ahora me estará mirando desde el cielo y diciendo: portate bien".

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