A los 28 años comenzó a luchar por seguir viva

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R. AGUIRRE

Llevaba una vida sin contratiempos cuando a los 28 años, sus dos riñones dejaron de funcionar. Al recibir el diagnóstico, lo primero que preguntó fue si podría tener hijos, y le respondieron que sí. Pero su vida cambió. Debió someterse a años de diálisis y dos trasplantes. En el primer trasplante, su madre le donó un riñón, en el segundo fue su "hermano del universo". En esta nota, Anabella relata su experiencia desde lo positivo, tal como la vive. Está convencida que gracias al amor y la contención, ahora puede proyectarse con libertad, y tener hijos.

Este 20 de febrero, Anabella Junger cumplió 41 años. Ese día, cuando se despertó, sabía que su agenda estaba completa. Había trabajado durante mucho tiempo en un proyecto que ese día se concretaba, y la fiesta de su cumpleaños la había organizado para esa noche en casa de su hermana. Los invitados llegarían a las 8. Todo estaba previsto, pero a las 7 de la tarde, cuando llegó a casa de su hermana, recibió una llamada que cambió sus planes. Era de un médico del equipo de trasplantes que le decía que fuera enseguida al sanatorio.

-"Doctor, yo no puedo ir porque es mi cumpleaños", respondió Anabella.

- "Tu calmate y venite para acá que te estamos esperando".

- "No me está entendiendo doctor, es mi cumpleaños y yo no puedo ir", insistió. "Me quedé en shock, pero fui".

Hasta ese momento, Anabella estaba en lista de espera para acceder a un trasplante de riñón. Desde hacía ocho años se hacía diálisis tres días por semana durante cuatro horas, luego que dejó de funcionar el riñón que le había donado su madre años atrás. Este era su segundo trasplante.

Los 28 años de Anabella marcaron un antes y un después en su vida. Fue entonces cuando se enteró que sus riñones no funcionaban. Viajó a Estados Unidos donde los médicos le dieron dos opciones: hacerse diálisis de por vida o un trasplante. Comenzó con diálisis y unos meses después se sometió a su primer trasplante en San Pablo. Su madre le donó un riñón.

"Ese riñón funcionó ocho años y me dio una buena calidad de vida, pero fue complicado desde el inicio porque se lastimó. Yo pienso que era el envase el que no estaba pronto, y el amor de madre hizo que durara mucho más de lo que el médico esperaba". Cuando ese riñón dejó de funcionar, Anabella volvió a hacerse diálisis hasta que recibió su segundo trasplante, seis años más tarde.

"Me costó un tiempo para decidirme a ingresar en la lista de espera. Mi hermano insistía en donarme un riñón pero yo no quería someter otra vez a un familiar. Finalmente ingresé en la lista y esperé, esperé, sintiendo que en algún momento iba a llegar pero no estaba pendiente de ese día".

Anabella es alta, fuerte, avasallante y llena de vida. Recuerda que cuando se enfermó, "tenía pánico porque hasta que no te toca de cerca lo asociás con muerte, pero vas cambiando y hoy lo asocio con vida, porque tengo un órgano que es de otro ser que me dio vida",

Ella asegura que nunca se preguntó "por qué me pasó a mí, al revés. Porque gracias a esto yo he vivido muchísimas cosas buenas". Reconoce que es una privilegiada por el apoyo incondicional de su familia y de sus amigos, y está convencida de que sobrevivió a su enfermedad en base a amor y contención. Cuenta que se armó un "equipo de vida". "Son mis ángeles que se me han ido cruzando: mi psicóloga, mi reflexólogo, mi peluquera, por ejemplo. Ellos me han ayudado a estar sana de alma, de fìsico y de cabeza. Yo creo en la fuerza del universo, creo en el amor, creo que mi padre que murió me manda su fuerza y su energía. Y un día por casualidad, a través del maestro Rolland, empecé a recibir la ayuda del Kabash, una sabiduría que viene del antiguo Egipto destinada a la superación del ser humano".

El día de su cumpleaños, luego de recibir la llamada del médico, Anabella llegó al sanatorio y dos horas más tarde entraba en el block quirúrgico. "Lo primero que pensé fue que había una familia que sufría y que por ese acto de generosidad yo estaba recibiendo vida". Ese riñón que le regaló su "hermano del universo", como ella llama a su donante, dice que le permite "proyectarme con otras ganas, con libertad. Ahora con mi pareja tenemos mil proyectos juntos, queremos tener hijos. No tengo palabras para agradecer, porque yo estoy así porque recibí amor por todos lados".

Perfil

Nombre:

Anabella

Junger

Nació en:

Montevideo

Edad:

41 años

Profesión:

Traductora y

RRPP

Otros datos:

Es gerente de

RRPP de

Sheraton

Montevideo Hotel

No todo es lo mismo

Mientras esperaba su segundo trasplante, Anabella se dialisaba tres veces por semana. "Con el desgaste natural, pero yo siempre me sentí bien. Había gente que salía desmayada en ambulancia; yo nunca. Me iba a casa a dar una ducha y me venía a trabajar. De pronto, trabajaba hasta las 3 de la mañana. Además, yo pienso que fui una privilegiada porque yo tenía mi remise esperándome, mi sopita caliente, el amor en el medio de todo eso. Porque conocí a Javier, mi pareja, que también me lo mandó mi papá que lo preparó todo este tiempo para que cuando llegara el momento de la operación, él ya me quisiera y me cuidara como me cuida. Es muy difícil entender, porque no todo es lo mismo".

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