CANELONES | PATRICIA MANGO
Una "cadena por la seguridad" a través de Internet que inició una mujer de Joanicó, que en tres oportunidades fue víctima de robos este año, viene sumando adherentes, quienes organizan una asamblea para la próxima semana.
A Adriana Bertaiola le desvalijaron su casa en pleno mediodía, llevándole incluso una computadora que había comprado hace 17 días y la que está pagando aún. El último robo, que desbordó su paciencia, ocurrió el 3 de octubre cuando le llevaron la moto que había estacionado frente a una mutualista de Canelones. Bertaiola dijo a El País que no tiene miedo y que pretende que su actitud sea imitada por otros. De hecho, en pocos días ya se han sumado a la iniciativa decenas de vecinos víctimas de robos, arrebatos y rapiñas. "Somos muchos más los honestos que los ladrones", comenta Bertaiola.
Su intención es hacer una asamblea para comenzar a tomar medidas y pasos para reclamar más seguridad. "Se pretende que no sea influida por la política", según aclaró a El País. Con ello no está descartando la presencia de actores políticos de "todos los partidos siempre y cuando vengan a sumar" y no a "hacer oposición contra alguien con un tema como éste".
En principio, pensó en una marcha reclamando seguridad, pero sus conocidos le sugirieron que convocara a través de la web, "en donde todo el mundo se engancha".
La idea también es que los ciudadanos asuman responsabilidades y trabajen para defenderse de la delincuencia. Por ejemplo, cuando a ella le robaron todo de su casa, "un vecino vio que entraba gente y no dijo nada".
en auto. Bertaiola vive en la zona rural de Joanicó a seis kilómetros de Ruta 5. El 30 de mayo estaba trabajando en un establecimiento rural y sus dos hijos adolescentes estaban en el liceo. Cuando llegaban a su casa, vieron un automóvil gris que salía llevándose todo, incluso la computadora recién comprada con mucho esfuerzo. "Hacía tiempo que deseábamos tener una computadora en casa pues por la distancia que nos encontramos del pueblo era una necesidad tenerla y además nuestros hijos no tuvieron la suerte de los escolares de ahora que tienen acceso a la informática", contó Bertaiola.
"Desde entonces, mis hijos viven con miedo", afirmó.
Ella, por su parte, adoptó una actitud más alerta que antes. "Este hurto nos causó gran desazón, tristeza e impotencia porque tuvimos que seguir pagando algo que ya no tenemos más y además saber que extraños estuvieron ahí, tocando nuestra ropa, en nuestro dormitorio, es una sensación inexplicable", consideró.
El viernes 3 de octubre, estaba en la mutualista local a la que había ido en su moto. En determinado momento alguien dijo: "¿Quién se habrá olvidado de los cascos?"
Salió y sólo encontró los cascos en el suelo. "¿Quién repara el daño material (pues es imposible pagar un seguro) y la parte psicológica quién la atiende?", se preguntó.
Bertaiola quiere que el Estado la escuche. A ella y todos los que han sido víctimas alguna vez.