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RODOLFO SIENRA ROOSEN
La que viene será una elección distinta, ante el peligro que significaría la continuidad del Frente Amplio en el poder. Es la voz de la patria la que advierte, como con su admirable elocuencia lo destacó Enrique Beltrán en su "Recodo" del 25 de octubre, integrado como parte de una prédica constante que no cedió nunca desde que -como la elegancia de su pluma lo describe- el Estado se transformó en "la Casa del Partido".
Beltrán siempre expuso su preocupación por las libertades públicas. Es sabido que muchos de los integrantes del gobierno acreditan credenciales totalitarias. Hay tupamaros. También tenemos, aunque parezca increíble, un Partido Comunista influyente. El mismo Presidente tiene caídas con apariencias de un gobernante supremo, como cuando ataca a periodistas -se dice y no nos extrañaría que fuera cierto que hay algunos vetados para ejercer su función-, a medios de prensa, cuando convoca a sus huestes para que salgan al cruce de la oposición que le canta las verdades, para que elogien la gestión de la izquierda. Argumenta que "los números del país están bien", al tiempo que Astori se vanagloria que "estamos mejor que en el 2005". ¿Pero cómo no va a haber mejorado la economía, si este gobierno gozó de las condiciones de coyuntura internacional más favorables que ha conocido el país probablemente en toda su historia? La pregunta que hay que hacerse no es esa, lo que hay que preguntarse es si a pesar de la bonanza que -afortunadamente- nos cayó de regalo, no podríamos estar mucho mejor, y la respuesta es afirmativa.
Porque el aumento del gasto público, aprovechando el maná del cielo y el sacrificio de los trabajadores que cargan con la cruz de su mérito laboral traducido en remuneraciones decorosas y sufren la amputación de sus ingresos -con destino al emparejamiento hacia abajo con los que no sólo no trabajan sino que tampoco quieren trabajar- es consecuencia de una mala administración de la riqueza que entró. Y de una reforma tributaria impuesta con sentido de odio y clasismo. Esto es y seguiría siendo demagogia pura.
Cuidado entonces con las segundas partes, porque si triunfara el continuismo, es para profundizar. El eslogan de "más izquierda", que levantan los tupamaros, está diciendo todo lo que se están proponiendo.
En medio de lo que será sin duda una batalla electoral muy severa, vuelve a rebrotar la tentación totalitaria con la idea del reeleccionismo que a nuestro entender el Presidente no quiere, pero que la deja correr, quizá para forzar el acuerdo de su fórmula favorita en el orden que quería, aunque ahora, al parecer, le comunicó a Astori que las condicionantes habían cambiado, dejándolo -dicen- que bastante descolocado.
Se corre la voz entre los reeleccionistas que "la derecha" -para ellos la oposición entera- le tiene miedo a la postulación de Vázquez. Pero aquí hay un opositor que se divertiría si esa iniciativa se concreta, porque sería la garantía para consolidar una derrota abrumadora del Frente y de un mal gobernante para el país.
Si quiere competir, que lo intente si lo dejan, porque sería inconstitucional, pero para ellos sólo una mancha más al tigre, y si se la ponen, se terminarían de una buena vez los tabúes y la preocupación por la incolumnidad de nuestra libertad.
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