¿Qué se pretende?

La decisión del Directorio del Partido Nacional de abandonar las negociaciones con el oficialismo para integrar el tribunal de Cuentas y la Corte Electoral era la única que le quedaba y correspondía, tras el escandaloso episodio de Pluna.

Como dijo el senador Larrañaga, presidente del Directorio, "el gobierno se desacata cada vez que el tribunal objeta la legalidad o conveniencia de un gasto suyo. Ha llegado al colmo de sospechar políticamente del Tribunal. Está caminando por un terreno de arbitrariedad y de soberbia".

Lo que el gobierno pretendía -y el Tribunal se negó- era que se aceptara lisa y llanamente como bueno todo lo actuado en la venta de Pluna. Que al Tribunal le pareciera macanudo que se hiciera sin ningún llamado a licitación (procedimiento elemental que asegura la transparencia del acto). Que considerara que era maravilloso que el Estado uruguayo (todos nosotros) le saliéramos de garantía a una empresa privada (parecería que no tienen otro u otros que estén en condiciones de asumir ese papel) para adquirir una buena cantidad de aviones, aparatos que no se caracterizan, precisamente, por ser baratos y menos cuando se pretende que sean buenos.

Y, lo más gracioso, es que los legisladores oficialistas ¡se enojaron porque el Tribunal observó éstos y otros aspectos del contrato!

Con estos antecedentes se hace muy difícil pensar que el oficialismo tiene buenas intenciones cuando reclama su mayoría en el órgano de contralor. Como que a uno le deja cierta sensación que lo que se pretende es terminar con ese dedo acusador de las irregularidades y apartamientos a las normativa legal y que el país se coma todos los sapos que le interesen al gobierno.

¿Y si esto es con el Tribunal de Cuentas, qué se pretende con la Corte Electoral, órgano supremo de las instancias electorales?

Quedaríamos más tranquilos si los integrantes de esta administración, por una vez, acataran las decisiones del Tribunal o reiteraran fundadamente el gasto. Pero buscar su descalificación invocando móviles políticos en un tema tan burdo como el de Pluna, no parece la conducta adecuada.

Recapaciten con humildad.

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