Montevideo duerme. No parece haber otra explicación posible para la parsimonia y falta de rebeldía de los habitantes de la capital, ante el nuevo expolio a sus bolsillos que han ejecutado en forma desembozada la administración comunal frenteamplista y el sindicato municipal Adeom. Y no es la primera vez.
La noticia del acuerdo, que recibió poca difusión para lo que ha sido uno de los conflictos gremiales más sangrientos de los que se tenga memoria, llegó tras largas semanas de negociación, durante las cuales los montevideanos tuvieron que soportar presiones, huelgas, acumulaciones de basura y otras afrentas varias. Sus cifras son escandalosas.
Se estima que el costo del acuerdo implicará a los montevideanos una erogación de unos 20 millones de dólares, a repartir entre los 8 mil funcionarios municipales. Además, como si fuera poco, la comuna asegura al gremio rebelde un ajuste que alcanza al 100% del Índice de Precios al Consumo, con lo cual los municipales se "blindan" (como se estila decir en estos tiempos de crisis) contra cualquier alza de la inflación.
A cambio de este envidiable paquete, los trabajadores se comprometen a no hacer reclamos, huelgas, ni juicios a la Intendencia, mientras ésta cumpla con todos los aspectos del acuerdo. Una ganga. Sobre todo teniendo en cuenta que se vienen tiempos electorales, y nada queda más feo para un gobierno progresista que tener a un grupo de sindicalistas radicales, recordándoles a cada rato su poca conciencia de clase.
Este detallecito es uno de los aspectos más indignantes del acuerdo. Más que nada porque refresca en los contribuyentes cual fue el origen de todo este conflicto. Se trata del acuerdo firmado en el 2001, por parte de la administración de Mariano Arana, en momentos en que el país y la región se encaminaban hacia una dramática crisis económica. Allí, y de pura casualidad también en momentos en que asomaba una campaña electoral, el desprendido jefe comunal acordó un pacto muy parecido con Adeom, donde también se daban pingües aumentos a los trabajadores, y se les prometía garantías similarmente irreales, las cuales al no haber podido ser cumplidas, generaron todo este conflicto que ahora explota en los bolsillos de los sufridos montevideanos.
Así es que a estos 20 millones que se compromete a pagar la actual administración frenteamplista, habría que sumar para tener una idea completa del asunto, los otros 40 que los eficientes muchachos de Adeom cobraron en 2006, a consecuencia de aquel regalo incumplido que les hizo Arana. Con lo cual llegamos a la hermosa y redonda cifra de 60 millones de dólares. Números que se dicen fácil, pero para que el contribuyente tenga una idea de lo que significa, alcanzarían para reparar a nuevo más de 650 calles de la ciudad, o dejar impecables unas 600 plazas. Ahora si a usted le interesa la colonización y el campo, con esa cifra podría adquirir nada menos que 10 estancias completamente pobladas en las zonas más fértiles del país. Una bicoca.
Casi tan insultantes como los números de este acuerdo, resultan las reacciones de los protagonistas. El intendente Ehrlich, con su habitual serenidad, afirmó que no habrá aumento de impuestos, ni se afectará el plan de obras, ni los servicios municipales. Hay que reconocerle a Ehrlich que todo este caos le fue heredado por sus queridos compañeros precedentes, los cuales en una demostración cabal de eficiencia progresista en el manejo de las cuentas públicas han ido acumulando déficit gestión tras gestión. Los 25 millones de Tabaré, que Arana dejó alegremente en 100 tras dos períodos. Por no mencionar los 15 millones de los casinos. Pero decir que un agujero de 20 millones de dólares no va a afectar en nada, es tener poco respeto por la inteligencia de los ciudadanos.
Peor fue lo del presidente del sindicato, Aníbal Varela, que sostuvo que 20 millones no es mucha plata, lo cual da una idea de que tan bien pagos están los conflictivos obreros municipales. ¿Y todo esto a cambio de qué? Montevideo es una de las ciudades más sucias del continente, con calles es estado lamentable, con servicios de transporte deficientes, una accidentalidad rampante, iluminación pública deprimente, y un cinturón de marginalidad donde reina la mugre y el abandono. ¿Es esto lo que estamos premiando con tanta generosidad? En algún momento Montevideo se tendrá que despertar.