Jerusalén | "Es una agresión terrorista. Lo hicieron a la luz del día. Esto significa que no fue un error, se hizo con determinación rotunda". Walid Mualem, ministro de Exteriores sirio, no suele emplearse con semejante contundencia. Se expresó así desde Londres para arremeter contra el ataque de soldados estadounidenses, procedentes desde Irak en helicópteros, en un pueblo sirio a ocho kilómetros de la frontera.
Ocho civiles murieron en el asalto, el primero de tropas norteamericanas en territorio sirio. El gobierno de Bagdad y el Pentágono acusan abiertamente a Damasco de permitir que insurgentes que luchan en Irak y terroristas de Al Qaeda acampen a sus anchas en suelo sirio.
El lenguaje rotundo de Mualem -y su advertencia de que en caso de otra agresión "defenderán su territorio"- es el habitual del régimen de Damasco, pero se trata con frecuencia de declaraciones para consumo interno. Israel ha atacado bases militares sirias en varias ocasiones y Damasco nunca ha lanzado una represalia directa. Menos en la coyuntura actual. El presidente Bachar el Asad, necesitado de apuntalar su régimen, desea romper el aislamiento internacional al que le somete EE.UU. desde 2004. Ésa es la prioridad.
Como ejemplos de esta apertura Mualem estaba ayer en Londres, como hace un mes, durante la Asamblea General de la ONU, se entrevistó con su colega de Washington, Condoleezza Rice.
En todo caso, el mensaje de EE.UU., y del gobierno iraquí, es nítido. Pretende que Damasco ejerza un control más férreo de su frontera con Irak.
"Las fuerzas de seguridad iraquíes y sus servicios de espionaje creen que miembros de Al Qaeda operan abiertamente en el lado sirio de la frontera", declaró la semana pasada a Reuters el general John Kelly, comandante del Ejército de Estados Unidos en el Oeste de Irak. Damasco desafió a Washington a que presente evidencias. el país de madrid