Rodolfo Sienra Roosen
El domingo pasado hablábamos del milagro alemán impulsado por la Economía Social de Mercado, la política que Erhardt puso en práctica, que abre las puertas a la presencia del Estado en el proceso económico cuando es necesaria para encauzarlo en beneficio colectivo, todo ello dentro del marco del capitalismo y del esquema liberal. Hoy vamos cerrar el concepto con el pensamiento de Nicolás Sarkozy y el de Enrique Iglesias expuesto, éste, en Búsqueda del 16 de octubre.
Coinciden en que la crisis de hoy es ante todo de confianza. Genera miedo, que es sufrimiento, que impide emprender, implicarse, que cierra espacio a los sueños y a proyectos de futuro. Y la confianza se gana diciendo la verdad a la gente, que sufrirá por un tiempo angustias, desempleo y deterioros salariales.
El mundo que siguió a la caída del Muro hizo pensar en el imperio de la libertad y la prosperidad. Pero los hechos demostraron que la creencia en la omnipotencia del mercado era descabellada, que la influencia de los bancos financiando al especulador y no al emprendedor fue nociva. Esa creencia no es la economía de mercado ni el capitalismo. La verdadera economía de mercado es la del mercado regulado, al servicio del desarrollo, de la comunidad, no es la ley de la jungla ni favorece beneficios exhorbitantes.
El capitalismo no es el corto plazo, sino la acumulación de capital y el crecimiento a largo plazo. No es la disolución de la propiedad privada, sino que es justamente su defensa, la afirmación de la responsabilidad individual, del compromiso personal, es una ética, es una moral institucional. Esta no es la crisis del sistema capitalista, sino la de traidores a su espíritu.
Es posible salir de ella como no lo sería en el socialismo real, que fracasó rotundamente en donde se le quiso imponer a la gente, dijo Sarkozy, que como Iglesias piensa que la autorregulación no es la solución, sino que se necesitará entrar en una nueva fase capitalista en donde la reglamentación traiga un nuevo equilibrio entre Estado y mercado.
En esa fase que se inaugura, Estados Unidos no sólo seguirá siendo la primera potencia mundial -sostiene Iglesias si bien admitiendo que tendrá una competencia comercial mucho más fuerte- sino que será el primero en salir de la crisis, por su psicología y, sus reacciones a lo adverso. Esa economía de mercado más reglamentada que anuncian los dos, abrirá una etapa de mayor presencia de políticas públicas. También coinciden en que no se puede llegar al grado de intervencionismo de años atrás.
La libre competencia, apunta Sarkozy, es un medio, no un fin en sí mismo, al tiempo que comunica su pleno acuerdo con la Canciller alemana para implantar esas medidas en Europa, en donde la intención es la de la renovación del sistema monetario mundial como ocurrió en Bretton Woods.
En conclusión, cuando el mercado se equivoca, o la competencia es ineficaz o desleal, el Estado debe intervenir, imponer reglas, invertir, tomar participaciones y -esto es fundamental- saber retirarse a tiempo cuando esa intervención deja de ser necesaria.
Basta pues de tonterías. Estamos ante el fin de una etapa, no de un sistema, el único compatible con la naturaleza del hombre, y fuente de prosperidad de los pueblos.